Domingo, 8 de Septiembre del 2024

"Perros y ´gatos´"

Todo es cuestión de “perros y ´gatos´”

Por José Vales

Hay formas y formas de vivir la devaluación de la democracia que se viene experimentando en todo
Occidente. Muestras de ello sobran. Solo basta con dirigir la mirada hacia los cuatro puntos cardinales y hallaremos
casos testigos por doquier. Aquí, en el vecindario, la dupla Nicolás Maduro-Diosdado Cabello ya decidió “adelantar
la Navidad” y entrar en la fase superior de la Revolución: el orteguismo explícito, cargándose de una vez el
 esqueleto institucional que sobrevivía a duras penas desde el 2014 hasta la fecha,  forzando la salida del país del
candidato opositor a la presidencia, Edmundo González .
            
            Es el caso venezolano, el más notorio por lo urgente. Allí, el totalitarismo es ahora, abiertamente, intolerable,
pero allende los mares, el sistema de gobierno que caracteriza a buena parte del mundo no parece gozar de
tan buena salud. 
         
            La Alternativa por Alemania, el último grito de la derecha extrema en las tierras de Goethe y Martin Bormann, viene de sumarse al club de los Le Pen, Viktor Orbán y Giorgia Meloni. Dato suficiente para preocupar al canciller, Olaf
Scholz, que ni siquiera evitó ocultarlo. 
           
            A primera vista, esa tendencia de cada vez más porciones del electorado inclinándose por opciones rupturistas para manifestar su descontento con las instituciones está y contemplada en los planes geopolíticos. Pero hay países —y nadie puede poner en tela de juicio su nivel de creatividad— que hacen uso de la inventiva para
que, a la hora de destruir la democracia, la cuestión sea más novedosa, más entretenida, más chafa, chimba, cutre,
mersa (y en todos los ismos posibles) a la hora de adjetivar la decadencia.
        
      La Justicia, con la inestimable ayuda de los aparatos de inteligencia (los oficiales y los otros), viene de develar la
conducta del expresidente Alberto Fernández durante sus cuatro años en el poder. No solo lo acusa de corrupción en
una millonaria trama de contratación de seguros en diversas áreas del Estado, sino también de violencia de
género contra su exesposa y ex primera dama Fabiola Yáñez.

 La ex primera dama con las evidencias del castigo que comprometen al expresidente
     
    
        A esas denuncias y al cúmulo de pruebas en su contra se suman fotos y videos de momentos íntimos del señor
Fernández con periodistas, actrices, modelos (de hecho, Yáñez es modelo y actriz), junto a testimonios de un
sinnúmero de amantes ocasionales. Algunos de esos videos y fotos fueron tomados en el mismísimo despacho
presidencial y de chateos constantes con mujeres a las que conocía por las redes.  Se trataba, presuntamente,  de una clase de mujeres a las que en el argot argentino se las conoce como “gatos”.  

Las evidencias que la Justicia va acumulando alcanzan para haber hundido a Fernández, otrora amigo de AMLO,
Lula & Cia, en un averno político sin parangón ninguno.

    Sabido es que al exprotegido de Cristina Kirchner le gustaban el rock y los perros. Su mascota, Dylan, tenía (y
tiene aún) una cuenta en Instagram, y la encargada de administrarla, Cecilia Hermoso, es señalada por Yáñez de
haber mantenido algún tipo de relación íntima con su ahora investigado exesposo.


Todo un culebrón, digno de un pésimo guion. Pero el amor por los perros es, también, una de las características
conocidas por su sucesor en el cargo, el presidente Javier Milei. Con él en la Quinta Presidencial residen sus tres
mascotas o “sus hijos de cuatro patas” como suele referirse a ellos, que ya le generó alguna polémica con la
prensa.  

    Desde poco antes de alcanzar la presidencia, mantuvo una relación sentimental con la humorista y actriz Fátima
Flórez y ahora, más recientemente, con la exmodelo Amalia “Yuyito” González, expareja de Guillermo
Coppola, el exmánager de Diego Maradona, a quien también se le suelen atribuir amoríos con el extinto
expresidente Carlos Menem. 

    O sea, otro “culebrón”, más discreto por el momento, pero acontece en medio de una crisis social y económica sin
precedentes en los últimos 25 años y de un descalabro político en el peronismo y entre los Libertarios oficialistas
también.

Amalia "Yuyito" González, la novia del presidente, Javier Milei
    

        Unos, sumidos en un desconcierto, fruto de la estrepitosa derrota electoral del año pasado y del cimbronazo que
provocó la conducta de Fernández. En frente, el oficialismo, enfrascado en una discusión sobre si los
condenados por violación a los derechos humanos durante la última dictadura militar (1976-1983) deben ser
indultados o no, entre otros asuntos.

        Mientras tanto, Milei y Cristina Kirchner no tienen empacho en abrir la negociación para permitir el acceso
del cuestionado juez Ariel Lijo a la Corte Suprema, con todo lo que ello implicaría. Eso en bambalinas. En escena
se traban en discusiones argumentales sobre el descalabro, al mejor estilo del dúo Pimpinela. 



La pobreza alcanza al 55% de la población.

        

        Lijo es un magistrado señalado por diversas organizaciones de demorar años diversas causas de
corrupción que tienen a exfuncionarios kirchneristas en la picota y en su posible llegada a la Corte, radica la rúbrica
de si, la administración Milei, cumplirá o no con sus promesas electorales.
 

        En el medio de todo ese berenjenal, una sociedad que hace de su pasividad un culto a la paciencia. Todo ante la
crisis que no cesa y recibiendo ciertos mensajes, que llegan desde el poder,  en evidencia de que las promesas
de cambio se perdieron entre los papeles de la campaña. Todo para seguir deteriorando todavía más los restos de la
democracia en un país donde los representantes del poder resaltan su pasión por los perros y por otros ejemplares
que, aunque no maúllen, cargan con motes tan arquetípicos como felinos.✔