El gol perdido del Presidente Fernández

¡Lo que te comiste, Beto!
Por José Vales
¡Lo que te comiste, Beto! Hubiese gritado el relator si eso de gobernar fuese un partido de fútbol que se dirimiera, al menos, en dos finales de 90 minutos. Tratándose de asuntos de gobierno, el “Beto” al que nos referimos no es otro que el presidente, tal como lo llaman a Alberto Fernández, la hinchada (perdón… la militancia) y los amigos más cercanos.
Ahora anda con COVID, a pesar de estar vacunado, y luego de meses bastante moviditos… Semanas interminables de tener que soportar hostigamientos internos, hasta transformarlo casi en un delegado de la vicepresidencia en el Poder Ejecutivo y de andar metiéndose en líos en el vecindario sudamericano y allende los mares.
Esa expresión con la que arrancamos no tiene, vale aclarar, ninguna connotación de tipo sexual. Desde niño, los más grandes en el barrio enseñaron que no hay que meterse en las sábanas de nadie, y mucho menos en las del compañero presidente. Todo lo contrario. Obedecen a los cánones de esa otra religión que profesamos a lo largo y ancho de los verdes campos de la patria. Porque ya es hora de admitir y reconocer que los argentinos somos politeístas. Y si todavía hay alguien que no lo crea, que se lo pregunten al Santo Padre, que es más porteño que el empedrado y reza en las tres religiones argentas. El catolicismo, claro está, el fútbol y el peronismo.
Jesuita, sanlorencista y Guardia de Hierro. En esas tres órdenes presta o prestó servicios eclesiales el compañero Bergoglio, como solía referirse al hoy papa el “preposito” (o jefe máximo) de Guardia, Alejandro “el Gallego” Álvarez.
Veamos pues: el futuro estadio de San Lorenzo ya se llama “Papa Francisco”, por esa bendita costumbre que tenemos de montar las bestias antes de ensillarlas. No tardarán en inaugurarse Unidades Básicas (locales partidarios del peronismo) con el nombre del Sumo Pontífice. Parroquias con el nombre de San Lorenzo, abundan, como abundan algunos miembros de la Iglesia Maradoniana. Solo falta que, en un gesto de reconciliación histórica, la Iglesia permita al menos que alguna capilla lleve el nombre de Juan Perón. Juraremos no quemarlas ya que lo del 16 de junio de 1955 fue un histórico malentendido.
Lo que no pudimos confirmar aún es si en el 2015, durante su visita a La Habana, donde se encontró con Fidel Castro, uno de los máximos exponentes de los jesuitas en América Latina desde la llegada de Manuel da Nóbrega, en 1549, el papa llegó a interesarse también por los orishas y si se animó a darles de beber a los santos. Pero esa será materia para otra ocasión y siempre que haya historiadores dispuestos.

Ahora bien, para referirnos a lo que se acaba de perder el presidente Fernández, optamos por el canon con más adeptos y el más popular. El del fútbol. Además: ¿qué argentino de mediana edad no guarda en su memoria aquella inconfundible expresión del relator que el menemismo nos legó, Lázaro Ziberman (Marcelo Araujo para la masa), cada vez que el Beto Márcico, el Beto Acosta o el Beto Carranza se erraban un gol debajo de los tres palos?
Sabemos que el equipo presidencial está flojo en casi todas las líneas. Le entran por la banda izquierda. Y por derecha es un colador. Para peor el fichaje de Sergio Berni está cada vez más complicado. Pretendemos que con su apodo el presidente le haga honor al Beto Alonso a la hora de definir, pero tácticamente se lo termina haciendo al Beto Pascutti (eterno estratega del ascenso aunque de buen pie, en sus épocas de enganche y murgüero de ley). Al Beto nuestro de cada día no le llega una pelota limpia. Y cuando la recibe regalada de los contrarios, como el pasado 24 de marzo, ni la ve. Que es lo mismo que tirarla allá a la tribuna donde la feligresía se enterará, recién ahora, que le obturaron el festejo. Un grito de triunfo. Uno, tan solo una alegría, desde aquella apoteósica llegada del primer vuelo con la Sputnik V. “No quieran saber, no le pregunten a nadie…”. No hay quién lo relate.
