Por Oriana Fallaci Publicada en Cambio16 junio 1982. Fuente: www.entrechilenos.com.ar
Lecturas de domingo. HISTORICO: LA ENTREVISTA DE ORIANA FALLACI A GALTIERI

"Usted representa a un régimen que mata a la Libertad"
Por Oriana Fallaci*
Faltaban solo días para la rendición incondicional de las tropas en Puerto Argentino, y la periodista italiana, Oriana Fallaci, uno de los íconos de la prensa mundial, entrevistaba al dictador Leopoldo Galtieri. Una pieza histórica, para analizar la actuación de la dictadura en Malvinas, en vísperas de un nuevo aniversario de esa fecha, y corroborar que el problema argentino, en término de asimilar las realidades políticas, no es nuevo. Un pantallazo para saber de quién hablamos cuando hablamos de una periodista, siempre enfrentada al poder. Y todo para conservar la salud del oficio.
Oriana Fallaci-Presidente Galtieri, cuando Ud. piensa en lo que organizado, y aludo a
los centenares de jóvenes que han muerto en combate, a los centenares que
pueden todavía morir, soldados de reemplazo, marineros imberbes, pilotos en la
flor de su edad, y aludo también al nuevo detonador de la tercera guerra
mundial que se ha encendido en esta parte del planeta, y como si todavía no
fuera suficiente en el Oriente Medio y el Golfo Pérsico sobre los que temblar,
también tenemos el Atlántico Sur, ¡maldición!, dígame, ¿no le sucede nunca
preguntarse si valía la pena, decirse -a lo mejor- hemos cometido un error, en
una palabra Ud. no se arrepiente jamás?
Leopoldo Galtieri- No, señora periodista. No.
OF- ¿No? Sin embargo, aparte de lo que he
dicho, no me parece que Ud. tenga muchos motivos para estar satisfecho. No
obstante consignas triunfalistas que propala vuestra televisión al país junto a
las marchas guerreras, "venceremos", "vamos a vencer",
"ganaremos en todos los frentes", ha llegado para Ud. el momento de pronunciar
la palabra que aquí ninguno quiere pronunciar: derrota.
LG- No señora periodista. Yo soy mucho
más optimista que Ud. Ni aunque cayera Puerto Argentino me preguntaría si valía
la pena haber hecho aquello que he hecho, y todavía menos diría haber cometido
un error. ¿Recuerda cuando en la Segunda Guerra Mundial los ingleses fueron
derrotados en Dunkerque? Bien, en 1945 estaban en Berlín. En otras palabras, ni
aún la caída de Puerto Argentino significaría el fin del conflicto y nuestra
derrota: cualquier argentino se lo diría. Señora periodista: hace 149 años que
los argentinos denunciaron la agresión cometida por los ingleses en 1833 cuando
nos robaron las islas, y son 17 años que intentamos recuperarlas por las vías
diplomáticas o sea al revés de las Naciones Unidas. Si el 2 de abril no las
hubiéramos recuperado militarmente, lo mismo habría sucedido en abril o en mayo
o en junio del próximo año, o en uno de los próximos años. La colonización
inglesa no podía continuar.
OF- No comprendo, ¿por qué habla de
colonización? ¿Los 1.800 habitantes de las Falklands, perdón, las Malvinas, no
era y son ciudadanos británicos? ¿A quién colonizan entonces los ingleses: a
las ovejas, a los pingüinos?
LG-Son todos británicos porque allá los
ingleses no han permitido jamás a los argentinos comprar un pedazo de terreno,
abrir un negocio, tener un comercio, en suma establecer su propia presencia. Si
voy a Roma y tengo el dinero para comprarme un apartamento, un negocio, o sea establecerme,
las autoridades italianas me lo permiten. Los ingleses, por el contrario, no.
Siempre han mantenido esas islas como una hacienda personal y no nos han
permitido jamás poner un pie allí, señora periodista.
