LASSO PRESIDENTE DE ECUADOR. Correa seguirá "anclado" en Bruselas

El conservador Guillermo Lasso gana las elecciones
Por José Vales
En los papeles aparecía como el candidato ideal
para los planes de volver a hacerse del poder para el ex presidente Rafael
Correa. Pero los votos hay que contarlos y los heridos votan. Y los heridos
políticos que dejó el correismo desde que llegará al poder en el 2007 fueron
más de los que se creían y así, este banquero conservador de 65 años, se
proclamó ayer como el nuevo presidente del Ecuador, al vencer al correista
Andrés Arauz con más de 52 por ciento de los votos.
En su tercer intento por llegar al Palacio de
Carondelet, Lasso al frente de su Movimiento CREO, tuvo que trabajar su triunfo
más de la cuenta. En la primera vuelta arañó un puñado de votos más que el
candidato indígena, Yaku Pérez y arrancó bien de atrás de Arauz (47,59 por
ciento). Pero los cambios en su campaña, el hartazgo social por una crisis
económica que no encuentra el fin, la cada vez más difícil situación pandémica
y los excesos del correismo hicieron el resto.
Arauz, ex ministro de Conocimiento y Talento Humano
durante la gestión de Correa, aparecía como la llave para que Correa,
autoexiliado en Bruselas y condenado a ocho de años de cárcel por corrupción,
pudiese obtener el indulto y regresar al país para continuar con la tradición
regional de intentar gobernar a través de un delegado.
Mientras se espera que se complete el escrutinio,
Lasso, deberá ir moviendo las fichas para una vez en el poder, tratar de
reparar la profunda crisis económica que heredará de la administración de Lenin
Moreno, y hacer frente a la pandemia que tiene contra las cuerdas al país
Accionista mayoritario del Banco Guayaquil y
miembro del Opus Dei, Lasso recupera para el conservadurismo ecuatoriano el
poder, ausente en la toma de las grandes decisiones desde los tiempos de Jamil
Mahuad (1998-2000) cuando el hoy presidente electo fungió como ministro de
Economía y gobernador de Guayas.
Con un sociedad absolutamente dividida, polarizada
y hastiada de la carencia de política, la derrota del correismo aparece como
una oportunidad para calmar el hostigamiento a opositores y a periodistas, que caracterizó
el debate público ecuatoriano en los últimos años.