Lunes, 20 de Diciembre del 2021

CHILE: CAMBIO DE EPOCA


FINALMENTE: SE ABRIERON LAS ALAMEDAS

Por José Vales 

Al menos en lo simbólico, Salvador Allende estaba en lo cierto, aquel 11 de septiembre poco antes del trágico final. Las alamedas de Santiago se abrieron y desbordaron de alegría y de emoción, para celebrar el fin de todas las transiciones chilenas, acaecidas desde aquel 11 de marzo de 1990, cuando Patricio Aylwin recibió la presidencia de manos de Augusto Pinochet.

         Los chilenos acabaron ayer con todas aquellas transiciones que fueron soportando a lo largo de más de tres décadas y, de paso, acabaron con el pasado. Con una vetusta clase política que sólo supo mantener el status quo heredado y poco más. De ahí que no represente una casualidad que Gabriel Boric, y sus 35 juveniles años, sea el timonel de este nuevo proceso que arrancará en otro 11 de marzo histórico: el del 2022.

         Su nombre es el emergente de la lucha que los estudiantes universitarios encabezaron, allá por el 2011, y que fue la piedra basal de la lucha por la democratización que derivó en la Asamblea Constituyente: Ese cuerpo multicolor desde lo social y étnico que desde julio pasado, trabaja en una nueva constitución para un país que anoche terminó de romper la última cuerda que lo sujetaba con el pasado.

         También desde lo simbólico, ese final comenzaba a esbozarse desde el pasado jueves, cuando se anunció la muerte de “la Momia mayor”, como era conocida Lucia Hiriart, viuda de Pinochet, la mujer que más había influido en el accionar de su esposo, desde antes del golpe de Estado y disco duro de todo lo que aconteció en las esferas de poder criminal con el que se había diseñado ese Chile que ayer llegó a su fin.



   Salvador Allende y la experiencia trunca de la Unidad Popular en 1973       


    
        Boric y su juventud, desembarcarán en la Moneda con una alianza muy similar, en lo ideológico, a la Unidad Popular, que gobernó entre 1970 y 1973. Hasta el Partido Comunista —el que contuvo, sostuvo y le fue leal hasta el final a Allende, a diferencia de los otros partidos de la coalición—, formará parte del nuevo gabinete.

         Su llegada al gobierno está plagada de desafíos. Su agenda de gobierno surge novedosa y rebosante de esperanza, con serios compromisos en materia de Educación y salud pública, dos ítems petrificados en los discursos y en los presupuestos desde la dictadura; con políticas medioambientales e incluyendo en la agenda a las etnias originarias, en pleno conflicto en el sur del país. Aunque el flanco que tendrá que proteger mejor desde la presidencia será la ofensiva de las elites, golpeadas, vapuleadas en las calles y en las urnas, agazapadas y aguardando articular estrategias con los partidos de derecha y centroderecha que dejarán en minoría al oficialismo en el Valparaíso, donde funciona el Congreso.




 Su nombre es el emergente de la lucha que los estudiantes universitarios encabezaron, allá por el 2011, y que fue la piedra basal de la lucha por la democratización que derivó en la Asamblea Constituyente: Ese cuerpo multicolor desde lo social y étnico que desde julio pasado, trabaja en una nueva constitución para un país que anoche terminó de romper la última cuerda que lo sujetaba con el pasado.





             Boric y su juventud, ya han dado muestras de cintura política para ir y venir con los estudiantes que lo catapultaron a los primeros planos políticos primero y al Congreso después, y con sus pares dentro de su formación, El Frente Amplio. Ahora deberá demostrar que sabrá rodearse lo suficientemente bien y tener el oído y los ojos en la calle, como lo prometió en la

campaña. Todas las miradas de la región volverán a estar puestas en Chile. No ya para estudiar la experiencia de la Unidad popular y el marxismo en democracia sino para observar con detenimiento cómo arranca una nueva era en manos del progresismo cuando la crisis económica, a nivel global y los gritos cada vez más fuerte de la ultraderecha en diferentes lugares del mundo, comienzan a sentirse con cierta intensidad.   

  

 Gabriel Boric: una esperanza llena de desafíos.         


Por todo lo que representa el triunfo de Boric, por el final de época al que asistimos en Chile, y por los desafíos que su gobierno tendrá por delante, aquellas calles antes ensangrentadas y hoy empobrecidas, vuelven a ser dignas de pisar con más ganas para seguir de cerca su derrotero en el que se embarcó la mayoría del país y ver si la esperanza, que se ganó lugar dentro y fuera del país, logra contagiar en la región.