Sábado, 22 de Mayo del 2021

IDEAS: LA ERA DE LA NECROPOLITICA



Últimas imágenes del necro-liberalismo

Por José Vales

 

Una crisis migratoria que, lejos de encontrar soluciones, se extiende con el correr de los años. Un mundo sometido a encierro e influenciado a contar infectados y muertos. Odios religiosos e históricos con ataques renovados para entender que el apartheid no fue sólo sudafricano.  Y conflictos sociales, alimentados por gobiernos acostumbrados a no mirar, a no escuchar y a no rescatar a sus gobernados que caen debajo de la línea de pobreza.

En ese contexto se mueve el mundo en estos días. Ese imagen, que recorrió el mundo con la socorrista española Luna Reyes abrazando a un inmigrante en estado de desesperación en Ceuta, al igual que el ranking pandémico acorde a la eficiencia, espalda económica y buenas prácticas de los gobiernos como las aterradoras imágenes que llegaron de la Franja de Gaza, forman parte de la misma galería conceptual: la del necroliberalismo.

La misma que integran las de la violenta represión a las protestas en Colombia de que llegan desde hace varias semanas.

El neoliberalismo que rediseñó el capitalismo en los 90, e(in)volucionó hacia el necroliberalismo, fruto directo de la necropolítica. Términos ambos, acuñados por Achille Mbembe, politólogo y filósofo camerunés y uno de los intelectuales africanos que más y mejor estudió el postcolonialismo.


Los feroces ataques israelíes en la franja de Gaza contra Hamas, repercute en la población civil.


Basta acceder a su obra “Política Africana” (1999), “Necropolítica” (2011) o “Crítica de la razón Negra. Ensayo sobre el racismo contemporáneo” (2013), entre otras, para corroborar como este intelectual, que reside en Sudáfrica, nos había advertido, ya  por entonces, sobre este presente global y de lo que nos puede deparar el futuro.

Cuando observamos la ausencia absoluta de la política como herramienta de cambio social en manos de un elenco de gobernantes de escasos valores éticos o intelectuales para la labor que tienen por delante, Mbembe lo traduce directamente como el resultado de la privatización de la acción política. Un esquema que distribuye desigualmente el vivir y el morir, en reemplazo, por qué no, de lo que alguna vez fue  la división internacional del trabajo, allá en tiempos de postguerra, en el siglo pasado.

Para Mbembe, la soberanía ya no se contempla fronteras adentro de las naciones sino en decidir sobre la vida y la muerte, de acuerdo a una variante netamente económica.

La problemática de los inmigrantes africanos muriendo o sobreviviendo en balsas, muchas veces de acuerdo al humor con que se levanten los mandamases del Primer Mundo, abonaron los conceptos de Mbembe, tan apropiados para estos tiempos. ¿Quién muere y quién vive en los hospitales con escasas herramientas técnicas y sanitarias para enfrentar la pandemia? ¿Cuándo y cómo se adoptan esas decisiones?



Cuando observamos la ausencia absoluta de la política como herramienta de cambio social en manos de un elenco de gobernantes de escasos valores éticos o intelectuales para la labor que tienen por delante, Mbembe lo traduce directamente como el resultado de la privatización de la acción política. Un esquema que distribuye desigualmente el vivir y el morir...





Los miles de jóvenes y no tan jóvenes africanos intentando llegar, por estos días en Ceuta, nos regresa al mismo debate de los últimos años. El doble discurso europeo: les pone freno a los desesperados inmigrantes, cuando los necesita como el agua, para que su maquinaria económica funcione. En el medio de la cuestión, nadie se hace cargo de la deuda histórica que el viejo mundo mantiene con sus ex colonias. Una deuda eterna a esta altura de la circunstancias y que no se puede mitigar con la imagen de la joven socorrista de la Cruz Roja y el joven inmigrante llorando sobre su hombro, taladrando la sensibilidad global.


Protestas y represión en Colombia. Gobiernos que no miran, no escuchan a los sectores empobrecidos


Buscar enemigos entre los balseros, en la “banlieue” (barrios periféricos parisinos) o entre los jóvenes manifestantes en Cali o Bogotá, pueden aparecer como urgentes excusas para aumentar la seguridad y el control social. Incluso, para suspender algunos derechos inalienables. Pero no lograrán a acabar ni tampoco ausentar el problema de fondo. La desigualdad o lo que Mbembe, muy acertadamente, llamó “el devenir negro del mundo”, apoyado en el conocimiento profundo de su propio pueblo.

Arriba a ese concepto al corroborar que el “modus operandi” con que los imperios manejaron la etapa colonial sigue, subterráneamente, intacto. “Las formas en que los negros fueron tratados en ese primer período colonial se fue diseminando, más allá de los negros mismos”. O sea, no hay distinción entre el ser humano (sin distinción de raza o de género), la cosa y la mercancía. Sus límites se borran, sin que nadie pueda librarse de esa dinámica.

En ese marco, la necroeconomía (“concepto atado al de necropolítica”, según Mbembe)  y la pandemia van de la mano. Un control social extremo, el encierro cuasi-medieval, economías cada vez más diezmadas, alumnos excluidos del sistema educativo por falta de acceso a las nuevas tecnologías y sistemas de salud con escases de recursos y profesionales forzados a tener que decidir a quién intenta salvar primero ante la carencia de respiradores y los enseres más básicos, integran el archivo de imágenes de este tiempo.  



Achille Mbembe, filósofo y politólogo camerunés. Autor de la "Necropolítica" y "Política africana", entre otras obras


Definitivamente, se muestra como una solución capitalista al excedente de población que ya no se la puede ni explotar, como en otras etapas,  pero que es necesario conducirla hacía alguna parte.

 

Todo a una velocidad inusitada, como si todo se tratara de en un videojuego, se las conduce hasta dejarlos frente a peligros de toda índole. A las aguas gélidas del mediterráneo o a los gases lacrimógenos en el Parque de Los Héroes. A tener que dormir a cielo abierto y comer de los cestos de basura en un barrio de Buenos Aires o a terminar asesinado como George Floyd en Minneapolis. A soportar las bombas y la muerte de hijos, amigos o hermanos por haber nacido palestino en tierra santa o enfrentar las consecuencias psicológicas del miedo al contagio y el encierro. Todo, mientras jugamos al Monopolio con los millones de vacunas, el número de contagiados y muertos. De todo eso, precisamente, se compone el necroliberalismo.