OF-Señor presidente, con todo el territorio
que tenéis, esta bella tierra, este terreno fértil, esas costas inundadas de
sol, es un poco difícil entender por qué se intentaría comprar un pedazo de
tierra sobre dos islotes desolados y desiertos, donde nadie quiere vivir, fuera
de los pingüinos, las ovejas y los 1.800 ingleses habituados al frío y a la
niebla. Pero hablando de colonización, ¿Ud. es italiano, verdad?
LG-Si, señora periodista, desciendo de
italianos. Mis abuelos eran italianos. Mi abuelo de Génova y mi abuela de
Calabria. Vinieron aquí con las oleadas de inmigrantes que se produjeron al
comienzo de siglo. Eran obreros pobres, pronto hicieron fortuna.
OF-Entonces, también ellos eran
colonizadores. Como todos los argentinos, por otra parte, este país no
pertenecía a los españoles, a los italianos, a los alemanes, a los franceses, a
los ingleses, en suma, a los europeos, a los blancos que vinieron aquí y
masacraron a los nativos hasta la última tribu como no sucedió siquiera en
América del Norte, donde todavía hay, por lo menos, algunos pieles rojas.
¿Entonces, de qué se escandaliza? ¿Por qué define como colonias a las
Falklands, perdón, las Malvinas?
LG-Señora periodista, no retrocedamos
tanto en el pasado. Analicemos las cosas como estaban en 1833, cuando los
ingleses invadieron las Malvinas. Observe dónde están situadas las islas, cómo
la plataforma submarina se extiende sobre aquella área y une la tierra firme
con las islas y verá fácilmente la correlación natural que existe entre ellas y
la costa argentina. Quiero decir no sólo históricamente sino también
geográficamente, las Malvinas nos pertenecen, deben ser nuestras y nuestras
serán.

Oriana Fallaci. Una militante del periodismo en las antípodas del periodismo militante.
OF-Señor presidente, yo sé que aquí los
niños crecen aprendiendo que el verdadero nombre de las Falklands es Malvinas,
y que las Malvinas son argentinas. Sin embargo, ninguno de sus predecesores se
atrevió a la ocupación que Ud. ordenó hace dos meses. De ahí la pregunta que se
formulan todos: ¿por qué Galtieri ha hecho aquello que otros no hicieron, ni
intentaron, ni pensaron? ¿Cuál era la necesidad imperiosa, al deseo vital, de
provocar una guerra?
LG-Un suceso fortuito, señora
periodista, algo que sucedió durante el mes de marzo en la Georgia del Sur, más
exactamente en la isla de San Pedro cuando 40 argentinos de una empresa privada
viajaron allí con un contrato aceptado por los ingleses, para realizar algunos
trabajos. Apenas comenzaron los trabajos, el embajador británico envió una nota
a nuestro ministerio de Relaciones Exteriores, advirtiendo que si los 40
argentinos no se retiraban de inmediato con sus naves, serían expulsados por la
fuerza. O sea expulsados a bordo de naves británicas. Bien, aquel fue más que
una demostración del rechazo inglés por negociar, discutir. Fue la gota que
hizo desbordar el vaso.
OF-¿O fue simple pretexto, quizás
prefabricado, dado que el episodio incluye el haber izado una bandera argentina
en la isla San Pedro por aquellos 40 obreros? Señor presidente, los pretextos
pueden ser usados o ignorados. ¿Ud. lo utilizó porque ya estaba decidido a
intervenir militarmente? Le formulo mi pregunta. ¿Cuándo se le puso en la
cabeza que reocupar aquellas islas era una necesidad imperiosa, un deseo vital?
¿Cuando fue investido presidente, quizás?
LG-No, no. Siempre tuve esa
preocupación. No obsesivamente como Ud. insinúa. Pero constante. En realidad,
no sólo como presidente sino también como comandante en jefe de las fuerzas
armadas, o sea antes de ser presidente, repetía que no se podía acusar a los
argentinos de haber demostrado impaciencia o falta de prudencia. Y dado que las
negociaciones no habían servido de nada, era necesario encontrar otra vía de
salida.
OF-Continúo sin entender, señor presidente.