Esta vez no fue la prensa hegemónica local, sino The Guardian, un respetable medio de los “enemigos” británicos el que se la había dejado servida al presidente, cuando publicó el Día de la Memoria que “Estados Unidos ha caído 11 puntos en una década, por debajo de Argentina y Mongolia, según el último informe de un organismo de vigilancia de la democracia”. Esto bajo el título “EE.UU se hunde a un nuevo mínimo en el ranking de democracias mundiales”.
Semejante oportunidad y la desperdiciamos. Con esa ya no hacía falta compararse con Suecia, ni patotearse con el de la otra (orilla), Lacalle, ni repetir en cadena el gol de D10S con la mano a los piratas ingleses. Mucho menos que la cancillería de Felipe Sola auspicie en los clubes de barrio la reproducción de ese golazo con el que nuestra máxima deidad conquistó al universo. Y todo para homenajear a los soldados de Malvinas. Ahí sí que se me perdieron los papeles.
Todo más que bien con los clubes de barrio, pero habría que advertirle al canciller que no es secretario de Deportes; que no estamos en una juguetería del Patio Bulrrich reproduciendo el pesebre y la llegada de los Reyes. Distribuyendo a los pibes en las canchitas de baby fútbol de Villa Ortúzar o Echenagucia, para las cámaras: “Vos, que sos zurdito, haces de Diego, vos te arrastras como el arquero Shilton, a vos te toca verla pasar como Hodge y vos que sos morochito, pones el pase como “el Negro” Enrique. “Hey, flaco, sos alto, entonces la miras de lejos como Gary Lineker allá en el Azteca…”. Y usted, presidente Beto, usted sin política exterior. Sin una agenda internacional, ni tan siquiera de cuerina.
Esta estaba servida. Fue el Freedom House (FH), un organismo que vigila la democracia en el mundo desde Washington. Hasta no hace mucho solían vigilar al mundo y dejar afuera a Estados Unidos. Fue gracias a los cuatro años de Donald Trump, al que la hinchada de por acá abajo, al igual que la vice por entonces, le celebraban su llegada a la Casa Blanca en 2016, porque creyeron que lo habíamos logrado. Que con Marcelo Tinelli (Superior de la Orden sanlorencista), la Yanina (Latorre, no Maradona) y cuatro tilingos lagarteando en Palm Beach o descubriendo cómo es un “gusano” de cerca en la Calle 8, ya habíamos peronizado al Imperio. Somos un pueblo de una fe inconmovible…
Fue Trump el que desvalorizó la democracia como nunca antes por aquellos lados y ahí entonces los del FH, pragmáticos como buenos gringos, decidieron bucear en otras aguas políticas más acostumbradas a los descalabros y aplicaron la máxima del Padre de la Patria, el general Perón: “Hay que estar atentos y vigilantes…”.
Como ya venían vigilando para afuera, comenzaron a hacerlo también para adentro y le pusieron la atención que ameritaba el caso. Así determinaron que Estados Unidos bajó a 83 puntos de los 100 posibles en el ranking anual de Libertades (cayó 11 puntos) en una década. Los americanos están “a la par de países como Panamá, Rumania y Croacia y por detrás de países como Argentina y Mongolia” con 84 puntos.
Es ahí donde la voz de Araujo retumba desde las entrañas del neoliberalismo peronista para recordarle al primer Beto de la Nación, que se comió un golazo. Uno de esos que valen un campeonato. La posibilidad única, por estos tiempos, de enrostrarle a los Estados Unidos alguna verdad desde los tiempos de Spruille Braden y mostrarnos un rato en ese primer mundo que tanto anhelamos con algo que valga la pena. Una ocasión desperdiciada para haber convocado otra cadena nacional, con Horacio Rodrigo Larreta a la izquierda y Axel Kicillof a la derecha (porque en la matemática de Perón y Evita tampoco el orden de los factores altera el producto) y, por qué no, de fondo, cual edecán en tiempos pandémicos, sumar al arrepentido cuarentenista serial de Pedro Cahn.
Era una excelente ocasión para que el propio presidente, o bien alguno de sus adláteres que quisiera demostrar que sí son un equipo, intentaran ganar los grandes titulares de la prensa, parafraseando al filósofo de Fiorito con un “que la chupen y la sigan chupando…”.
