OBSESIONES ARGENTINAS: Postales de la mediocridad

Si no lo copiamos no somos. Esa parece ser la premisa en un país que vive en una suerte de La Salada existencial. Se dirige el dedo inquisidor a los políticos, emergentes de una sociedad que todo lo imita, hasta convertirnos en una copia de mala calidad, enemigos de la diferenciación, de acuerdo con José Ingenieros. Todo hasta transformar la vida cotidiana en algo tan monótono como tener que ver "La guerra gaucha" todo los domingos por "Volver".
Postales de la mediocridad
Por José Vales
No terminaba de acomodarme en la barra
del café cuando uno de los clientes crónicos del lugar me muestra en la
pantalla de su teléfono la foto en cuestión. ¿Qué pensás al respecto? Como si
fuera tan fácil esbozar una opinión así porque sí. Justo en estas épocas en las
que todo es tan igualito, tan vacío, tan preestablecido. Si no sabés vos que
sos periodista… Me apuró. Cómo si hubiese periodistas que supieran…
En un lado de la pantalla, la imagen de Michelle Obama, desde la portada de su libro Becoming A la derecha, casi al pedir de los que por aquí practican la política vociferando consignas progresistas, la exgobernadora María Eugenia Vidal y su libro, Mi camino, de reciente aparición.
"Plagio”, gritó la partera a coro con
algunos analistas que ahí se frenaron. No ahondaron al respecto. Dieron vuelta la página. La rutina los tiene ocupados. Y gracias a don José Ingenieros
-que aportó algo más que su nombre para denominar un barrio del partido de 3 de
Febrero-, sabemos que “la rutina es el hábito de renunciar a pensar…”
Y entre un renunciamiento y otro —el de
Evita, en aquella gloriosa jornada de 1952, ahí mismo en la puerta de donde
supimos conseguir un vacunatorio VIP, y el de Fernando de la Rúa en 2001—, ya
nos fuimos acostumbrando a renunciar a tantas otras cosas. Una de ellas, a
pensar.
Por eso, y en tren de ser benévolo, no
con la exgobernadora, sino con el diseñador de la portada, pero también con el
editor y con el fotógrafo, respondí: “La argentinidad al palo…”.
—¿Y que tendrá que ver la argentinidad
con Michelle Obama? —inquirió el contertulio.
Como si Vidal no fuese oriunda de Morón
y nunca hubiese estado a punto de
copiarse en el examen de Educación Cívica en la secundaria.
La Salada non stop
Y es que los políticos no nacen de un
repollo. Son exponentes clásicos de una sociedad como la nuestra: copia de baja
calidad de un conglomerado de culturas que se fueron abriendo espacio, mientras
los que formatearon la Nación iban colocando de trinchera a los
afrodescendientes en la guerra del Paraguay y se lavaban las manos con sangre
de nativos durante aquellas expediciones a un codiciado desierto patagónico. Y
después preguntamos: ¿de dónde salimos tan genocidas algunos argentinos?
Somos sublimes inventores del
colectivo y la birome, desde nuestro primer día de clases. Lo que nos obligó a
grabar a fuego en nuestro refranero: “Mentime que me gusta…”.
Inventores exclusivos del dulce de
leche (arequipe, para los colombianos, manjar blanco para los peruanos,
fanguito para los cubanos y cajeta para los mexicanos) sin que, no ya los
andaluces –que, fieles a su idiosincrasia, se lo tomaron en chiste–, sino la
comunidad árabe, nos hayan declarado la Intifada.
A la herencia ítala de la pizza la hacemos
bien gordita y con muucchhhaaaa mozzarella. ¿O acaso este no es el país de la
abundancia? La pasta la cocinamos hasta que pegue como el engrudo y recién ahí
la consumimos. Eso hasta que un siglo y poco después llega un gil, lo envasa
con papel de novedad y te avisa que la pizza napolitana es finita y con poca
mozzarella y que la pasta, desde Marco Polo, la arrancó en Oriente se come al dente.
