CARNAVAL Y RESURECCION

Volver a vivir el Carnaval
Poco a poco. Con cierta timidez estructural en los
movimientos todo va volviendo a la normalidad. No hemos alcanzado todavía el
ideal pero ahí vamos, en busca de tiempos más normales que los actuales, si es
que alguna vez los hubo.
Es tal la
crisis que nos viene afectando desde hace décadas que para encontrar cierta
normalidad habría que remitirse a los gloriosos años 60 y 70, cuando los
carnavales eran eso: CARNAVALES. Sandro y Leonardo Favio, presentándose en
cuatro o cinco clubes por noche, los pibes jugando a la guerra del agua en las
tardes no siempre tan calurosas y aquellos muchachos que no podían gritar a los
cuatro vientos sus preferencias sexuales, aprovechaban el lugar que se le abría
en las murgas barriales para travestirse y SER… sin tener que reprimirse, al
menos, por un par de noches. Y es que aquellos eran tiempos de represión de
todo tipo, básicamente la sexual. Se iban a necesitar años de lucha y
concientización para llegar al Todxs, a los documentos binarios, y a los drag
queen y a cada uno de los derechos igualitarios. Aleluya.
En el camino, el Carnaval fue perdiendo su esencia, su razón de ser. Se fue esfumando en la vida misma, como para desairar a Víctor Daniel, el autor de ese famoso tema que la guarachera mayor de Cuba, doña Celia Cruz, paseó por todo el mundo. La vida es desigual y la vida no es un carnaval. Al menos para la mayoría. Eso es, puntualmente, lo que no se normalizó aún: que la fiesta del Rey Momo se socialice y vuelva a ser para las grandes mayorías, para todos por igual y no para unos pocos. Precisamente son esos pocos, los que hoy motorizan el regreso aquella anhelada y nostálgica normalidad. Ya no están los Sandro y los Favio. Hoy te tenés que conformar con L-Gante carajeándose desde Tecnópolis con Viviana Canosa, o con Patricia “Pato” Bullrich entrando de lleno en el Cosquín Rock.
Patricia Bullrich en el Cosquin Rock. Promete participar del Carnaval de Gualeguaychú. Click en imagen
Tiene su lógica, no vayan a dudar
de ello. La jefa del PRO, la ex ministra de Seguridad y de Trabajo en tiempos
diversos, la ex militante de Montoneros y ex cuñada de Rodolfo “El Loco”
Galimberti, fue artífice de una gesta heroica y por la cual la patria aún hoy la
reconoció con distinción alguna. Fue la responsable que su prima, la cantante Fabiana
Cantilo, asistiera alguna vez a un concierto de Rock y descubriera allí, su
vocación por la música. Nada menos que en un concierto del gran Luis Alberto
Spinetta. Una prueba fidedigna de que el peronismo trasciende todas las
fronteras de la discusión política. Porque el flaco como “la Pato”, también
militaban por entonces. El poeta del rock en JAEN (Juventudes Argentinas para
la Emancipación Nacional), uno de los grupos prehistóricos de Montoneros; ella en el Galimberti Party, aunque aquello
no era precisamente una fiesta.
“Pato” Bullrich viene amenazando con pasearse por varios festivales como el de Cosquín. Corre con ventaja, en esta etapa de su carrera para el 2023. Cuenta con otro primo que de grandes shows, de repertorio musical sabe y mucho: César “Banana” Pueyrredón. Esperemos que la produzca como se debe, para que este nuevo producto del show político musical, pueda acompañar a la multitud cuando entonen a coro: “Conociendote!!!!” Y eso que hay un país que ya la conoce bien. Más por su papel en aquellos días de la “Banelco” en el final de Fernando De La Rúa en el 2001 que por haberle permitido que la prima Fabi se desayune con la existencia de Spinetta.
La jefa del PRO, la ex ministra de Seguridad y de Trabajo en tiempos diversos, la ex militante de Montoneros y ex cuñada de Rodolfo “El Loco” Galimberti, fue artífice de una gesta heroica y por la cual la patria aún hoy la reconoció con distinción alguna.
