Sábado, 17 de Abril del 2021

HABLANDO DE VACUNAS: DE CIENTIFICAS, PIONERAS E INMIGRANTES


Katalin Karikó.Durante sus años en Hungría 


LA PIONERA EN VACUNAS BASADAS EN LA BIOTECNOLOGÍA

Por Josefina Cano (https://ciertaciencia.blogspot.com)



 Katalin Karikó, nació en Hungría hija de un carnicero. Inició sus estudio de microbiología y al conseguir su doctorado y sin mayores perspectivas en su país, decidió volar a Estados Unidos con su esposo y su hija de dos años. Solo llevaban el poquísimo dinero que lograron juntar vendiendo todo lo que tenían, cosido dentro de un osito de peluche.


En la Universidad de Pensilvania logró un trabajo como investigadora pero al no tener los apoyos suficientes, pasaba de un laboratorio a otro, buscando siempre mejorar y mantenerse trabajando en lo único que le importaba: demostrar que el ARN (la molécula de una sola fibra, hija de su famosa progenitora) podía usarse para tratar un puñado de enfermedades que iban desde los infartos, el cáncer hasta la influenza.

Pasaron cuatro décadas llenas de escepticismo hacia su propuesta. Es que no iba en la línea de las investigaciones pioneras, las que se llevaban todo el dinero, las que se mostraban promisorias y llenas de brillos. No le importaron los rechazos de los que financiaban las investigaciones, ni siquiera los de sus propios colegas. Ella seguía.

 “Cuando me tumban, sé muy bien cómo rearmarme. Siempre me ha gustado trabajar. Solo imaginarme la cantidad de enfermedades que podía tratar me daba alegría”, declara ahora que ha salido a la luz la importancia de su trabajo.


LA PIONERA DE LAS VACUNAS BASADAS EN LA BIOTECNOLOGíA | Cierta Ciencia


Una investigadora intensa y centrada siempre vivió para el laboratorio. No le interesa la fama. “Todo está allí, en mi punto de trabajo, qué más importa”?

Mantenerse a flote en la academia no es nada fácil, menos cuando se trabaja con una idea que es novedosa y compleja.

“Cuando su idea va contra el conocimiento convencional que impera, vuelve muy difícil romper esa reticencia”, dice David Langer, un neurocirujano que ha trabajado con Kariko.

 

El ARN MENSAJERO

 

El trabajo de Karikó con el ARN mensajero (la molécula que viaja del núcleo de la célula llevando instrucciones para hacer proteínas), ARNm, empezó en su Hungría natal pero se acabó cuando el instituto cerró en 1985. Lo siguió en la Universidad de Pensilvania, aunque ahí también se truncó por falta de financiación. 

La idea de trabajar con moléculas de ARNm se basa en que si se puede sintetizar el código de ese ARN en el laboratorio, se le puede enseñar a las células y al organismo a combatir una serie de enfermedades. 

Sin embargo, durante años se presentó un problema que parecía insoluble: el ARNm causaba una reacción inflamatoria cuando se inyectaba. Fue solo hasta el 2004 cuando Karikó y su colega Drew Weissman encontraron que si hacían una pequeña variación en un lugar del ARN, solventaban el problema.

“Ese fue el momento del asombro, cuando me sentí muy bien y me dije, bueno, esto es muy, muy importante”. 

El artículo que publicaron con Weissman en 2005, no solo fue el fundamento para la vacuna del coronavirus desarrollada por Pfizer BioNTech (Karikó hace parte de BioNTech desde 2013), sino también la de Moderna.

Karikó está segura de que las vacunas basadas en el ARNm son las “más seguras” fabricadas hasta hoy. Los expertos están de acuerdo afirmando que la tecnología es más “limpia” que la usada para fabricar las vacunas convencionales pues el ARNm se degrada de forma rápida, sin dejar rastros. 

“Todo desaparece, la proteína viral desaparece, dejando solo el anticuerpo”, dice Karikó. 

Ella insiste que esa prueba de su idea, de su concepto inicial es un “sueño hecho realidad”, aunque los años de oscuridad que la envolvieron durante las décadas que estuvo peleando por dinero y recursos para sacarla adelante, vuelve bastante difícil que sus ojos se acostumbren a la luz tan intensa de los focos de atención que la rodean ahora.

“Claro que nunca había imaginado el relumbrón de esta tecnología. Aún sabiendo del muy elevado interés en enfrentar la pandemia, no estaba preparada para esto”, comenta de su inusual y nuevo papel de estrella.

Y no es de extrañar. Quien solo sabe del trabajo sin descanso, de batallas incontables, de noches sin dormir, o de hacerlo en medio de tubos de ensayo, lo de pasar a ser centro de atención, poco o nada le importa.

Pero a diferencia de los años noventa, su entusiasmo sobre las posibilidades futuras de la tecnología del ARNm, no es ya la opinión de una minoría.

“Esto es una reivindicación del ARNm como un elemento capital en la biotecnología. Abre toda una nueva clase de terapias y vacunas. Mientras el mundo trabaja en cómo reducir los riesgos de epidemias o pandemias futuras, esta será una herramienta crítica, útil”, dice Richard Hatchett, director ejecutivo de la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (Cepi)

Muchas voces se unen a afirmar que Karikó y su colega Weissman deberían ser premiados con el Nobel de química por sus importantísimos hallazgos y su trabajo.

“Si alguien me pregunta por quién votar, los pondría a los dos en el centro. Su descubrimiento fundamental se traducirá en medicamentos que ayudarán a salvar el mundo”, dice Derrik Rossi, co fundador de Moderna.

Un viaje que se inició hace cuatro décadas y que sigue para esta investigadora. Mujer y encima inmigrante que se ha visto envuelta en mil peleas y avatares saliendo siempre a flote con toda su sencillez, vaya si es un fenomenal ejemplo a seguir.