¿Te dije? Copia trucha no ya de Italia, de Nápoli, me repite mi amigo Tiziano
experto in Piccolas Italia´s come la nostra
"Plagio”, gritó la partera a coro con algunos analistas que ahí se frenaron. No ahondaron al respecto. Dieron vuelta la página. La rutina los tiene ocupados. Y gracias a don José Ingenieros -que aportó algo más que su nombre para denominar un barrio del partido de 3 de Febrero-, sabemos que “la rutina es el hábito de renunciar a pensar…”
Pero no sólo en la cocina mostramos la
hilacha los argentinos. Solemos consumir compulsivamente, a través de los
medios, datos históricos hilvanados por un plagiador serial de Billeken. No
podemos con nuestro genio. Lo copiamos todo, pero maalllll!!!!
Y después dirigimos nuestro dedo
inquisidor a dirigentes como Vidal porque su libro es una “inspiración”, No
sólo de la tapa de Miss Obama. Sino de los éxitos de otros colegas. Y todo sin
el más mínimo pudor. Con la misma filosofía que, en su momento, inundamos el
país de parripollos. Una vez se montó uno, que fue un éxito y abrimos 15.453,
tal como hicimos con las canchas de Paddle, en los albores democráticos del
galleguito de Chascomús que comía, se educaba, y se curaba con la
democracia.
Pobre. La democracia, digo. No alcanzó
para todo. Y con la devaluación y la corrupción como política de Estado se fue
transformando en una “demodesgracia” (ampliaremos).
Libros y más libros
No tuvimos un campeón mundial de Paddel
pero sí una dirigente que con buen timing, y aprovechando la crisis
editorial, presentó su experiencia en forma de libro. “Sinceramente” lo tituló.
No iban a pretender que lo fuera a titular “Conducción política”. No. Eso
hubiese sido un plagio vil y era de otros hombres y de otros tiempos. Además,
hoy por hoy, de política poco y nada. Más nada que poco.

Eternos rasgos de argentinidad: la copia y/o la imitación.
Incluso, algunos lectores desprevenidos
llegaron a creer que se trataba de una novela de esas del tipo de la muy
castiza Corín Tellado, pero no. Su autora es oriunda de Tolosa y expresidenta,
Cristina Fernández de Kirchner, y le ordenó a su ghostwriter que se fuera
directamente a los bifes.
El éxito de ventas fue tal que terminó
ganando las elecciones del 2019. Pero fue esa pasión nacional por la imitación,
por la copia, por ponerle quinoa hasta en el yogur una vez que, tarde, la
descubrimos. Esa devoción por encorsetar la creatividad y la originalidad en La
Salada conceptual que nos caracteriza, fue lo que llevó a que Mauricio Macri,
su sucesor en el cargo, presentara su propio libro: “Primer
Tiempo”.
Pero no sólo en la cocina mostramos la hilacha los argentinos. Solemos consumir compulsivamente, a través de los medios, datos históricos hilvanados por un plagiador serial de Billeken. No podemos con nuestro genio. Lo copiamos todo, pero maalllll!!!!
Cuando a Angela Merkel le avisaron del
nombre del libro del expresidente argentino, entendió por qué en su visita de
estado a Berlín, Macri le hablaba sólo de fútbol. Y es que no había mucho para
ahondar.
Y ahora María Eugenia. Retomando la senda
de los obsesivos votos de admiración por los Obama, como era de rigor en
aquellos días macristas, mientras desde la otra cara de la moneda política
nacional se apostaba, sinceramente, por Donald Trump. “Plástico” hubiese
cantado Rubén Blades, si en vez de venir de tierras torrijistas como Panamá,
viniese de las calles peronistas, que alguna vez llegaron a ser tan parecidas.
“Sorpresas te da la vida…”.
