Sábado, 1 de Mayo del 2021

LECTURAS DE DOMINGO: TODAS LAS VIDAS DE LA PRENSA



Periodismo y/o muerte...

Por José Vales 


Periodistas asesinados en un número cada vez mayor. El poder, en sus diferentes forman que acosa y persigue a los hombres de prensa, cuando no intenta reducirlos a la mera condición de vallas humanas de publicidad. Todo en medio de una metamorfosis guiada por la revolución tecnológica y la crisis del sector. Nada de eso logra acabar con los que creen que el periodismo es un servicio público y tiene los anticuerpos necesarios para proteger a la democracia de este pandemónium.

Es posible que a algunos esquemas del poder, la consigna les resulte familiar. Por lo pronto cercana. Para completarla le falta el venceremos. Pero donde no hay guerra no hay vencedores ni vencidos. Donde hay persecución, siempre se acumulan las víctimas del mismo lado. El de los justos o los que solo están armados no para matar a nadie. Sino para encontrar la verdad, limitar los excesos de poder y bucear allí donde no llega casi nadie. O sea, los periodistas.

Sin periodistas no hay periodismo y este atraviesa una crisis desde hace décadas. La revolución tecnológica, la era digital, así lo impone y genera la metamorfosis. Pero mientras haya desigualdad, violencia, corrupción, o sea, mientras haya mundo, habrá periodistas.

Están los que matan periodistas y los que matan al periodismo. Primera disección. También se reproducen los que persiguen a los medios y los que cooptan a algunos medios desde las altas esferas del poder económico o político. No pocas veces, en esa dinámica ejercen más de un rol.

 

Los muertos que vos matáis...


Mientras nos esforzamos en cubrir el nuevo “deporte” global de contar muertos por coronavirus, hay otra competencia sangrienta en distintas partes del globo. El incremento de periodistas asesinados. Ya sea en conflictos armados, a manos del narcotráfico, bandas delictivas de todo calibre o por obra de paramilitarismos de todo tipo y color. Los últimos dos, fueron los españoles David Beriain y Roberto Fraile, quienes realizaban un documental sobre casa furtiva en Burkina Faso y la patrulla con la que viajaban fue atacada en la región de Pama. Con ellos, en lo que va del año, suman cinco los trabajadores de prensa muertos durante su faena, según el Comité de Protección de Periodistas (Comitee to Protect Journalists), que en el 2020 registró 32 muertes violentas de periodistas (video. presione la siguiente foto) y 1402, desde 1992. Mientras que 273 fueron detenidos y 66 permanecen desaparecidos.

David Beriain y Roberto Fraile. Los documentalistas asesinados en Burkina Faso.David Beriain y Roberto Fraile. Los documentalistas asesinados en Burkina Faso. Presione en la foto para ir a video 

En América Latina, México, Colombia y Honduras, incrementan su luctuosa lista de periodistas asesinados. Aunque no son los únicos países donde ejercer el periodismo reviste mayores riesgos que los normales.

Las presiones ejercidas desde el poder, contra hombres y mujeres de prensa o medios independientes, no difiere ni por la ideología ni por las alianzas internacionales de los gobiernos. En Nicaragua y el Salvador, en Brasil o en México, en Venezuela o en Ecuador, las denuncias de presiones sobre periodistas de investigación o analistas que o son críticos o intentan mantener cierta equidistancia en el debate político local. En todos los casos los mecanismos se repiten. Persecución, espionaje, difamaciones personales o represalias de tipo económico y publicitario si se trata de empresas del rubro. A esa conclusión arribaron ayer un grupo de periodistas latinoamericanos que participó del decimocuarto Simposio de Periodismo Iberoamericano, organizado por la Universidad de Texas y the Knight Center for Journalism in the Americas.




Los periodistas de la grieta reducidos a vallas humanas de publicidad


Ese es el contexto que prima en buena parte de la región para la práctica del periodismo. Si bien es un flagelo que viene de años, lo que se observa por la aparición de nuevos medios digitales y la cantidad de nuevos periodistas que se abren paso para cumplir con el canon de la prensa, se puede graficar con el dramaturgo Pierre Corneille (1606-1684), en su obra Le menteur (El mentiroso): “los muertos que vos matáis, gozan de buena salud…”


¿Y por casa, cómo andamos?

