Domingo, 11 de Abril del 2021

LASSO PRESIDENTE DE ECUADOR. Correa seguirá "anclado" en Bruselas



El conservador Guillermo Lasso gana las elecciones 

Por José Vales 


En los papeles aparecía como el candidato ideal para los planes de volver a hacerse del poder para el ex presidente Rafael Correa. Pero los votos hay que contarlos y los heridos votan. Y los heridos políticos que dejó el correismo desde que llegará al poder en el 2007 fueron más de los que se creían y así, este banquero conservador de 65 años, se proclamó ayer como el nuevo presidente del Ecuador, al vencer al correista Andrés Arauz con más de 52 por ciento de los votos.


En su tercer intento por llegar al Palacio de Carondelet, Lasso al frente de su Movimiento CREO, tuvo que trabajar su triunfo más de la cuenta. En la primera vuelta arañó un puñado de votos más que el candidato indígena, Yaku Pérez y arrancó bien de atrás de Arauz (47,59 por ciento). Pero los cambios en su campaña, el hartazgo social por una crisis económica que no encuentra el fin, la cada vez más difícil situación pandémica y los excesos del correismo hicieron el resto.

Arauz, ex ministro de Conocimiento y Talento Humano durante la gestión de Correa, aparecía como la llave para que Correa, autoexiliado en Bruselas y condenado a ocho de años de cárcel por corrupción, pudiese obtener el indulto y regresar al país para continuar con la tradición regional de intentar gobernar a través de un delegado.

Mientras se espera que se complete el escrutinio, Lasso, deberá ir moviendo las fichas para una vez en el poder, tratar de reparar la profunda crisis económica que heredará de la administración de Lenin Moreno, y hacer frente a la pandemia que tiene contra las cuerdas al país

Accionista mayoritario del Banco Guayaquil y miembro del Opus Dei, Lasso recupera para el conservadurismo ecuatoriano el poder, ausente en la toma de las grandes decisiones desde los tiempos de Jamil Mahuad (1998-2000) cuando el hoy presidente electo fungió como ministro de Economía y gobernador de Guayas.

Con un sociedad absolutamente dividida, polarizada y hastiada de la carencia de política, la derrota del correismo aparece como una oportunidad para calmar el hostigamiento a opositores y a periodistas, que caracterizó el debate público ecuatoriano en los últimos años.