Ahora con Joe Biden, la cosa parece que
se va acomodando un poquito, al menos. Pero lo que nos interesa, la respuesta a
la pregunta de nuestro compañero de café, precisamente no la tenía yo; sino el
genio de Ingenieros, que no fue un invento del Club Atlético Almagro para poder
levantar allí su estadio. Fue un médico y sociólogo que inspiró la Reforma
Universitaria en 1914 y escribió entre otras perlitas “El hombre mediocre”.
“El
hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le
propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda
rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un
rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue
ciegamente…”
No sé si fue claro Ingenieros. Y ahí
vamos. Seguimos sin leerlo, sin lograr que su texto más mentado se convierta en
lectura obligatoria. En las escuelas y en las clases de catequismo de la patria
toda. Sólo así podríamos recuperar levemente la esperanza de dejar de aspirar a
la eternidad de La Salada. Deberíamos buscar a toda costa recuperar la
creatividad y el respeto por el/lo diferente, para volver a transformar el
debate en algo normal y de paso, alcanzar la paz social. Tal vez por allí,
encontraríamos alguna salida para poder ponernos a resguardo de esa
barrabravización social a la que nos fueron acostumbrando.
Porque ahí se halla uno de los varios trombos psicosociales que padecemos. Tanto en la calle, como en los despachos de los tres poderes, parece haberse abolido la originalidad. Y que se sepa, no hay decreto al respecto. Así y todo ya nos lo tiene advertido el autor de “La simulación en la lucha por la vida”: "Todos los enemigos de la diferenciación vienen a serlo del progreso; es natural, por ende, que consideren la originalidad como un defecto imperdonable".
Encuentro de autores.
Nos ayuda a entender, el padre de la
sociología argentina, el por qué vamos como vamos. Porqué la vida cotidiana en
Argentanga es como ver “La Guerra Gaucha” todos los domingos de tu vida por el
canal “Volver”. Y, para que esta deje de ser una oferta y se convierta en un
regalo, nos da la posibilidad de revisar por qué volvemos siempre sobre las
mismas frases hechas a repetir, hasta el hartazgo, los mismos errores.
Cuando a Angela Merkel le avisaron del nombre del libro del expresidente argentino, entendió por qué en su visita de estado a Berlín, Macri le hablaba sólo de fútbol. Y es que no había mucho para ahondar.
La diferenciación presidencial
Bien podría valorársele al presidente,
Alberto Fernández, un intento por superarse asimismo. Ya no volvió a copiar los
decretos del jefe de Gobierno español, Pedro Sánchez, casi al pie de la letra,
como en el abril pasado. Ahora volvió a bucear en abriles más lejanos en el
tiempo para comenzar a prohibir la circulación y asustar con “las fuerzas
federales”. Eso después del último fin de semana. Mientras la pandemia dizque
avanzaba a todo vapor, sin vacunas y sin economía ni curitas para poder
emparcharla, iba esbozando el decreto mientras se entretenía en Twitter, para advertirle al mundo que en
Brasil podrían reabrir las causas judiciales contra Lula da Silva…

Presidente Alberto Fernández.
Se trata de ser originales, no
obvios.
Por favor, un compañero que se lo
advierta. Pedro Cahn no sabe de estas cosas…
Por ese camino hubiese ido, más o
menos, mi respuesta al amigo del café. Pero ya saben ustedes cómo es esto.
Primero me hubiese acusado de “zurdo camporista” hasta que el de la punta de la
barra, de inmediato, hubiese participado de la charla para tildarme de
“macrista empedernido” y yo, que tan solo soy un modesto periodista que
colecciona algunas postales de la mediocridad, intentando explicar el porqué del parecido de la portada
del libro de Vidal con el de Miss Obama. Ahí no más, Don Guissuppe (perque e
nato in Italia), vino en mi auxilio para recordarme que: “En todos los tiempos y lugares el que expresa su
verdad en voz alta, como la cree, lealmente, causa inquietud entre los que
viven a la sombra de intereses creados…" .
Me mandé el
café de un sorbo y pagué antes de responder a modo de despedida con todo lo que
mi argentinidad me permitía decir: “Es lo que hay…”