Pero además de aquella plataforma submarina, ¿qué es lo que seduce tanto en
esos islotes? ¿Qué hay, oro o petróleo? Dicen que es el petróleo y que las
aguas pululan de quisquillas, que son riquísimas para comer, si bien me parece
un poco increíble que haga la guerra por las quisquillas? ¿O quizás en la
posición estratégica que podría llegar a ser ventajosa, militar y
económicamente, el día que el Canal de Panamá cierre el paso a los intrusos?
LG-¿Por qué no le hace esa pregunta a la
Sra. Thatcher que por esas islas ha perdido la mitad de su flota y está
causando muerte a nosotros y a su pueblo?
OF-Ahora se lo pregunto a Ud. señor
presidente.
LG-Señora periodista, existe un
sentimiento. No el oro, no el petróleo, no la posición estratégica: el
sentimiento de la nación argentina desde 1833. ¿Ud. no cree en el sentimiento
del pueblo?
OF-Yo creo que hablar de sentimientos del
pueblo, desgraciadamente, encubre, casi siempre, verdades menos nobles:
intereses políticos, intereses económicos, intereses militares o, más
directamente, los intereses personales de quien manda. Por lo tanto le
pregunto: ¿no podría ocurrir que aquellos islotes representaran a sus ojos un
medio fácil para unir a un país dividido e infeliz, hacerlo olvidar una
inflación que es tan irrefrenable como grotesca, y una deuda externa
monstruosa, que hoy asciende a 36.000 millones de dólares, o sea del fracaso
político y económico del régimen militar que Ud. representa?
LG-Señora periodista, acepto su
razonamiento porque Ud. es una periodista, señora periodista. De otra manera,
no le permitiría que me dijera estas cosas, se lo aseguro. Porque ofenden mis
principios, mi buen nombre, mi carrera militar, todo aquello que yo he protegido
más que mi propia vida. Jamás he hecho un cálculo frío como del que Ud. me
acusa, jamás. La deuda externa de 36.000 millones de dólares y la inflación
galopante no tiene nada que ver con las Malvinas. Es más, puedo asegurarle la
inflación aumentará debido a los gastos bélicos. Es verdad que las Malvinas han
servido para unir a los argentinos, pero la idea de obtener esto a través de la
guerra jamás ha cruzado mi mente, se lo juro.
Fallaci y el periodismo. La mímesis perfecta.
OF-Bien, pero muchos otros han tenido tal
idea. La historia enseña que cuando las cosas van mal en una sociedad, en un
país, aquellos que están en el poder hacen la guerra: así el pueblo se excita
completamente y olvida los fracasos, los golpes, los crímenes de quienes
gobiernan. En 1940 Mussolini entró en guerra por estas razones, no sólo por su
megalomanía. ¿A propósito, también esta comparación le ofende?
LG-Sí señora periodista. Me ofende
mucho.
OF-Menos mal. Pero si no hubo cálculo frío,
señor presidente, ha habido errores de cálculo. ¿O debería decir ilusiones?
Para comenzar, la ilusión de que Inglaterra no reaccionaría, no enviaría su
flota tan lejos de casa. ¿O me equivoco?
LG-No. Le diré que, si bien una reacción
inglesa me pareció posible, no creíamos que la Gran Bretaña se movilizaría por
las Malvinas. Quiero decir que no nos parecía un hecho probable. Personalmente
juzgaba escasamente posible una respuesta inglesa y absolutamente improbable:
imagínese si esperaba esta reacción tan desmesurada, desproporcionada. No lo
esperaba nadie. Me digo ¿por qué un país situado en el corazón de Europa debía
afectarse tanto por dos islas ubicadas aquí abajo en el Océano Atlántico y que
no le sirven para nada? Me parece algo que carece de sentido.
OF-¿Pero señor presidente, sus
diplomáticos, no le advirtieron que la Thatcher iba a reaccionar como lo hizo?
¿O es que, perdóneme Ud. el paréntesis un poco frívolo, Ud. fue motivado por la
idea que una mujer no iba a entrar en guerra? Porque en tan caso, debo
recordarle que Indira Gandhi y Golda Mier han aceptado sin dudar sus guerras. Y
las ganaron.
