HABLANDO DE VACUNAS: DE CIENTIFICAS, PIONERAS E INMIGRANTES

Katalin Karikó.Durante sus años en Hungría
LA PIONERA EN VACUNAS BASADAS EN LA BIOTECNOLOGÍA
Por Josefina Cano (https://ciertaciencia.blogspot.com)
Katalin Karikó, nació en Hungría hija de un carnicero. Inició sus estudio de microbiología y al conseguir su doctorado y sin mayores perspectivas en su país, decidió volar a Estados Unidos con su esposo y su hija de dos años. Solo llevaban el poquísimo dinero que lograron juntar vendiendo todo lo que tenían, cosido dentro de un osito de peluche.
En la Universidad de Pensilvania logró un trabajo como
investigadora pero al no tener los apoyos suficientes, pasaba de un laboratorio
a otro, buscando siempre mejorar y mantenerse trabajando en lo único que le
importaba: demostrar que el ARN (la molécula de una sola fibra, hija de su
famosa progenitora) podía usarse para tratar un puñado de enfermedades que iban
desde los infartos, el cáncer hasta la influenza.
Pasaron cuatro décadas llenas de escepticismo hacia su
propuesta. Es que no iba en la línea de las investigaciones pioneras, las que
se llevaban todo el dinero, las que se mostraban promisorias y llenas de
brillos. No le importaron los rechazos de los que financiaban las
investigaciones, ni siquiera los de sus propios colegas. Ella seguía.
Una investigadora intensa y centrada
siempre vivió para el laboratorio. No le interesa la fama. “Todo está allí, en
mi punto de trabajo, qué más importa”?
Mantenerse a flote en la academia no es
nada fácil, menos cuando se trabaja con una idea que es novedosa y compleja.
“Cuando su idea va contra el conocimiento
convencional que impera, vuelve muy difícil romper esa reticencia”, dice David
Langer, un neurocirujano que ha trabajado con Kariko.
El ARN MENSAJERO
El trabajo de Karikó con el ARN mensajero
(la molécula que viaja del núcleo de la célula llevando instrucciones para
hacer proteínas), ARNm, empezó en su Hungría natal pero se acabó cuando el
instituto cerró en 1985. Lo siguió en la Universidad de Pensilvania, aunque ahí
también se truncó por falta de financiación.
La idea de trabajar con moléculas de ARNm
se basa en que si se puede sintetizar el código de ese ARN en el laboratorio,
se le puede enseñar a las células y al organismo a combatir una serie de
enfermedades.
Sin embargo, durante años se presentó un
problema que parecía insoluble: el ARNm causaba una reacción inflamatoria
cuando se inyectaba. Fue solo hasta el 2004 cuando Karikó y su colega Drew
Weissman encontraron que si hacían una pequeña variación en un lugar del ARN,
solventaban el problema.
“Ese fue el momento del asombro, cuando
me sentí muy bien y me dije, bueno, esto es muy, muy importante”.
El artículo que publicaron con Weissman
en 2005, no solo fue el fundamento para la vacuna del coronavirus desarrollada
por Pfizer BioNTech (Karikó hace parte de BioNTech desde 2013), sino también la
de Moderna.
Karikó está segura de que las vacunas
basadas en el ARNm son las “más seguras” fabricadas hasta hoy. Los expertos
están de acuerdo afirmando que la tecnología es más “limpia” que la usada para
fabricar las vacunas convencionales pues el ARNm se degrada de forma rápida,
sin dejar rastros.
“Todo desaparece, la proteína viral
desaparece, dejando solo el anticuerpo”, dice Karikó.
Ella insiste que esa prueba de su idea,
de su concepto inicial es un “sueño hecho realidad”, aunque los años de
oscuridad que la envolvieron durante las décadas que estuvo peleando por dinero
y recursos para sacarla adelante, vuelve bastante difícil que sus ojos se
acostumbren a la luz tan intensa de los focos de atención que la rodean ahora.
“Claro que nunca había imaginado el
relumbrón de esta tecnología. Aún sabiendo del muy elevado interés en enfrentar
la pandemia, no estaba preparada para esto”, comenta de su inusual y nuevo
papel de estrella.
Y no es de extrañar. Quien solo sabe del
trabajo sin descanso, de batallas incontables, de noches sin dormir, o de
hacerlo en medio de tubos de ensayo, lo de pasar a ser centro de atención, poco
o nada le importa.
Pero a diferencia de los años noventa, su
entusiasmo sobre las posibilidades futuras de la tecnología del ARNm, no es ya
la opinión de una minoría.
“Esto es una reivindicación del ARNm como
un elemento capital en la biotecnología. Abre toda una nueva clase de terapias
y vacunas. Mientras el mundo trabaja en cómo reducir los riesgos de epidemias o
pandemias futuras, esta será una herramienta crítica, útil”, dice Richard
Hatchett, director ejecutivo de la Coalition for Epidemic Preparedness
Innovations (Cepi)
Muchas voces se unen a afirmar que Karikó
y su colega Weissman deberían ser premiados con el Nobel de química por sus
importantísimos hallazgos y su trabajo.
“Si alguien me pregunta por quién votar,
los pondría a los dos en el centro. Su descubrimiento fundamental se traducirá
en medicamentos que ayudarán a salvar el mundo”, dice Derrik Rossi, co fundador
de Moderna.
Un viaje que se inició hace cuatro
décadas y que sigue para esta investigadora. Mujer y encima inmigrante que se
ha visto envuelta en mil peleas y avatares saliendo siempre a flote con toda su
sencillez, vaya si es un fenomenal ejemplo a seguir.