 

Hasta aquí, los que matan periodistas y acosan o amenazan a la profesión. Pero están los que matan sin reparon.  Políticos, empresarios, ostentadores circunstanciales o permanentes de una cuota de poder que buscan su extinción o bien, su reducción a la mínima expresión. La excusa es la grieta y los medios que se embanderan a favor o en contra del gobierno de turno, devaluando a su plantilla de trabajadores de prensa a meras vallas humanas de publicidad. Como esos hombres y mujeres que se cuelgan los carteles al estilo de una ruana vendiendo un producto. Cuando no, el autoproclamado “periodismo militante…”. Una vertiente que no sabe cómo se come, pero si se conoce como, sus cultores, comen…

Oriana Fallaci entrevistando en Libia a Muamar KadafiOriana Fallaci, en Libia, durante la entrevista con Muammar Kadhafi. Presione en la foto para ir a la histórica entrevista de la italiana al dictador Galtieri

Es casi seguro que muchos de los que lo ejercen, “el periodismo militante” que no es lo mismo que la militancia periodística, no conozcan ni por asomo a un mito del periodismo, la italiana Oriana Fallaci (1929-2016).

Fallaci, partisana contra el fascismo durante su adolescencia junto a su padre socialista, ejercía el periodismo “siempre frente al poder y nunca al lado del poder”, para no contaminarse. Respetando ese precepto deontológico (de la militancia periodística), construyó una de las carreras más brillantes que se tenga recuerdo.

En Argentina es recordada por la entrevista que le realizara al dictador Leopoldo Fortunato Galtieri, a comienzos de junio de 1982, días antes de la caída de Puerto Argentino (link presionando la foto anterior). La memoria guarda aquella entrevista y el haber dejado de regalo aquello de que “los argentinos tienen un enano fascista dentro…” Ya va siendo hora que se lo elabore. O bien en la sesión de psicoanálisis o en el bar a la hora del café…



Sin periodistas no hay periodismo y este atraviesa una crisis desde hace décadas. La revolución tecnológica, la era digital, así lo impone y genera la metamorfosis. Pero mientras haya desigualdad, violencia, corrupción, o sea, mientras haya mundo, habrá periodistas.



Como si fuera poco, no faltaron por aquí, los seguimientos de inteligencia a cronistas y redactores de periódicos. Hasta donde se sabe en tiempos del gobierno de Mauricio Macri (2015-2019), cuando se vigilaba hasta los propios funcionarios. Así lo determinó en su informe, la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia,

En un medio como el nuestro, donde el periodismo, que más se consume, lo ejercen –salvo honrosas excepciones- los relatores de fútbol, observar que hay columnistas renombrados reduciendo una entrevista a  la ex gobernadora María Eugenia Vidal a una charla de peluquería, o a profesionales dando por “muertos” a Carlos Griguol y a Jorge “Cacho” Fontana, casi a la misma hora, el pasado 26 de abril, obliga a una profunda reflexión. ¿Se trata de un nuevo género periodístico, inspirado en algún tipo de sicariato, que actúan por encargo y obligados por la pauta o por el raiting? ¿O es que es verdad, que la degradación que afecta a las instituciones repercute de lleno en el periodismo?

Carlos Timoteo Griguol y Jorge "Cacho" Fontana. La prensa los dio por muertos erróneamente. "Con vida los queremos..."


Pero a dejar la vanidad de lado. En esto de la crisis del periodismo, somos tan solo un caso más y no “los más grandes…” como se suele ostentar por estas tierras.

En medio de tanto mensajero muerto, y con semejante ola de atentados al periodismo como profesión, la única víctima ahí es, y será siempre, la sociedad. Sin embargo, todavía abundan los que creen que no es vano. Que sigue siendo un servicio público, mal que les pese a muchos y que el periodismo, ejercido a conciencia, es la vacuna a la mano para salvar a la democracia de tamaño pandemónium.

Entonces sí, para los que atentan contra él puedan entenderlo en esa jerga que suelen repetir por osmosis y, la más de las veces, sin sentirlo: “periodismo o muerte… venceremos…”