LG-No, no. Le aseguro que jamás me ha influenciado ningún
machismo latino. Por otra parte, si dijere lo contrario, la ofendería también a
Ud. señora periodista.
OF-Bien, se lo preguntaba pensando en los
insultos prehistóricos y las imbecilidades que la prensa argentina dedica a la
señora Thatcher: "cerebro de gallina", "vete a tejer
calcetas", "vuelve a la cocina", etc. Y me preguntaba si acaso
Ud. compartía tales expresiones.
LG-La prensa puede decir lo que quiera,
y además ya sabe que el humorismo como la caricatura es una característica del
temperamento latino. Como habrá notado, sin embargo, el presidente de la nación
Leopoldo Galtieri no se ha expresado jamás irrespetuosamente de la señora
Thatcher. Y lo mismo los miembros de su gobierno. En cuanto a mi juicio de la
señora Thatcher es muy simple: creo que está políticamente inadecuada al
momento histórico que vive la humanidad. Digo esto como primer ministro, no
como mujer.
OF-Tampoco la Sra. Thatcher tiene una alta
opinión sobre Ud., señor presidente. Lo define como un tirano fascista. Pero
ocupémonos de otro cálculo equivocado: la ilusión de que los Estados Unidos no
apoyarían a Gran Bretaña. Comprendo la amargura, y también la rabia que tiene
contra los norteamericanos, ¿pero no sabía que la Gran Bretaña es uno de los
miembros más importantes de la OTAN?
LG-Señora periodista, la diferencia en
América del Sur y América del Norte es que los sudamericanos se consideran
parte integrante del continente americano, y por el contrario los
norteamericanos se consideran pertenecientes a otro hemisferio, el hemisferio
norte. Sí, hay una profunda amargura en mí. Una tremenda desilusión. Porque los
norteamericanos saben muy bien que, también como comandante en jefe del
Ejército, es decir antes de ser presidente, yo he intentado por todos los
medios de mantener buenas relaciones con su gobierno, de restablecer una
comprensión recíproca, que durante el gobierno de Carter había llegado a
faltar. Dada la importancia que el continente americano tiene en la estrategia
global, y esto no es sólo en el presente, sino también en el futuro, estos
vínculos con nosotros eran para ellos más que indispensables, y debo decir que
las relaciones personales que había establecido con el gobierno de Reagan eran
excelentes. Nos entendíamos bien los norteamericanos y yo, y debíamos hacer
muchas cosas juntos en el continente. Y por eso cuando el señor Haig se ofreció
como mediador lo acepté sin duda... y bien, no esperaba su aprobación, no
esperaba su apoyo, pero estaba seguro de que comportaría con equilibrio y
neutralidad. No esperaba que se aliara con los ingleses utilizando el pretexto
de no poder llegar a un acuerdo entre las dos partes. No me esperaba tampoco
que el señor Reagan se uniera al señor Haig junto con todo su equipo. Tanto
para mí como para el pueblo argentino, la actitud de los norteamericanos se
define en una palabra: Traición.
Yo creo que hablar de sentimientos del pueblo, desgraciadamente, encubre, casi siempre, verdades menos nobles: intereses políticos, intereses económicos, intereses militares o, más directamente, los intereses personales de quien manda. Por lo tanto le pregunto: ¿no podría ocurrir que aquellos islotes representaran a sus ojos un medio fácil para unir a un país dividido e infeliz, hacerlo olvidar una inflación que es tan irrefrenable como grotesca, y una deuda externa monstruosa, que hoy asciende a 36.000 millones de dólares, o sea del fracaso político y económico del régimen militar que Ud. representa? Oriana Fallaci
OF-Señor presidente, una traición tiene
lugar cuando existe una promesa, un compromiso. ¿Existía una promesa de parte
norteamericana, un compromiso?
LG-El compromiso era asistir a las dos
partes y no sólo a una de las dos. Esto entiendo por equilibrio, neutralidad.
