LECTURAS DE DOMINGO: TODAS LAS VIDAS DE LA PRENSA

Periodismo y/o muerte...
Por José Vales
Periodistas asesinados en un número cada vez mayor. El poder, en sus diferentes forman que acosa y persigue a los hombres de prensa, cuando no intenta reducirlos a la mera condición de vallas humanas de publicidad. Todo en medio de una metamorfosis guiada por la revolución tecnológica y la crisis del sector. Nada de eso logra acabar con los que creen que el periodismo es un servicio público y tiene los anticuerpos necesarios para proteger a la democracia de este pandemónium.
Es posible
que a algunos esquemas del poder, la consigna les resulte familiar. Por lo
pronto cercana. Para completarla le falta el venceremos. Pero donde no hay
guerra no hay vencedores ni vencidos. Donde hay persecución, siempre se
acumulan las víctimas del mismo lado. El de los justos o los que solo están
armados no para matar a nadie. Sino para encontrar la verdad, limitar los
excesos de poder y bucear allí donde no llega casi nadie. O sea, los
periodistas.
Sin
periodistas no hay periodismo y este atraviesa una crisis desde hace décadas.
La revolución tecnológica, la era digital, así lo impone y genera la
metamorfosis. Pero mientras haya desigualdad, violencia, corrupción, o sea,
mientras haya mundo, habrá periodistas.
Están los
que matan periodistas y los que matan al periodismo. Primera disección. También
se reproducen los que persiguen a los medios y los que cooptan a algunos medios
desde las altas esferas del poder económico o político. No pocas veces, en esa
dinámica ejercen más de un rol.
Los muertos
que vos matáis...
Mientras nos
esforzamos en cubrir el nuevo “deporte” global de contar muertos por
coronavirus, hay otra competencia sangrienta en distintas partes del globo. El
incremento de periodistas asesinados. Ya sea en conflictos armados, a manos del
narcotráfico, bandas delictivas de todo calibre o por obra de paramilitarismos
de todo tipo y color. Los últimos dos, fueron los españoles David Beriain y Roberto
Fraile, quienes realizaban un documental sobre casa furtiva en Burkina Faso y
la patrulla con la que viajaban fue atacada en la región de Pama. Con ellos, en
lo que va del año, suman cinco los trabajadores de prensa muertos durante su
faena, según el Comité de Protección de Periodistas (Comitee to Protect
Journalists), que en el 2020 registró 32 muertes violentas de periodistas (video. presione la siguiente foto) y
1402, desde 1992. Mientras que 273 fueron detenidos y 66 permanecen
desaparecidos.
David Beriain y Roberto Fraile. Los documentalistas asesinados en Burkina Faso.
David Beriain y Roberto Fraile. Los documentalistas asesinados en Burkina Faso. Presione en la foto para ir a video
En América
Latina, México, Colombia y Honduras, incrementan su luctuosa lista de
periodistas asesinados. Aunque no son los únicos países donde ejercer el
periodismo reviste mayores riesgos que los normales.
Las
presiones ejercidas desde el poder, contra hombres y mujeres de prensa o medios
independientes, no difiere ni por la ideología ni por las alianzas internacionales
de los gobiernos. En Nicaragua y el Salvador, en Brasil o en México, en
Venezuela o en Ecuador, las denuncias de presiones sobre periodistas de
investigación o analistas que o son críticos o intentan mantener cierta
equidistancia en el debate político local. En todos los casos los mecanismos se
repiten. Persecución, espionaje, difamaciones personales o represalias de tipo
económico y publicitario si se trata de empresas del rubro. A esa conclusión
arribaron ayer un grupo de periodistas latinoamericanos que participó del decimocuarto
Simposio de Periodismo Iberoamericano, organizado por la Universidad de Texas y
the Knight Center for Journalism in the
Americas.

Los periodistas de la grieta reducidos a vallas humanas de publicidad
Ese es el
contexto que prima en buena parte de la región para la práctica del periodismo.
Si bien es un flagelo que viene de años, lo que se observa por la aparición de nuevos
medios digitales y la cantidad de nuevos periodistas que se abren paso para cumplir
con el canon de la prensa, se puede graficar con el dramaturgo Pierre Corneille
(1606-1684), en su obra Le menteur (El
mentiroso): “los muertos que vos matáis, gozan de buena salud…”
¿Y por casa,
cómo andamos?
