Viernes, 18 de Marzo del 2022

Del humor y otros testimonios



Foto: el canciller

El Humor: una cuestión de Estado


Hace años ya que el humor desapareció de la televisión, salvo la honrosa y feliz excepción de lo que producen Pedro Saborido y Diego Capusotto, lo mejor de nosotros en tanto generación, digo. Hace tiempos que el humor no imprime en la audiencia y los gobiernos lo saben. Son tan conscientes de ello que hacen todo lo imposible para que nos tomemos todo lo que a ellos respecta para la joda. Y lo raro, en este caso, es que no culpen a los medios por obviar el mejor antídoto contra la depresión, el mejor estimulante para poder sobrellevar la dura e inalterable realidad. 

Y en tren de tomarse todo para la joda, el problema no radica en lo que dicen y los anuncios que formulan, el guion en definitiva; el problema vuelve a ser el de siempre para esta gestión: la comunicación. No comunican bien o, directamente, no comunican. 

Y ahí se transforma en necesario informarle a la sociedad que todo lo hacen “para que mejore el humor social”. Para eso no hacía falta generar una nueva estructura, en este caso una subsecretaría tal la decisión. 


Pedro Saborido y Diego Capusotto: lo mejor de nosotros.



Ya lo dijo el General, que de humor sabía demasiado, “cuando quieras que nada se resuelva nombrá una comisión (una secretaría o un ministerio...).

Pero las capas geológicas de burocracia están ahí, firmes. No se desburocratizan las mentes de un día para el otro. Y si no, pregúntenle a Horacio Rodríguez Larreta. Precursor en la creación de un cargo semejante en el gobierno de la Ciudad. El próximo candidato a la presidencia goza de una estructura tal que hasta se da el lujo de conversar por Zoom con Diego Milito, privilegio que casi ninguno de nosotros, racinguistas que tenemos en Diego I a nuestro monarca, podemos acceder. Pero ese tema se dirimirá en otro tipo de “tribunales”.

El intento gubernamental es de manual. Primero pusimos de moda el término “resiliencia”, no hubo psicoanalizado que se precie que no la haya utilizado por lo menos una vez cada 15 palabras, por lo general en discursos vacuos; después pasó a ser uso de personalidades televisivas en prime time y ahora le había llegado el momento de tener cartera propia, a la resiliencia y al psicólogo de turno Fernando Melillo. El proyecto no duró ni 24 horas. Demasiado tiempo para lo que era: un chiste de poca monta. 

Hay que reconocer que los miembros del gabinete no serán jamás los Les Luthiers, pero también que han conocido tiempos mejores en eso de intentar emular a Luis Sandrini en aquello de hacernos desternillar de risa e inmediatamente hacernos llorar, cada vez con más frecuencia. 

Justo a nosotros, que carecemos de muchas cosas, nos faltan un sinnúmero de cualidades necesarias para dar vuelta a la historia. Ahora, lo que se dice capacidad para superar situaciones traumáticas (resiliencia), cada argentino podría hasta dictar másteres por las esquinas, en los despachos del poder o en cualquier tipo de tugurio donde se necesite soportar lo insoportable.

Ya sin ministerio ni secretaría que valga, está comprobado que los esfuerzos gubernamentales, y de la clase política toda, para mejorar el humor social no son suficientes. Ni los saludos de Dylan a Brownie, la mascota del presidente chileno Gabriel Boric vía Instagram, ni la cadena de boutades en la que suele incurrir “la primera guitarra de la Patria” logran su cometido. Mucho menos el anuncio que va a arrancar la guerra contra la inflación, a partir “del viernes”. Eso se erige en una demostración para los que creyeron que el hombre está influenciado por su par ruso, Vladimir Putin. Nada más alejado de la realidad. Aquello de que Argentina “se convierta en la puerta de entrada de Rusia en América Latina” fue una chanza para la que buena parte de la sociedad no está preparada. No todos están capacitados para entender el lenguaje dúctil de la diplomacia. Ahora lo del “viernes” no fue otra cosa que intentar plagiar al gran Miguel Gila (1919-2001), un humorista español, para los que no lo conocen, altamente recomendable. Principalmente cuando hablaba por teléfono con el enemigo en medio de la guerra y le avisaba cuáles eran los movimientos que sus tropas se aprestaban a realizar. Pero tranquilos, Gila era demasiado inteligente para intentar parecerse a un presidente siendo humorista. 



capacidad para superar situaciones traumáticas (resiliencia), cada argentino podría hasta dictar másteres por las esquinas, en los despachos del poder o en cualquier tipo de tugurio donde se necesite soportar lo insoportable.






No sabemos si su par español, Pedro Sánchez, por estos días rodando un documental sobre su cotidianeidad en el Palacio de La Moncloa como para distraerse un poco de lo que se le viene encima, o algún amigo español, hayan sido los que le advirtieron a la Casa Rosada sobre los derechos de autor de Gila, pero lo cierto es que la inflación está bien atrincherada y el comandante en Jefe de esta suerte de armada Brancalone que somos, dejó pasar el viernes sin dar la orden. Lo más probable es que no se haya podido comunicar con el enemigo. Todo es posible.