OF-Podría explicarse mejor, porque una de
las acusaciones que se formulan contra los norteamericanos es la de ayudar
siempre a los regímenes dictatoriales de la América Latina. Y es un hecho que
Washington no los ha abandonado jamás. Ni siquiera durante el gobierno de
Carter. Entonces algo debe haber sucedido con Haig.
LG-El señor Haig fue un pésimo mediador.
Y los hechos lo demuestran.
OF-Haig sostiene que la culpa es vuestra
porque no sabía con quién tratar, y que cuando Ud. decía una cosas sus
generales decían otra, se peleaban entre Uds., en la Junta, y en aquel burdel
no había a quien dirigirse. A propósito sobre la resolución 502 de las Naciones
Unidas, aquella que pedía el retiro inmediato de las tropas argentinas, dice
Haig que Ud. y sus generales no se ponían de acuerdo. ¿Si no fuera así, cómo se
explicaría la exasperación con que al final los dejó plantados? ¿Y por qué su
ministro de Relaciones Exteriores, Costa Méndez, tuvo la necesidad de pedirle
excusas?
LG-El señor Haig vino aquí con muchos
ayudantes y trabajamos en esta habitación junto con el ministro de Relaciones
Exteriores. Juntos dijimos siempre la misma cosa, que la resolución 502
implicaba una serie de consecuencias inaceptables. La Argentina, repetíamos, no
había vertido una sola gota de sangre inglesa para recuperar las Malvinas y,
por el contrario, los ingleses nos habían atacado y continuaban atacándonos e
insistían en su hostilidad incluso durante la negociación.
OF-Todavía no advierto la traición, a no
ser que hubiera una promesa. Lo que significaría que los norteamericanos
supieran antes del 2 de abril que los argentinos se aprestaban a intervenir en
las Falklands, perdón las Malvinas. Señor presidente, debido a que las
relaciones con los norteamericanos eran tan estrechas, no puedo creer que no
les hubiera informado sobre sus decisiones. A mí me han dicho que el Pentágono
las conocía y que Ud. se las había comunicado personalmente a Vernon Walters,
el ex Jefe de la CIA, ahora embajador viajero, que trabajaba para Haig.
LG-Conozco bien a Vernon Walters, estoy
en óptimas relaciones con él. Pero no le dice nada. Ningún miembro de mi
gobierno dijo nada a nadie. No hemos tenido jamás la necesidad de pedir permiso
a los norteamericanos para recuperar las Malvinas, se lo aseguro. Ni permiso
del Pentágono, ni el permiso de Reagan, ni el permiso de Haig. Al contrario,
tomamos nuestra decisión solos. Además escuche: si los norteamericanos lo
hubieran sabido jamás hubiéramos llegado a los sucesos del 2 de abril.
OF-Lo que significa que habrían intentado
detenerlos. ¿O quizás intentaron hacerlo y ésa es la razón por la cual Haig
parecía tan exasperado? ¿Señor presidente, están verdaderamente rotas vuestras
relaciones con los norteamericanos?
LG- Rotas no diría, pero seriamente dañadas sí. Muy seriamente.
Tan gravemente que hará falta mucho tiempo antes de normalizarlas. Mucho
tiempo. Años.
OF-Y mientras tanto está Ud. haciendo
nuevos aliados.
LG-Señora periodista, nuestros aliados
naturales son los países latinoamericanos. De todas maneras, es verdad: estamos
buscando contactos más vastos con el mundo al cual pertenecemos por historia y
cultura. Contactos políticos, comerciales, financieros y también una mayor
comprensión recíproca. Hasta ayer no habíamos dedicado mucha atención a la
América del Sur, a las ventajas recíprocas que una mayor comprensión nos habría
reportado. Pero hoy tenemos en cuenta esa zona, miramos hacia aquellos
horizontes y el indiscutible desarrollo de esa apertura.
OF-En otras palabras, estáis descubriendo
el Tercer Mundo. Y estáis descubriendo a Simón Bolívar. ¿Debemos realmente
creerlo? Los argentinos han sido siempre tan puntillosos en considerarse
occidentales, europeos, blancos, que han considerado siempre a los demás países
sudamericanos con un tal complejo de inferioridad.
