LA PATRIA DIEZMADA

La reincidencia de CFK
Por José Vales
“Ni el tiro del final te va a salir”, dice la letra del o
tango desencuentro, casi el himno nacional de facto de un país que no encuentra
el rumbo. Al parecer a ella, tampoco le salió. Tamaño fracaso necesitaba un desenlace
un poco más digno, hasta más melodramático, si le gusta, pero eso de morir con
las botas puestas denota una cuota de mediocridad, cuando no dispara otro tipo
de calificativos hacia su persona.
El final político de Cristina Kirchner se venía vislumbrando desde hace un tiempo. Tuvo el espacio necesario para ordenar el pase a retiro. Sin embargo, fue avanzando a tientas entre un operativo clamor y la fábula de que fuera el tiempo de un representante de “la generación diezmada”, para luego abrirle las puertas, de par en par, al mejor exponente actual de “la patria diezmada”. Encantos de la expresidenta, con los que ya tiene acostumbrados a los argentinos.
La idiosincrasia ideológica de la actual vicepresidenta
no lo vislumbra el que no quiere. Es muy fácil, ella siempre sale por la
derecha. Lo hizo en el 2015, cuando designó, a dedazo batiente, a Daniel
Scioli, con tanto voto negativo como el jefe de la oposición Mauricio Macri.
Fungió, entonces, como una virtual “jefa de campaña” de su sucesor. Ni más ni
menos.
Las consecuencias de todo aquello quedaron de manifiesto
enseguida. En el 2019, le alcanzó con un tuit para que su dedo se posara en la
cabeza de Alberto Fernández. Ahí, a la vista, están los resultados. El peor gobierno
de la era democrática y ahora, cuando abusó de las señales en contrario, terminó
por designar a Sergio Massa, el actual ministro de Economía del 114 % de inflación.
Toda una obviedad, si se repasa, su historia, para sellar el final de partida, para la viuda expresidenta.
Ho
Horacio Rodríguez Larreta y Mauricio Macri: Los amigos de Massa
Se había remarcado en reiteradas ocasiones desde este
espacio. Con lo cual, vale aquel refrán del que “avisa no traiciona…”, para
definir este momento.
Aquellos que se empeñaron en ver en el kirchnerismo a una
estructura local del progresismo, de la izquierda o el vehículo para una
revolución que no fue ni será, tuvieron, en la noche del viernes, la respuesta
definitiva a más de dos décadas de debates estériles y una grieta que, por
momentos, parece insuperable. Otra muestra palpable que las convicciones kirchneristas
no pasan por ideología alguna, sino por el poder y todo lo que ello conlleva.
Y es que la vicepresidenta viene de claudicar ante el Círculo Rojo (empresarios y el poder económico), dejando colgados a los que sí estaban dispuestos a morir, con las botas puestas (buena parte de su militancia) para ungir al político erigido en representante de ese grupo de poder y con los mejores contactos en el departamento de Estado, Massa.
Una decisión que no da para sentirse engañado. Era esperable si se tiene en cuenta que ELLA, amén de sus grandes dotes actorales, no es más que una digna representante de ese conservadurismo de provincias, que también supo germinar en el seno del peronismo, desde los tiempos mismos del general. El problema era de aquellos que no lo quisieron ver con anterioridad. Ahora está a la vista: decidió morir con las botas puestas.
Desde la irrupción del kirchnerismo a los primeros planos
de la política nacional, en aquel 2003, los argentinos se fueron acostumbrando
al relato que partía desde sus usinas. Los trazos gruesos de aquella ficción
tenían ejes directrices bien llamativos, que solían debilitar el guion. ¿Cómo entender
que ellos, los mismos que habían tenido excelentes relaciones con la dictadura
militar (1976-1983), los que desde la gobernación de Santa Cruz nunca hubiesen
recordado a los desaparecidos ni conmemorado el 24 de marzo (día del golpe) y
los que apoyaron los indultos a los militares represores, fuesen ahora los
adalides de los derechos humanos y de una izquierda que nunca se había logrado
consolidar en el país?
¿Cómo explicar que la pareja que respaldó votando a cuatro manos la privatización de la petrolera estatal, luego la nacionalizaran (lo que generó una millonaria deuda al país) sin explicar ni una conducta ni la otra? ¿Cómo interpretar su defensa a ultranza del exministro Domingo Cavallo, su menemismo militante o cuando se pudo haber discutido la ilegitimidad de buena parte de la deuda con el FMI (el estudio de Alejandro Olmos y su hijo alentaba intentarlo) y se terminó pagando el 100%?
La respuesta a todos los interrogantes la tenían Néstor y Cristina Kirchner, y sus adláteres, pero nunca las ventilaron, tampoco sus seguidores se preocuparon mucho por interpelarlos. Prefirieron comprar aquella narración a paquete cerrado. Cada uno sabrá por qué. Bastaba con escucharlos y uno desear vivir en esa Argentina del relato kirchnerista; pero luego, en la realidad cotidiana, todo era más complejo, difícil, amargo. El 45 por ciento de pobres establecen las estadísticas lo refrendan.
Se podría repasar los escándalos y la espiral de corrupción que impregnó cada momento de las primeras décadas del siglo. aunque ya hay sobrada literatura al respecto. Una disección pormenorizada de lo que fue la era kirchnerista ratificará mejor que mil palabras este presente y la conducta de Cristina Fernández. Más de una vez por haber escrito y opinado algo semejante, uno podía recibir el mote de “macrista”, de boca de cualquier kirchnerista, funcionario o “periodista militante”. Pero el candidato de la Unión por la Patria (“Dime de que alardeas y te diré de que careces”) hoy es un viejo amigo de Macri y de uno de los candidatos de ese espacio, Horacio Rodríguez Larreta. Un hombre cuya carrera política sinuosa como la que más lo llevó de la derechista UCEDE al peronismo en sus distintas versiones.
Desde hace un tiempo, el guion se había agotado. Se
quemaron los papeles y la realidad, al igual que la directora y protagonista
estelar, había quedado al desnudo, pero con la capacidad de daño intacta. Ahora
lo hizo de nuevo.
Viendo las candidaturas, las propuestas de gobierno y, por
sobre todo, los nombres y los currículums de cada uno de los postulantes para
las elecciones primarias del próximo 13 de agosto, es imposible no contemplar
una crisis de difícil solución en el mediano plazo. Hay responsables, la vicepresidenta
no es la única y hay una historia de fracasos seriales que desemboca en este
presente.
La situación del país es la mejor respuesta a estas dos décadas de hegemonía política. La trampa en la que malvive la sociedad toda, quedó reafirmada de cara a las próximas elecciones de octubre. Los últimos 20, fueron años en los que dos sectores políticos, entre gritos y acusaciones cruzadas, se dejaron ver más que funcionales entre sí. Por eso desde el viernes último el establishment puede dormir tranquilo. Ocupó todo el tablero con sus fichas. Aun cuando la banca cante cero, seguirá jugando con fichas marcadas, Cualquiera de las opciones que se imponga en los comicios, se cuadrará ante ellos sus representantes, como fue de rigor en todos estos años que desmienten el relato.
Pero como todo tiene un final, ahora le llegó
a una de las principales (cuando no la principal) artífices de la crisis, que
veía devaluarse su poder a la velocidad del peso, y entonces decidió
privilegiar su futuro judicial (del que Massa venía de darle muestras concretas
de poder ayudarla) al del país. Y ahí sí, que el único tribunal que se ocupará
de tamaño “delito” será la historia.✔