No obstante “la prima guitarra” ya tiene a su disposición la honda y las piedritas bien alineadas en el escritorio de su despacho para cuando decida empezar el combate contra la suba indiscriminada de precios, hay que advertir que la oposición no solo se muestra dispuesta a ayudar al gobierno para que el FMI tenga lo que pidió. También colabora, y mucho, en esto de mejorar siempre el humor de la monada. Tienen con qué. Cuando no es Patricia Bullrich es el expresidente Mauricio Macri. Mientras medio país se sigue acordando de su familia, cuando rememoran la forma en que endeudó a las futuras generaciones en tiempo récord, Mau cargó en las maletas un par de barajas de póquer, la camiseta de Boca y el número de teléfono de Silvio Berlusconi (su numen inspirador) y se fue a su madre patria, Italia, a representar a la Argentina en un campeonato de bridge.

Una confirmación más de que lo suyo es la timba (financiera y de cuanta especie vaya surgiendo). Eso se llama tomarse en serio su rol en esta película. Después no vayan a preguntar por qué alguno por ahí lo apodó “Fredo”, el hijo tarambana de don Corleone.


El expresidente Mauricio Macri. Pasión por la timba de todo tipo.

      


            Al que no le cabe ni una pizca de humor es al canciller, Santiago Cafiero. Algunos se lo tomaron para la joda, ya sea por su nivel de inglés o por el texto que apareció en su Power Point, durante su exposición en un feria tecnológica en Dubái. Se carajeó con un reconocido periodista (de) “independiente”, que osó cuestionar su pronunciación. Los del conourbano (y San Isidro también lo es, mal que les pese a muchos), lo hablamos (el inglés) como podemos, cuando lo hablamos. 

Ahora, lo del Power Point no fue un error que se le pueda imputar al novel canciller, sino un heroico acto de sinceridad en defensa de los intereses nacionales. Veamos: cuando promediaba su exposición en la pantalla apareció el texto: “Argentine Tech: Edge innovation to improvice capacities worldwide” (“Tecnología Argentina: Innovación de punta para improvisar capacidades en todo el mundo”).



El canciller, Santiago Cafiero defendiendo los intereses nacionales. 




Apareció “improvice” en vez de “improve” (que en español significa mejorar, aumentar). Pero como nosotros no estamos en condiciones de mejorar nada y de aumentar tampoco, escogió decir “improvice” (o sea, improvisar), disciplina en la que somos una verdadera potencia, un fenómeno de la naturaleza, una fuente inagotable de improvisaciones en todos los ámbitos y estilos. Así es que el que avisa no traiciona y el canciller salvó al país de cientos, miles, decenas de miles de pleitos millonarios en la Organización Mundial de Comercio (OMC). 

                    Una demostración acabada de que el juvenil canciller, más allá de su carencia de dotes humorísticas,  tiene futuro en el mundo de la diplomacia. Obró como ¡un gran argentino!

  Pero en esas lides, Cafierito no está solo. No es el único en el gobierno que anda con la sonrisa difícil. A la señora vicepresidenta no le hacen ninguna gracia los sketches de Fernández, como tampoco esas puestas en escena que dejaron su despacho casi como si fuese una oficina cualquiera en Lviv (Ucrania), después de un ataque de las fuerzas rusas. Cuestiones de carácter más que de cartel.

                    Pero la gran pregunta es ¿cómo hacer para  mejorar el humor social? Esa es el interrogante que le quita el sueño —y hasta su ubicación en tiempo y espacio— a “la primera guitarra”.



 

            Tal vez la única esperanza esté en manos de la Lio´s & Company, que no es precisamente una multinacional del desorden sino la sociedad que conforman Lionel Messi, Lionel Scaloni y el resto de los integrantes de esa selección de fútbol seria candidata en el mundial de Qatar.. Pero para eso habrá que esperar hasta diciembre. Toda una eternidad, si nos guiamos por el calendario argento. 

               Pero ante este escenario tan cruel y complicado, tan pesimista y con el mundo en llamas, debemos recuperar cuanto antes el humor perdido. Y eso solo se logra con buenos humoristas. Por eso, viendo lo que se viene con tanto Milei y Berni, con Fredo siempre listo para reincidir y la guitarra mayor del oficialismo tentado de hacer la remake de “Adiós, Sui Generis”, desde esta humilde trinchera, ya trabajamos por la única fórmula que en el 2023 nos puede sacar de este atolladero: “Saborido-Capussotto”. 

            Y en virtud de ello ya somos materia dispuesta para salir a embadurnar las paredes del país todo, del Congreso y de la Casa Rosada, también con la consigna de la hora: “Bombita Rodríguez al gobierno, Violencia Rivas al poder…”.