LG-Comparto lo que Ud. dice; nadie puede
negar que siempre nos hemos sentido muy ligados a América del Norte y a la
Europa Occidental. Pero es justamente por eso que nos sentimos traicionados,
liados, desilusionados. Por eso estamos cambiando nuestra política exterior,
ahora. Pero cosas más importantes sucederán en el futuro, deje pasar un poco de
tiempo y verá.
Le diré que, si bien una reacción inglesa me pareció posible, no creíamos que la Gran Bretaña se movilizaría por las Malvinas. Quiero decir que no nos parecía un hecho probable. Personalmente juzgaba escasamente posible una respuesta inglesa y absolutamente improbable: imagínese si esperaba esta reacción tan desmesurada, desproporcionada. No lo esperaba nadie. Me digo ¿por qué un país situado en el corazón de Europa debía afectarse tanto por dos islas ubicadas aquí abajo en el Océano Atlántico y que no le sirven para nada? Me parece algo que carece de sentido. Galtieri
OF-¿Lo dice sólo por los norteamericanos o
también por los europeos? Porque también os sentís incomprendidos y
traicionados por los europeos. ¿O me equivoco?
LG-Es cierto, no esperábamos que nos
castigaran con sus sanciones.
OF-El gobierno italiano las ha retirado.
Aunque sea por levantina ambigüedad, se ha negado a renovarlas. Y si bien tal
decisión fue determinada por cínicos intereses de partidos políticos, y si bien
la condena de vuestra intervención militar fue soslayada, supongo que Ud.
siente mucha gratitud hacia los italianos.
LG-Siento benevolencia, señora
periodista.
OF-¿Sólo benevolencia?
LG-Benevolencia, nada más que
benevolencia.
OF-Eh. Estos me complacen, me divierte. ¿Se
imagina Ud. la cara de quienes han hecho tanto por levantarle esas sanciones,
incluso renovando las consignas mussolinianas sobre la pérfida Albión? Pero
hablemos de las cosas más serias, señor presidente, hablemos de las
declaraciones de amor que de pronto se formulan a países como Nicaragua y Cuba.
Hablemos de Costa Méndez que besa y abraza a Fidel Castro: ¿no es para quedar
aturdida? A mí me parece leer una novela fantapolítica.
LG-Un momento señora periodista, un
momento. Costa Méndez va a La Habana porque en La Habana tiene lugar una
conferencia anual de Países No Alineados. Abraza al señor Castro porque en La
Habana el señor Castro es el dueño de casa. Y no olvide que el señor Castro ha
expuesto públicamente su apoyo a la Argentina y su reivindicación sobre Las
Malvinas como presidente de los Países No Alineados y no como presidente de
Cuba. ¿Y por otra parte, qué debo hacer mientras corre la sangre de nuestros
soldados? ¿Qué esperan de mí? ¿Que dé las gracias a los Estados Unidos?
OF-Yo no espero nada, salvo intentar
comprender lo que está sucediendo, señor presidente. Y admitirá que tengo todo
el derecho de estar aturdida por ciertas alianzas, porque...
LG-No son alianzas. Son reajustes
políticos de las relaciones internaciones. Las alianzas son otra cosa para mí,
señora periodista.
OF-Está bien, reajustes políticos si lo
prefiere. Queda el hecho, como está por decir, que millares de personas fueron
eliminadas en Argentina por comunistas, marxistas o bajo la acusación de ser
comunistas, marxistas. Así que por lo menos es desconcertante ver a Fidel
Castro y Costa Méndez darse palmadas en la espalda como su hubieran estado
juntos en Sierra Maestra. Aquellos pobres muertos deben revolverse en sus
tumbas.
