Lunes, 10 de Mayo del 2021

FRANCIA. A CUARENTA AÑOS DE LA LLEGADA DE MITTERRAND AL PODER





40 años del triunfo de Francois Mitterrand
Las primeras suelen ser demasiado cortas…


En un mundo el nuestro, por entonces bien gris por culpa de los nubarrones dictatoriales, la noticia de que un socialista había ganado las elecciones presidenciales en Francia, se recibió por aquí abajo con una bocanada de aire fresco. Como un dejo de agradable sorpresa. Era domingo aquel 10 de mayo de hace hoy 40 años, y en Francia, en cambio, se celebraba en las calles como si ese día y cada uno de los días por venir fuese el 14 de julio. Francois Mitterrand, el líder socialista que lo había intentado infructuosamente dos veces antes, llegaba al Palacio del Eliseo, y abría una nueva era política en ese país y, por qué no, en Europa.

Socialistas y comunistas se dieron cita en la Bastilla, como es costumbre para conmemorar una revolución. Esa que muchos imaginaron y que se quedaría ahí, en el rubro de las imaginaciones. Poco importaba si la destreza política, el carisma y el don para la manipulación del nuevo presidente, llevaban el sello de socialdemócrata, o que en su juventud reportara a las órdenes del mariscal Petain, en el gobierno de Vichy. Encarnaba la esperanza. “La force tranquille” (“La fuerza tranquila”), tal el eslogan de la campaña, que terminó suspendiendo 23 años de gobiernos conservadores en el país galo.

Dejaba en el camino al entonces presidente Valery Giscard D´Estaing y el mundo fijaba la mirada en ese gobierno que desde el 21 de mayo, potenció la primavera parisina, con un recordado acto en el Panteón y con Pierre Mauroy, el eterno alcalde de Lille, como primer ministro.

La estela que flotaba de aquel ascenso político en Francía, irradió  de inmediato en España, donde el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) llegaría al poder en 1982 de la mano de un Felipe González, que todavía no se terminaba de despojar de su nombre en la clandestinidad, “Isidoro”, con el que viaja a Francia para encontrarse con los socialistas galos durante la dictadura franquista e incluso, por aquí con un Raúl Alfonsín, enrolado en la Internacional Socialista (IS).


Afiche de campaña de las elecciones de 1981 que lo llevaron al poder. Le force tranquille

La popularidad de “Tonton” (tal el apodo que cargó el presidente), se disparaba a las nubes, y la aprovechó para disolver el parlamento, convocar a elecciones y quedarse con la mayoría absoluta, aplicar una serie de políticas sociales y reformas jubilatorias que, albergaban las esperanzas de cambio pero que no fueron suficientes en aquella coyuntura económica y política que tuvo que enfrentar Francia para prolongar lo que se esperaba en los días posteriores a aquel 10 de mayo.

Ya en 1984, Mitterrand le confía el cargo de Primer Ministro, al Laurent Fabius, el más joven de la historia en llegar a ese cargo, y la inexperiencia y el giro a la derecha que había evidenciado el gobierno en materia económica, generaron una derrota en las elecciones legislativas, abriéndole el camino a la larga experiencia política de un Mitterrand que iba a lidiar con la primera cohabitación de la denominada V República, con el que fuera su contrincante del pasado, del presente y del futuro, el neogaullista, Jacques Chirac.

Fue a partir de ese momento, en que la figura presidencial de Mitterrand comenzó a cobrar la verdadera dimensión política que se le reconoce. En las elecciones del 88, tuvo que enfrentarse con su propio primer ministro. Durante gran parte de la campaña, las encuestas, precisaban que el socialista sería desalojado del Eliseo, lo que no ocurrió, gracias a una campaña donde el presidente aparecía siempre, tomando distancia de posturas radicales.



Socialistas y comunistas se dieron cita en la Bastilla, como es costumbre para conmemorar una revolución. Esa que muchos imaginaron y que se quedaría ahí, en el rubro de las imaginaciones





Chirac necesitó otros siete años, un segundo paso por la alcaldía de París, y una nueva cohabitación (esta vez en la persona de Alaín Juppe)  para llegar al poder. Recién cuando el socialismo y, principalmente, su líder, había agotado todo el bagaje político, en diversos escándalos que terminaron afectando a su candidato, Lionel Jospin.

Su activa participación en el largo proceso de la construcción europea, el rol que su gobierno decidió jugar en términos diplomáticos con cada una de las dictaduras latinoamericanas y aquella relación de la más alta política que supo tejar a cuatro manos con el entonces canciller alemán Helmut Kohl, enriquecen el archivo de su gobierno y su currículum personal.

Sin duda Mitterrand dejó un legado político y cultural en un país, que desde su fallecimiento el 8 de enero de 1996, fue sorteando las amenazas de la siempre presente ultraderecha del Frente Nacional y experimentando la pérdida constante de peso de sus cuadros políticos, que elevan la figura del último presidente socialista y genera un dejo de lejana nostalgia de aquella primavera del progresismo más corta que cualquier otra.


Una foto conmemorativa de la alta política. Francois Mitterrand y Helmut Kohl