CHILE: ¿LLEGA LA HORA DE LA ÚLTIMA TRANSICIÓN?

CHILE
A (des)armar el modelo
Por José Vales
Una elección singular. Una doble jornada que ya fue bautizada como las “mega-elecciones”,
en la que se definirá el próximo fin de semana si, finalmente, los chilenos
ingresan en la última transición desde que en 1990, llegara a su fin la
dictadura de Augusto Pinochet.
Treinta y un años y siete gobiernos después y un autoproclamado “modelo”
en la región que desde, por lo menos, hace dos años comenzó a (des) armarse, el
país todavía pelea por sacarse de encima el peso cultural, político y económico
de aquellos 17 años de dictadura.
Durante esta etapa de una democracia diseñada en los cuarteles, junto a una
macroeconomía con números para lucir, los distintos gobiernos tanto los de las
Concertación Democrática (CD) como los dos de la derecha, en la persona de
Sebastián Piñera, se esforzaron en mantener el "statu quo", que recibieran aquel
11 de marzo de 1990, del dictador Pinochet.
Lo que dice una obra colectiva en materia de conservación política y económica,
con diferencias ideológicas tan sólo en lo discursivo.
Una macroeconomía sólida, pero generadora de desigualdades paulatinas y
constantes, era lo que podía mostrar Chile, luego de erigirse en el banco de
pruebas -allá por la segunda mitad de los años 50- de la Escuela de Chigago en
la Universidad Católica de Chile, por influencia de otro militar, el presidente
de entonces, Carlos Ibáñez del Campo (1952-1958).
Ese es lo que los economistas chilenos suelen marcar como la piedra
inaugural del neoliberalismo en el país. Además, de la macroeconomía y el cobre
en manos del Estado (un pequeño gran detalle a la hora del análisis) y la
apertura de mercados, la dictadura dejó una rémora que arranca por las
carencias en el sistema de salud y van hasta una educación elitista y costosa
para el grueso de una sociedad que desde el 2006, había comenzado a evidenciar
su hartazgo.
Esa ebullición que había comenzado con la protesta de “Los Pinguinos”,
como se conoció a las manifestaciones de los estudiantes secundarios, eclosionó
con fuerza en el 2019 y el año pasado. Y de aquellos vientos estas tempestades.
Mientras los distintos gobiernos aplicaban el “no innovar”, en materia
social y económica, a lo largo de la era post Pinochet, subterráneamente se iba
desarmando ese modelo, que hasta llegó a tener candidatos por doquier a
imitarlo en los países vecinos. El armado, ahora parece un poco más complejo. Y
recién podría arrancar una vez que en la
noche del domingo, se conozca a los actores de la futura Convención Constituyente.
Lo chilenos elegirán a los 155 delegados que tendrán a su cargo la
redacción de la Carta Magna. Ese cuerpo quedará conformado por 138
convencionales de los distintos distritos del país y los otros 17 curules serán
ocupados para representantes de los 10 pueblos originarios reconocidos oficialmente.
Mientras los distintos gobiernos aplicaban el “no innovar”, en materia social y económica, a lo largo de la era post Pinochet, subterráneamente se iba desarmando ese modelo, que hasta llegó a tener candidatos por doquier a imitarlo en los países vecinos.
Además de convencionales se elegirán concejales, alcaldes y gobernadores
en las elecciones más atípicas y largas de
la historia del país, de los miles de candidatos distribuidos en 70 listas de todo el espectro político.
La oposición aparece representada en las listas "Apruebo Chile Digno" y "Que Chile Decida", que abogan por no dejar
ni rastros ni nombres de la actual constitución pinochetista.
Todas las transiciones, la transición…
En diversas oportunidades en las últimas tres décadas se fue hablando del final de la transición democrática, pero
siempre surgía otra transición.
La primera fue en el 90, con la entrega del poder, después se habló de los mismo en 1998 cuando el general Pinochet,
renunció a la comandancia del Ejército, desde donde se erigía en un amenazante fiscal del gobierno de Patricio Aylwin
(1990-1994) y los primeros dos años del de Eduardo Frei
(1996-2000).

Las protestas desde el 2019 que forzaron esta elección constituyente
La otra fue cuando un socialista, como fue el caso de Ricardo Lagos (2000-2006), llegó al Palacio de La Moneda y así
en otras tantas
ocasiones. Pero los resabios de la dictadura estuvieron a buen resguardo por
cada uno de los
gobiernos que se fueron sucediendo.
Ahora, Chile podrá darse la oportunidad de generar una nueva democracia con instituciones más abiertas y
participativas y armar un nuevo modelo con un
desarrollo más equitativo, tal el reclamo de distintos sectores en los
últimos
años, y cuando la fractura social quedó más que expuesta.
Una vez que se instaure la Convención y se redacten las normas y su correspondiente
articulado, deberán ser
aprobados por los dos tercios del cuerpo y entonces sí, el presidente Piñera, quien atraviesa su peor momento en el
gobierno, tendrá que convocar a un plebiscito para aprobar o no la nueva Constitución. Recién ahí, de una vez y
después de más de tres décadas, llegaría el final de la transición
o, ¿Por qué no? de todas las transiciones de Chile.