LG-Señora periodista, las relaciones
internacionales se mueven más por intereses que por amor, como Ud. bien sabe y,
desafortunadamente estas cosas son inevitables. Así lo demuestra la historia
del mundo. ¿Si los Estados Unidos aíslan a la Argentina, militar y
económicamente, si Europa hace lo mismo, si el mundo occidental le vuelve la
espalda, y digo mundo occidental poniendo la expresión entre comillas, qué otra
elección tenemos? No debo recordarle que los factores ideológicos no son
motivos determinantes en la convivencia internacional. Piense en todos los
países que mantienen relaciones con sus enemigos ideológicos. Estados Unidos y
China, por ejemplo. Se abrazan exactamente como nosotros nos abrazamos con el
señor Castro y como el señor Castro nos abraza a nosotros. No por eso la
Argentina se hace comunista. No por eso el general Galtieri se convierte en
miembro del partido.
OF-Y no por eso Fidel Castro se convierte
en miembro de la Junta Militar argentina, lo sé. Pero a esta Junta él le ofrece
armas ahora. Su ayuda. ¿Aceptaréis esas armas? ¿Aceptaréis esa ayuda?
LG-En este momento no nos sirve la ayuda
militar de nadie, pero si Gran Bretaña pone a la Argentina en una situación muy
difícil aceptaremos ayuda de cualquiera y armas de cualquiera.
OF-Lo que incluye a la Unión Soviética, si
he comprendido bien. Señor presidente, vuestra cruzada antisoviética parece
haber terminado. Los soviéticos parecen ocupar en vuestro corazón el puesto de
los norteamericanos, y es notorio que el embajador de Moscú en Buenos Aires ha
visitado más de una vez a Ud. y a los funcionarios del Ministerio de Relaciones
Exteriores. ¿Aclaremos esta cuestión, aceptaréis las armas soviéticas o no?
LG-Si llegamos a un momento en que se
haga necesario, sí la aceptaremos. Me dirigiré incluso a ellos. ¿Señora
periodista, cree que quiero suicidarme?
OF-No, no lo creo. De hecho, Ud. ha
comprado armas a los abastecedores más diversos y extravagantes de los últimos
días. Uno es Khaddafi que le ha dado los Exocets que le negó Mitterrand, otro
es Israel, que le ha vendido Mirages y misiles. Y aparte de los países entre
los que encuentra benevolencia y aparte de varios traficantes de armas que
venden bombas como la droga, que Dios los maldiga, están Ecuador, Perú y
Venezuela.
LG-Estos últimos son países hermanos.
¿Pero por qué me pregunta cosas que no puedo responder por razones de
seguridad?
Pero hablemos de las cosas más serias, señor presidente, hablemos de las declaraciones de amor que de pronto se formulan a países como Nicaragua y Cuba. Hablemos de Costa Méndez que besa y abraza a Fidel Castro: ¿no es para quedar aturdida? A mí me parece leer una novela fantapolítica.
OF-Porque Ud. ha dicho que la caída de Port
Stanley, perdón Puerto Argentino, y la total reconquista de las islas por parte
de los ingleses no significará el fin de la guerra. Porque los periódicos argentinos
continúan hablando de guerra total. Y quiero comprender si la guerra total
significa la internacionalización de la guerra.
LG-Guerra total significa que, no
importa cómo vayan las cosas militarmente, la Argentina no renunciará a sus
derechos sobre las Malvinas, las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur.
Guerra total significa que la Argentina no aceptará jamás retornar a la
situación existente al primero de abril. Guerra total significa que no habrá
paz hasta que no hayamos obtenido aquello que es nuestro. Y no quiero una
internacionalización de la guerra, pero esa internacionalización no depende de
mí. Depende de Gran Bretaña y de los Estados Unidos.
OF-¿A costa de convulsionar las potencias
nucleares, a costa de repetir lo que está sucediendo en Oriente Medio, o sea,
transformar aquellos islotes en el Israel del Atlántico Sur?
