PABLO CALVO: EL PERIODISMO DE LOS HOMBRES BUENOS.

PABLO CALVO PERIODISTA (6/5/1969 - 6/5/2021)
6 de mayo: Día de los buenos...
Por José Vales
Ciertas veces los periodistas atravesamos el difícil momento
de quedarnos sin palabras. Eso ocurre, cada vez que perdemos a un amigo. Pero
este amigo además de haberlo justificado con creces para serlo, pasó por esta
vida como uno de las personas más buenas que me haya tocado en suerte conocer. Y
justo en un ambiente donde los buenos son una especie en extinción.
La sonrisa bondadosa de Pablo Calvo se apagó anoche, 6
de mayo. El mismo día que hace 25 años yo había perdido a uno de los hombres
más buenos que he conocido hasta aquí: mi padre. Pero Pablo, que venía luchando
contra el conoravirus, desde hace semanas, cerró el círculo de su vida, al
mejor estilo de una de sus crónicas. El mismo día que cumplió 53 años.
Entonces sí. El 6 de mayo, debería instaurarse como el
“Día de los Buenos”. Porque no sólo ese día se van, también llegan.
Y Pablo había llegado un 6 de mayo del 68, con el Mayo francés y todo lo que irradió por el mundo. Eran vísperas de tiempos revueltos
en el sur del conurbano. Más precisamente en Sarandí. Un barrio ideal para que en
su niñez aprendiera a esquivar
tentaciones racinguistas y amargas. Más racinguistas que amargas según me
consta en el carnet de Racing, de un pablín,
niño, con el que me premió un día cualquiera y que guardo bajo siete candados.
Pero él, había llegado a este mundo para honrar el nombre del padre y dijo “San Lorenzo” poco después de aprender a decir mamá y así juró honrar a los de Boedo, con su pasión y su intelecto. Lógicamente, mantuvo la tradición en León, su hijo, que recoge ahora los estandartes, como supo mantener la tradición del buen periodismo.Ya sabemos por Ryszard Kapuscinski que los cínicos no sirven para este oficio. Por eso Pablo, puso al servicio dela profesión su franqueza, su humildad y su sinceridad, para llevar sus inolvidables crónicas al corazón. Allí donde llegan sólo los elegidos.
Entonces sí. El 6 de mayo, debería instaurarse como el “Día de los Buenos”. Porque no sólo ese día se van, también llegan.
Nos habíamos conocido
en 1989. El acaba de terminar el servicio militar y era su primer viaje fuera
de Buenos Aires, para una de sus primeras coberturas en la Agencia Dyn, A La
Rioja, donde Carlos Menem, volvía en visita oficial por primera vez desde que había
asumido la presidencia el 8 de julio de ese año. Yo era el enviado de Telam y
Sergio Gendler estaba por NA.
Desde ese día fuimos colegas.
Poco después, compartimos la redacción en Dyn y ya éramos, amigos. Una relación
que se profundizó cuando compartimos la
redacción vespertina de La Razón, donde apareció otro racinguista inseparable,
Marcelo Aprea, para poder desnivelar tanto fervor cuervo, en múltiples almuerzos,
cenas y charlas de café. Que es donde se cultiva lo que realmente importa.
Con los años, Pablo fue dando muestras de lo que se podía hacer con el talento periodístico y su don de gente, ese que venía de su casa en Sarandí. Forzó esas virtudes al extremo. Fue tan bueno en los suyo como tan buen tipo en la vida, que cuando fue a entrevistar al padre de una víctima de Cromagnon y vio que el hombre no había tenido la oportunidad de leer ni escribir, no lo dudó. La historia tenía que publicarse perfecta y entonces, él, se inscribió en un curso de alfabetizador y no paró hasta que el señor le escribiera la carta a su hija. Para dejar sentado, de una vez y para siempre, que si sos bueno, sos mejor...periodista.

Pablo Calvo, Su muerte nos deja sin palabras pero con una ardua tarea por delante...
Me fui y regresé del
país, más de una vez. Lejos o más cerca, siempre anduve con la convicción de
que los que nos sentábamos a esa mesa, siempre venían conmigo.
Cargaba como estampitas
escondidas en los libros del alma las imágenes de mi despedida en "El
Puentecito", como cada uno de los momentos que ahora vienen envasados en
recuerdos pero no en palabras. Porque ya saben. Estoy en pleno tránsito de ese
síndrome que suele afectar a los periodistas en estos casos…
Llevábamos días haciendo fuerza con nada. Que era todo
lo que teníamos para sacarlo de Terapia. Tiempo escaso para estar preparados
cuando nos avisan lo que no queríamos que nos avisen. Ahora sí tenemos una
tarea, aquellos a los que nos colocó, de una vez y para siempre, la cucarda de
su amistad. Cargamos con la ardua e inmensa tarea de mantenerlo vivo, a como dé
lugar.
Haciendo que sus textos se lean allí donde importan, en los que luchan
como lucho él para llegar a cumplir sus sueños o darle una batalla homérica y
desigual al virus.
Y, principalmente, llevando como aquellos discípulos de la
última cena, su eterna sonrisa de buen tipo y su ejemplo de que para ser un
buen periodista hay que ser buen tipo… Y como quedó demostrado una vez más, los
buenos tipos llegan y se van siempre un 6 de mayo.