LECTURAS DE DOMINGO URIBEBOLSONARISMO: LOS CAMINOS DE LA MUERTE

La violencia como lugar común
Por José Vales
Cuando la política es inexistente o escasa, para intentar la solución
de los problemas circunstanciales o estructurales, la única vía que tiene un
Estado es la Justicia. Pero si el aparato judicial está cooptado o se
transforma en un órgano funcional al Ejecutivo, no habilitará soluciones. Ahora
si oficia como contrapoder, los que no tienen a la política como la herramienta
más útil sino como una escalera en el ascenso a ese poder, la ubicará como
oposición. Cualquier similitud con lo que viene pasando en Argentina, no es casualidad.
Siempre se necesita un opositor fácil y visible cuando se carece de una
organizada como tal.
Pero allá donde los tribunales ayudaron a definir una elección, como en Brasil, o en un país donde los jueces se demoran a la hora de interrogar a los sospechosos de la sistemática violación de los derechos humanos, tal el caso de Colombia, no debería extrañar que todo se dirima en balaceras, muertos, heridos y desaparecidos. Un balance escrito con sangre, como resultado indefectible del endiosamiento de las fuerzas del orden por parte de los que mandan en esos países.
Hacía el mismo lugar común
Jair Bolsonaro y Álvaro Uribe, llegaron allí donde están por caminos diferentes. Uno habla portugués, con tono cuartelero y el otro un castellano con marcado acento paisa. Ambos fueron devotos regionales de Donald Trump y sus discursos y sus fines parece apuntar exactamente hacía el mismo lugar común: La muerte.
Decenas de muertos y más de 540 desaparecidos, es el resultado de
11 días de protestas ininterrumpidas, contra el delegado uribista en el Palacio
de Nariño (sede del gobierno), Iván Duque. El jueves, la Policía Civil de Río
de Janeiro, perpetró la mayor matanza jamás vista en esa ciudad, una de las más
violentas del mundo. Veintiocho (entre ellos un policía) muertos durante un
operativo en la favela Jacarezinho, una de las más populosas de la periferia
carioca.
La Procuraduría General de la República (PGR) ya abrió una
investigación de oficio porque se habría violado una orden del Tribunal Supremo
de Justicia. Mientras que se acumulan las denuncias de los vecinos por
presuntas “ejecuciones de hombres desarmados o ya rendidos”, según recaban
medios locales en una zona donde el narcotráfico suele operar a sus anchas.
A penas las imágenes de la matanza comenzaron a dar la vuelta al
mundo, el vicepresidente brasileño, Hamilton Morau, se apresuró en afirmar que
los muertos “eran todos criminales”, lo que llevó a la Orden de los Abogados de
Brasil (OAB) a recabar testimonios entre los vecinos.
Con unas fuerzas de seguridad que ostentan el promedio de un muerto por arma de fuego cada 10 horas desde 1998, la del jueves es, para la especialista Seguridad Pública Melina Risso, “la demostración de que las autoridades no tienen la menor intención de ejercer el control del brazo armado del Estado, que es fundamental para la democracia”.
“Hay un discurso que viene de la presidencia mientras las
autoridades no quieren controlar a los policías, entonces el uso de la fuerza
letal es una regla y la sociedad desconfía de la policía”, explica Risso,
autora de “Virar o Jogo”(“voltear el
juego”), al ser entrevistada por el Canal Meio.
En Colombia, las protestas parecen lejos de llegar a su fin. Las imágenes de la Policía Nacional reprimiendo ferozmente las manifestaciones -que ya captaron el repudio de organismos y gobiernos internacionales-, se repiten, pero el gobierno se refugia del acoso social y el “jefe”, Uribe, ratifica todo lo dicho y lo actuado a quien quiera escucharlo.
Jair Bolsonaro y Álvaro Uribe, llegaron allí donde están por caminos diferentes. Uno habla portugués, con tono cuartelero y el otro un castellano con marcado acento paisa. Ambos fueron devotos regionales de Donald Trump y sus discursos y sus fines parece apuntar exactamente hacía el mismo lugar común: la muerte.
B
olsonaro y su relación con la muerte, la que llega por el COVID,
está sujeto a investigación en la Comisión Investigadora Parlamentaria (CPI)
donde se dirime el Impeachment. La vía
libre a la policía para matar sin ajustarse al reglamento, sería tarea de la
Justicia, si las matanzas impunes del pobrerío en las favelas brasileñas no fuera
moneda corriente y si los jueces no mirarán para otro lado, incluso ahora que,
tras una lectura exacta del mapa geopolítico, fueron los primeros que tomaron
distancia del errático presidente.
En cambio, el uribismo parece perdido en su propio laberinto de mala práxis, carencia de política,
autoritarismo y esa adicción a remediarlo todo
a los tiros. Ya se trate de falsos positivos (ejecuciones sumarias de civiles inocentes
para hacerlos pasar por guerrilleros) o de manifestantes que ven evaporarse su
futuro sin atenuantes.
mostrar lo que la prensa local calla y forzar definiciones que generen esos cambios estructurales, que la
elite política, no quiso y no supo generar. Y todo por padecer la misma adicción que el bolsonarismo,
por la violencia.