LG-Estoy tan preocupado como Ud., señora
periodista. Más que Ud. porque mis responsabilidades no concluyen en el pueblo
argentino: existen además en cuanto a otros países. Para serle franco, cuando
decidí recuperar las Malvinas no esperaba provocar un suceso de importancia
mundial y todavía menos creía que la cosa tuviera consecuencias en el contexto
internacional. Pero la ha habido y estoy preocupado. Pero esta preocupación no
debería ser solamente sentida por mí. La debería tener también la señora
Thatcher, el señor Reagan y el señor Haig. Y tanto más como no ha sido la
Argentina la que atacó: han sido los ingleses. La Argentina se limita a
responder, a defenderse de ellos. ¿Dígame, por qué la señora Thatcher y el
señor Reagan no tienen en cuenta el peligro que Ud. me echa en cara?
OF-Espero que lo hagan, supongo que lo
harán. Pero queda el hecho de que fue Ud. quien comenzó, señor presidente.
Queda el hecho de que fueron Uds., los argentinos, quienes provocaron este
problema el 2 de abril, al enviar las naves y las tropas. Y no es haciéndose
los ofendidos que cambiaréis esta indiscutible e histórica realidad. En todo el
mundo ha problemas fronterizos, territoriales. ¿Qué sucedería si todos
resolvieran sus disputas como lo ha hecho Ud., "de quién es este lugar, es
mío, entonces me quedo"? ¿Estamos en la era atómica, no lo ha olvidado?
LG- No, pero toca a las potencias
nucleares el tener un cerebro más abierto y adecuarse al deseo de libertad que
tienen los pueblos hoy. Las cosas han cambiado desde la Segunda Guerra Mundial:
los imperios han caído y la mentalidad de la gente ha cambiado tanto en un
sentido individual como nacional. O sea, se ha descubierto la libertad. Pero
todavía quedan restos de ese imperio y de comportamiento imperialista, trazas
de colonialismo. Todo lo cual es inadmisible en una era civilizada como la
nuestra. Habría que rebelarse.
OF-Santas palabras, señor presidente, pero
suenan un tanto extrañas al oírlas pronunciadas por Ud., el representante de un
régimen que no sabe qué hacer de la libertad y además la mata. La suya es una
dictadura, señor presidente, no lo olvidemos.
LG- Yo no lo llamaría dictadura. Aquí la
gente habla más que en un régimen democrático. El régimen no es democrático,
estoy de acuerdo. Pero no es ni siquiera duro como en otros países que se
definen como democráticos. (...)
OF-Si Ud. piensa así, ¿por qué pone a uno de los jefes de aquellos
asesinos como comandante del puesto de las Georgias? Hablo, tanto por poner un
ejemplo, del infame capitán Astiz que ahora se hace la víctima porque los
ingleses lo tienen prisionero.
LG- El capitán Astiz pertenece a la
marina como 500 otros oficiales que detentan su rango y su responsabilidad.
Debido a su rango y a esa responsabilidad se encontró en aquel puesto de
avanzada en las Georgias cuando recuperamos las islas. Las acusaciones contra
él deben ser probadas, señora periodista, y como buena demócrata Ud. debería
saber que una acusación no vale sin no se la prueba con testimonios y hechos
(...)
OF-Señor presidente, en cuanto a libros he
leído, incluso demasiados sobre esta vergüenza. Y Ud. no puede comparar los
desaparecidos con los soldados que mueren en la guerra. Un desaparecido es una
persona que es arrestada o secuestrada por un grupo de paramilitares porque no
piensan como Ud., grupos paramilitares que Uds. inventaron y ahora no controlan
más y después son conducidos a la policía militar torturados hasta la muerte y
sepultado sin su nombre en cualquier fosa común o quizás lanzado al mar o al
río de la Plata. Y el resto son chorradas, disculpe la brutalidad.
LG-Señora periodista... aquí estamos,
junio de 1982, para afrontar el presente y el futuro del país...
*Periodista, corresponsal de guerra y escritora. Escribió 12 libros con más de 20 millones de libros vendidos. Socialista como su padre, participó de la resistencia al fascismo en su adolescencia y desarrolló su carrera, de manera intrépida, aunque a veces, haciendo gala de un excesivo protagonismo en las entrevistas. Al tiempo que aplicaba una máxima: "siempre hay que pararse frente al poder nunca a su lado".