Hasta aquí,
los que matan periodistas y acosan o amenazan a la profesión. Pero están los
que matan sin reparon. Políticos,
empresarios, ostentadores circunstanciales o permanentes de una cuota de poder
que buscan su extinción o bien, su reducción a la mínima expresión. La excusa
es la grieta y los medios que se embanderan a favor o en contra del gobierno de
turno, devaluando a su plantilla de trabajadores de prensa a meras vallas humanas de publicidad. Como esos hombres y mujeres que se cuelgan los carteles al
estilo de una ruana vendiendo un producto. Cuando no, el autoproclamado “periodismo
militante…”. Una vertiente que no sabe cómo se come, pero si se conoce como,
sus cultores, comen…
Oriana Fallaci entrevistando en Libia a Muamar Kadafi
Oriana Fallaci, en Libia, durante la entrevista con Muammar Kadhafi. Presione en la foto para ir a la histórica entrevista de la italiana al dictador Galtieri
Es casi
seguro que muchos de los que lo ejercen, “el periodismo militante” que no es lo
mismo que la militancia periodística, no conozcan ni por asomo a un mito del
periodismo, la italiana Oriana Fallaci (1929-2016).
Fallaci,
partisana contra el fascismo durante su adolescencia junto a su padre
socialista, ejercía el periodismo “siempre frente al poder y nunca al lado del
poder”, para no contaminarse. Respetando ese precepto deontológico (de la
militancia periodística), construyó una de las carreras más brillantes que se
tenga recuerdo.
En Argentina
es recordada por la entrevista que le realizara al dictador Leopoldo Fortunato
Galtieri, a comienzos de junio de 1982, días antes de la caída de Puerto
Argentino (link presionando la foto anterior). La memoria guarda aquella entrevista y el haber dejado de regalo
aquello de que “los argentinos tienen un enano fascista dentro…” Ya va siendo
hora que se lo elabore. O bien en la sesión de psicoanálisis o en el bar a la
hora del café…
Sin periodistas no hay periodismo y este atraviesa una crisis desde hace décadas. La revolución tecnológica, la era digital, así lo impone y genera la metamorfosis. Pero mientras haya desigualdad, violencia, corrupción, o sea, mientras haya mundo, habrá periodistas.
Como si
fuera poco, no faltaron por aquí, los seguimientos de inteligencia a cronistas
y redactores de periódicos. Hasta donde se sabe en tiempos del gobierno de
Mauricio Macri (2015-2019), cuando se vigilaba hasta los propios funcionarios.
Así lo determinó en su informe, la Comisión Bicameral de Fiscalización de los
Organismos y Actividades de Inteligencia,
En un medio
como el nuestro, donde el periodismo, que más se consume, lo ejercen –salvo honrosas
excepciones- los relatores de fútbol, observar que hay columnistas renombrados reduciendo
una entrevista a la ex gobernadora María
Eugenia Vidal a una charla de peluquería, o a profesionales dando por “muertos”
a Carlos Griguol y a Jorge “Cacho” Fontana, casi a la misma hora, el pasado 26
de abril, obliga a una profunda reflexión. ¿Se trata de un nuevo género
periodístico, inspirado en algún tipo de sicariato, que actúan por encargo y
obligados por la pauta o por el raiting?
¿O es que es verdad, que la degradación que afecta a las instituciones
repercute de lleno en el periodismo?
Carlos Timoteo Griguol y Jorge "Cacho" Fontana. La prensa los dio por muertos erróneamente. "Con vida los queremos..."
Pero a dejar
la vanidad de lado. En esto de la crisis del periodismo, somos tan solo un caso
más y no “los más grandes…” como se suele ostentar por estas tierras.
En medio de
tanto mensajero muerto, y con semejante ola de atentados al periodismo como
profesión, la única víctima ahí es, y será siempre, la sociedad. Sin embargo,
todavía abundan los que creen que no es vano. Que sigue siendo un servicio
público, mal que les pese a muchos y que el periodismo, ejercido a conciencia,
es la vacuna a la mano para salvar a la democracia de tamaño pandemónium.
Entonces sí,
para los que atentan contra él puedan entenderlo en esa jerga que suelen
repetir por osmosis y, la más de las veces, sin sentirlo: “periodismo o muerte…
venceremos…”