Pero no pudo ser. La dejamos pasar, como otras tantas veces. No supimos aprovechar ese logro con un puntaje obtenido no por obra y gracia del selectivo que comanda el presidente Beto, con Dylan como mascota, al mejor estilo de “Boneco”, aquel perro multicampeón con Independiente de los 60 y 70. Tan bueno era “Boneco” que hasta se dejó fotografiar con Roberto Perfumo, reconocido racinguista. Eran otros tiempos. Dylan ahora la tiene más complicada. No con las nuevas tecnologías, no. Ocurre que no es sencillo ser el mejor amigo de un presidente que no tiene contención. Que no salen a cubrirle la marca sus ministros cuando va al ataque y al que la dirigencia le pide resultados con escaso presupuesto. Y ahora, encima, con el COVID en las inmediaciones de la cucha del propio Dylan.
Da la impresión de que el Gobierno en su conjunto todavía está maniatado por cierta energía que allí, en el hogar de Dylan y en la Casa Rosada, dejó el genio incomprendido de Mauricio Macri. Reconocido por ser poco afecto al trabajo y más acostumbrado a operar en nombre del Padre —incluso post mortem— por aquella tradición de la Famiglia en eso de ser il figlio maggiore. Debería pensar seriamente, el presidente Beto, en hacer una limpia o algo por el estilo, porque observen lo que ocurre. Perdemos oportunidades históricas.
Pero no pudo ser. La dejamos pasar, como otras tantas veces. No supimos aprovechar ese logro con un puntaje obtenido no por obra y gracia del selectivo que comanda el presidente Beto, con Dylan como mascota, al mejor estilo de “Boneco”, aquel perro multicampeón con Independiente de los 60 y 70. Tan bueno era “Boneco” que hasta se dejó fotografiar con Roberto Perfumo, reconocido racinguista.
Eso sí, en honor a nuestra idiosincrasia, el patrón de Dylan podría hacer gala ahora de una costumbre bien argentina. Buscar la responsabilidad en el otro. Podría echarle la culpa a la prensa hegemónica que no levantó la noticia de The Guardian (de centroizquierda, aclaremos, para que no los meta en la misma bolsa que a Clarín o Página/12) o a los redactores de las agencias internacionales que no se hicieron eco. Ahora, ¿para qué existen las redes sociales? ¿No hay en el gabinete nadie que lea los diarios internacionales o es que se cae la señal de internet? Si el problema es el inglés no hay excusa. Con el Google translator, incluso, los pueden leer hasta en lunfardo.
Ya sabemos cómo es esto en el fútbol. Los goles que no se hacen en un arco, te los clavan en el otro. Y así estamos. Por lo menos el presidente está a tiempo de reparar algo. Una vez que se recupere del COVID posvacuna, puede aún salir a decir que “estamos igual que en Mongolia”. Reconocer de paso, que ese logro, por pequeño que fuera, que nos mantiene a flote en esta suerte de mundial de la democracia no es obra de su equipo, sino de los organismos de derechos humanos que desde hace décadas vienen batallando por la verdad y la justicia. O también de las organizaciones LGBTI e incluso de las agrupaciones que, a su manera, buscan contener la pobreza que se dispara a diario desde hace años. Porque son ellos junto a un sinnúmero de esfuerzos individuales y no la corporación política, las que hicieron de estas pampas un lugar menos injusto y desigual de lo que pretenden los dueños del poder. Las mismas organizaciones que también sufrieron las consecuencias aleatorias de vivir y actuar en estas tierras politeístas cuando comenzaron a denominarlos “colectivos”, allá a mediados de la primera década del siglo, en tiempos de Néstor Kirchner.
Ya sabemos cómo es esto en el fútbol. Los goles que no se hacen en un arco, te los clavan en el otro. Y así estamos. Por lo menos el presidente está a tiempo de reparar algo. Una vez que se recupere del COVID posvacuna, puede aún salir a decir que “estamos igual que en Mongolia”.
Colectivo de acá, colectivo de allá… Se ve que la misma filosofía con la que los funcionarios dejaron pasar esa “pelota” que lanzó el Freedom House, con pase de The Guardian, fue la que primó en los funcionarios de entonces cuando terminaron confundiendo a algunas de esas organizaciones con las empresas de transporte público y las mezclaron a todas en las lista de subsidios.
¿Será la confusión que nos plantea el politeísmo? No hay certezas. Pero tranquilos, eso también forma parte de otro tipo de grietas y de otras historias. Que bien podrían ser revisadas para no seguir comiéndonos goles.