CARNAVALES II: Miércoles de cenizas

Todos los fuegos de la patria
En vísperas de las fechas carnavalescas, algunos corsos ya se habían ido animando. Uno de los carnavales más populares de la patria está en Gualeguaychú y, tal como lo anunciábamos en la entrega anterior, Patricia “Pato” Bullrich hizo su presentación luego de su exitoso paso por el Cosquín Rock. Todo dentro de lo previsible. No se ha reportado si fue un éxito de taquilla, pero lo que es en la prensa cumplió sus fines. Como cumplió con creces la presentación de Sergio Berni y su helicóptero, en las fogatas correntinas. Allí, el exmilitar y exmédico infiltrado en las huelgas de los mineros en Río Turbio, allá en los lejanos años 90, dio una pista más de su inminente cambio de estilo. Ya parece listo para dedicarse de lleno a otro género artístico: interpretar una corriente kirchnerista de ultraderecha, con la que limar a “Micky” Milei o, en el peor de los casos, compartir juntos el helicóptero en más de una presentación. Entre ellos el problema no parece ser ideológico, sino de cartel. Habría que consultar a Ricardo Iorio para que opine cómo los ve juntos, haciéndose los pesados, después de haber truchado la balanza.
Patricia Bullrich, en Gualeguaychú. a todo carnaval.
Ya en la previa
del Carnaval, el presidente, Alberto Fernández, escogió la Costa Atlántica. Al
pasar por Mar de Ajó, dejó la guitarra en el ropero y se tentó en la playa para
ponerse a atajar penales a un chico de 12 años. Un gesto para destacar. Al
menos recordó aquello de que “los únicos privilegiados son los niños” y se
prestó para que el pibe pueda festejar a lo grande y tener una anécdota para
contarles a sus nietos. No podremos saber cómo hará para explicarle a su
descendencia que, precisamente nuestro Beto, no es lo que se diga un buen
atajador de penales. En el gobierno no paró ni uno. Tiene la excusa, como me
recordaba un amigo con tanto potrero como periodismo, que a un presidente no se
lo elige para que los ataje sino para que los patee y los convierta. Para
atajarlos tiene que tener a los ministros. Pero este gabinete, salvo alguna que
otra excepción, está conformado por varios familiares de Clemente, aquel mítico
personaje de Caloi.
Por eso
José Luis Félix Chilavert intenta llegar a la presidencia de su país, Paraguay,
porque a excepción de muchos políticos él no sólo los atajaba sino que también
los convertía.
La vocera
presidencial no llegó confirmar cómo seguiría la gira de Carnaval de la primera
guitarra de la patria, en los días venideros. Menos mal. Otros fuegos más
lejanos terminaron alterando la agenda. No se supo si la idea de Beto era volver
a rehabilitar el Salón Blanco para algunos conciertos, si iría después de Los
Palmeras, en la segunda noche en Susana (no Giménez, sino la ciudad homónima de
la provincia de Santa Fe) o en Serodino, patria chica del gran Juan José Saer,
también santafecino. A Gualeguaychú no iba a llegar Fernández. Y es que está un
poco más cerca de Corrientes, otra histórica plaza carnavalesca. “La capital
nacional del Carnaval”, donde este año se suspendió a raíz del incendio que se
devoró parte de la provincia. Y había riesgo de que las puteadas a su persona
llegasen hasta Ñandubaysal, por lo menos. Por eso, para acallar al coro (de
puteadas a su persona) finalmente sobrevoló Corrientes, para cuantificar el porqué
se lo putea tanto por la ausencia del Estado. No se informó, hasta el momento,
si tras esa recorrida, terminó enterándose de que es él, presidente al fin, “la
máxima representación del Estado”, como el gobernador Gustavo Valdés lo es de
lo que queda de su provincia.
Y es que en
verdad, los incendios habían comenzado allá por diciembre. Entre fiesta y
fiesta, el gobierno provincial primero le hizo poco caso al fuego y después
creyó que podía, hasta que la situación comenzó a agravarse y el gobernador Valdés
se decidió a suplicarles a las autoridades nacionales. No encontró debida
respuesta. Algunos sostienen que en la Casa de Gobierno escuchaban los gritos
de auxilio que llegaban desde los esteros del Iberá y creyeron que se trataba
de un grupo de Sapucay, en pleno chamamé o que se trataba de hombres y mujeres
en medio de un torneo de pesca de dorados.
