ECONOMIA: LAS URGENCIAS DE Alias "Gardelito"

Trajimos a "Gardelito" pero no pasamos de Copani...
Por José Vales
Nadie
sabe cómo ni quién había osado con plantarle el apodo de “Gardelito” al ministro
de Economía, Martín Guzmán. Lo cierto es que ocurrió, días después de su
nominación para el cargo, con la victoria sobre el entonces presidente “Mau-Mau” aún caliente. Fue en el mismo
momento en que la opinión pública se desayunaba de su existencia, allá en el upper Manhattan. Más precisamente en la
Universidad de Columbia y ubicado bajo el del premio Nobel de economía, Joseph
Stiglitz, quien fue el que lo recomendó a Alberto Fernández.
Nadie
pone en duda su solidez teórica en materia económica, pero llegó al ministerio
sin el menor conocimiento de la política y “sin haber llenado nunca un remito o
labrado una factura”, según las lenguas viperinas de sus detractores dentro del
peronismo. Lo más cercano a la rosca política que tenía Guzmán cuando asumió a
los 37 años, era su vecindad con la vicepresidenta, Cristina Fernández de
Kirchner. Ambos son de La Plata e hinchas de Gimnasia. El del barrio El
Mondongo. Ella de Tolosa. Tal vez ahí esté la dificultad… o, bien, que el
muchacho se creyó en serio lo de “Gardelito”.
En
los últimos meses anduvo recorriendo los despachos de los acreedores y en el
FMI para cumplir a rajatabla con su tarea central: armar más o menos un conjunto
de promesas de que el país va a pagar algún día. Venía más o menos bien. Se
comprometió a un aumento de tarifas de la energía, que lo hiciera más o menos
creíble, allá en los despachos donde cuando escuchan hablar de la Argentina lo
primero que exclaman es “¿otra vez?”

De la serie Patriopibes. Autor El Tomi
Ellos
no saben que eso que en estas pampas solíamos llamar gauchada, lo fuimos desvirtuando
entre devaluación y default en
garroneo, puro y duro. Pero ahí seguimos con un carrito imaginario de esos para
salir a “cartonear” por el mundo.
A
Guzmán ya lo habían desautorizado varias veces en cosas al pasar, mientras hacía
sus primeros pinos en la política. “Con qué Nueva York… Con que Columbia… Aguante
el instituto Patria, papá….” Se daban ánimo para dentro de la militancia lo que
lo sospechaban “medio neoliberal al flaco este…”
"Gardelito" había arrancado más o menos bien. La primera lección la aprobó casi con el
mismo puntaje que aprobó Costos I, en sus días de estudiante en La Plata. “Sarasa”.
Y ahí empezó a ganar tiempo, saraceando aquí o allá. Eso había impactado
sorpresivamente en la militancia.
Incluso
se fue a tomar unos mates con su vecina, la de Tolosa, pero en El Calafate, para
ver si acordaban algunos tantos. Pero se volvió de que aquellos paisajes de
ensueño con un frasco de mermelada de sauco y la advertencia de “hace lo que te
dicen pibe…”
A
la señora el fútbol le interesa poco y nada y Gimnasia, sólo la del poder.
Tampoco
le importó que el pibe sea del vecindario de Favaloro, en el Mondongo y que menos
que su alías sea "Gardelito". Gardel en el Patria no imprime ni como personaje del cuento de
Bernardo Kordon, que Lautaro Murúa lo transformó en película en 1961. De esto y
su preocupación por las tarifas que la de Tolosa no quiso escuchar, “porque lo
que importa son los votos”, lo habló con Fernández. Después de todo es él, el
administrador, gerente o mero capataz del poder. Fiel a su dinámica, le dio una
respuesta contundente, hasta que el ex ministro y gobernador bonaerense, Axel
Kiciloff, se la hizo cambiar por otra.

"Gardelito" (Walter Bidarte) y sus amigos en la calle. Pero sólo para Bernardo Kordon y Lautaro Murua. Del filme Alias "Gardelito" (1961)
Ahí, "Gardelito", se enteró que la sarasa no alcanza ni para un par de acordes y que cuando las órdenes vienen de Kiciloff, Fernández, automáticamente se convierte en el primer marxista de la Nación…. Pero no para mimetizarse con la formación del Axel, ni porque se sepa de memoria El Capital. Sino por su devoción desmedida en aquel precepto básico del Marx bueno, Groucho, que hasta intenta imitarle el bigote. “Tengo unos principios, pero si no le gusta tengo otros…”
Recién
se dio cuenta de ello, ahora. Después que lo zarandearan en los medios y recién
cuando los hurgadores de archivos recordaron los principios que esgrimía el
jefe de Dylan, allá por el 2013, cuando la señora de Tolosa, le mentaba la
madre a la Corte Suprema. “Si CFK no entiende por qué la Corte es un ‘contrapoder’
deberíamos averiguar quién la aprobó en Derecho Constitucional. ¡Basta de
sofismas!”

La vicepresidenta, Cristina Fernández con Ignacio Copani. "el cantor de las cosas nuestras".
Pero
ahora que la señora reaccionó porque el alto tribunal no avaló el DNU del
gobierno por el tema de las clases presenciales con “los golpes contra las
instituciones democrática elegidas por el voto popular ya no son como antaño”,
Fernández aplicó su grouchomarxismo al dedillo: “no saben lo que me apena ver
la decrepitud del derecho, convertido en sentencias”.
Pero para Guzmán ya resulta tarde. Ya hacía unos días que había amagado con irse, pero lo convencieron. Un viaje a Europa con su jefe, nunca está demás y hasta le puede servir para repasar la teoría de Groucho. Total la renuncia, al igual que esa deuda que contraeremos mañana, puede esperar. Pero para lo que tiene por delante, el ministro debería aprender, que la única verdad es la realidad y que este gobierno no está dispuesto a pasar de Ignacio Copani. Un compañero de la primera hora. Un artista que en vez de la canción de protesta, tan emparentada con la militancia revolucionaria, suele regalarnos un cancionero propio y digerible a las necesidades gubernamentales. Letras realistas a la medida de la patria.
Porque le tienen que haber explicado a
Guzmán que “tenemos patria…” Composiciones que bien puede servir de guía para
lo que le quede al frente de la cartera económica. Mucho más ahora que tras “delegar”
el tema tarifas en el subsecretario de Energía, Federico Basualdo, le va a
sobrar tiempo. No tendrá excusa, entonces, para escuchar, estudiar y
decodificar al cantor de las cosas nuestras. Al menos la metáfora copaniana de “Lo
atamó con la alambre, lo atamo…” Y así podérselo contar, en un próximo
encuentro y en su excelente inglés, al bueno de Stiglitz. Para que se entere de que madera estamos hechos por aquí abajo.