Javier Milei y Sergio Berni: Tan cerca...Click en la foto
Con el
correr de las semanas el drama era mayúsculo, pero en la Casa Rosada, no había
casi nadie. Tampoco en el Ministerio de Medio Ambiente. Por lo menos, nadie que
decidiera algo. El presidente y el ministro, Juan Cabandié, andaban de viaje
por Moscú y Pekín o Barbados, tratando de peronizar al cadáver embalsamado de
Lenin y a la foto de Mao Tse Tung en la Ciudad Prohibida. Sí, estaba la
vicepresidenta, Cristina Kirchner, a cargo del Ejecutivo, pero como últimamente
no habla, no sabemos si logró escuchar. De ella, jefa formal de la Nación al
fin, se esperaba al menos que se diera una vuelta por Esquina. Aunque más no
sea para inaugurar una estatua a la familia Maradona, oriunda de esos pagos en
desgracia. Y es que a Evita no sólo hay que citarla, en lo posible habría que
imitarla. Ahí está el archivo General de la Nación para saber lo que el mito
Duarte hizo por Caucete, tras el terremoto en 1944. Pero bueno, todavía hay
tiempo.
El que no
tiene tiempo es la primera guitarra de la patria. Al parecer el fuego que
arrasa Corrientes, además del drama, las pérdidas y la demostración (una vez
más) de la ausencia del Estado, bien puede ser utilizado como escenografía para
representar cómo se le han quemado todos los papeles al hombre.
Lo extraño es que tampoco los haya movilizado el ver a la fauna en peligro. Yacarés, carpinchos y otras especies pereciendo bajo las llamas o escapando de ellas. Habría que explicarles que en Corrientes hay una variedad de aves silvestres única en el país y los que corren riesgo son los monos carayá, para que no los confundan con los “Gorilas”. Estos están siempre a buen recaudo y los autóctonos simios aulladores ya venían en franca extinción.
....Algunos sostienen que en la Casa de Gobierno escuchaban los gritos de auxilio que llegaban desde los esteros del Iberá y creyeron que se trataba de un grupo de Sapucay, en pleno chamamé...
La ayuda
llegó tarde y resultó escasa. Antes llegó la de Buenos Aires. Al menos eso fue
lo que anunció Horacio Rodríguez Larreta. Siempre es de esperar que no hayan
mandado a esos del chaleco amarillo que patrullaban las calles de la ciudad
durante la pandemia. En ese caso, ¡pobres los hermanos correntinos!
Llegó mucho
antes la ayuda de Brasil, el país del Carnaval, y luego la de las demás
provincias, después la de Bolivia, mientras Cabandié se esperanzó en una lluvia
que resultó un fiasco. Es evidente que la meteorología no es lo suyo.
Si no
fuera porque el año pasado pasó algo parecido en Chubut y en Córdoba, en sus
respectivos incendios, se podría llegar a pensar que se trata de una venganza
histórica contra los correntinos por eso de andar diciendo “si no conoce
Corrientes no conoce mi país…” o por haber andado coqueteando con José Gervasio
de Artigas, formando parte de la República de Entre Ríos, o enfrentarse
constantemente al rosismo, hasta el desenlace en la batalla de Caseros, allá en
el siglo XIX. Pero tranquilos. No es más que una débil hipótesis. En este
gobierno, como también en la oposición, son incapaces de reparar ya en estos
antecedentes históricos.
Pero mirándolo bien, nuestro Beto presidente, tuvo su cuota de suerte. Su proveedor preferido de vacunas no le soltó un mango a su paso por Moscú, pero desató una guerra de órdago que ayudo a apocar el carnaval y que las puteadas de medio país, quedaran silenciadas por las imágenes y el tenor de lo bombardeos en Kiev y zonas aledañas. Una demostración de que con los aliados, no todo es dinero…
Y como cada crisis representa una oportunidad, ahí
apareció la acción solidaria y el don recaudatorio del influencer (resultado de la evolución en la raza de los operadores
políticos), Santiago Maratea, que supo juntar en tiempo récord una notable
cantidad de fondos para ayudar a los damnificados. Un nuevo nombre a contemplar
en la lista de la primera guitarra de la patria. No para que le maneje las
redes sociales, precisamente, no, sino para pensar en ofrecerle un cargo en la
AFIP, ahora que hay que mejorar la recaudación, como lo exige el FMI, con el
que habrá que verse las caras de una vez, ahora que al carnaval, inevitablemente,
le llegó su miércoles de cenizas.