Y fue, precisamente, el recordado “flaco” Spinetta el responsable de que al otro animador de estos carnavales, Alberto Fernández, se le adjudique uno de sus escasos aciertos en sus largos años trabajando en el Estado. Aquellos recitales que llegó organizar, como jefe de Gabinete en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno durante la década ganada. Escenario aquel de tanto despropósito institucional, de tanto palabrerío vano, de tanta actuación forzada, de tanto uniforme manchado de sangre, que ver al gran Spinetta armonizando “Barro tal vez”, después de tanto juramento falso que aún hoy sigue flotando en ese ambiente, supo a gloria. Y Eso se lo debemos a nuestro Beto, que no es precisamente el Capitán Beto de Spinetta —ese era el “Beto” Alonso, crack de excepción del River Plate de sus amores—. A no confundir. Este Beto, el de las cuarentenas interminables, los exabruptos indescriptibles, el especialista en meterse en problemas fruto de su “idiosincrasia marxista” (SIC), el que es capaz de ir a Tecnópolis a recoger algo de aquellas 45 mil almas que supo reunir un referente cultural como L-Gante (sin tener en cuenta que lo de él no es el Rap sino la RAPIña discursiva), es un guitarrista que arrancó tocando en Pubs, como lo reconoció el miércoles en el escenario, y terminó tocando en la Presidencia. Carrera meritoria si las hay.
Alberto Fernández, guitarrista de carrera meritoria. Click en la imagen.
Ya lo avisó el nieto ilustre del
peronismo, Santiago Cafiero, cuando dijo que “en el mundo se despertó un
interés en escuchar a Alberto Fernández” y el presidente se lo tomó en serio.
En el recital de Tecnópolis anunció la construcción de 100 escuelas técnicas. Loable iniciativa después que allá, a mediados de los 90, se las destruyera con ahínco. Desde el escenario confundió a un técnico electrónico con un electricista. Una minucia, un pequeño gag, al lado de lo que ya nos tiene acostumbrados. Amén de que la electrónica no sea su fuerte, hombre de leyes al fin, Beto se olvidó de explicar cuál sería la hipotética salida laboral para los que concurran a esas escuelas una vez terminadas.
...Eso también es “marxismo” pero del de Groucho, no del de Karl. Nuestro Beto, como el genial humorista, tiene unos principios pero si no llegan a ser del agrado del interlocutor, tiene otros…
No sabemos si lo recuerda o si
alguno de sus miembros de su equipo llegó a advertírselo, de que allá en el
pleistoceno del peronismo, las Escuelas de Artes y Oficios, al igual que las Técnicas,
estaban pensadas para abastecer de mano de obra a aquel país con industrias. En
cambio hoy la únicas “industrias” que se destacan son la de soja, el
envenenamiento de cocaína y la fabricación de pobres en serie. Tal vez, en sus
próximas presentaciones nos sorprenda con un plan de industrialización o algo por
el estilo.
¡No hay caso! Los argentinos somos carne de esperanza….
El presidente Alberto Fernández, en sus tiempos de jefe de Gabinete junto a Luis Alberto Spinetta. Click en la imagen
Hablábamos hace
algunos párrafos del “marxismo” de nuestro Beto. Y es precisamente ese el
atractivo al que, al parecer se refería el nieto canciller. Y es que Fernández
atrae a multitudes desde hace algunos años, cuando primero sospechaba y, hasta
acusaba, de los peores delitos a su jefa, la vicepresidenta Cristina Fernández,
a la que ahora la defiende con lo poco que tiene en los Tribunales. A Joe Biden
le pide la escupidera y al llegar a Moscú, no se da cuenta que el equipo de
prensa del Kremlin —está tan
bien adiestrado por su jefe— que le
dejaron cámaras y los micrófonos encendidos, justo cuando se estaba cagando, literalmente,
en Washington. Eso también es “marxismo” pero del de Groucho, no del de Karl.
Nuestro Beto, como el genial humorista, tiene unos principios pero si no llegan
a ser del agrado del interlocutor, tiene otros…
Milei, para el que hacer política es poco menos que una tómbola, no escucha ni a Manu Chao. Tampoco se escucha a si mismo. Grita. Blasfema. No es de extrañar que atraviese este carnaval disfrazado de Micky Vainilla.
Por ese lado
Biden y el FMI pueden estar tranquilo. El marxismo de Fernández no pasa de una
copia vil y de dudoso gusto de Groucho y de las acusaciones de “zurdo” que le
propina otro de los que animan este carnaval: Javier Milei, esta estrella
mediática en ascenso quien ya anduvo trajinando de kermese en kermese rifando
su salario de diputado y ahora viene pidiendo el debut en estadios de más
envergadura (¿Obras Sanitarias tal vez?), porque la Cámara de Diputados, dice
que le queda pequeña en su inconmensurable tarea de ponerle un poco de metal discursivo
del neofascismo al asunto.
Ya es hora de
que alguien salga a defender al presidente de tanto insulto barato que le
propina Milei. Tal vez Dylan, este en condiciones de hacerse entender y
convencer a este economista sin experiencia política que el presidente Beto,
con la izquierda sólo toma la guitarra pero que la toca siempre, con la
derecha. Y así desde sus orígenes en el Partido Nacionalista Constitucional de
Alberto Asseff. Pero como dijo nuestro
Rey (Momo no, el de la argentinidad) Perón: “…todos trabajan…”
En este particular no podemos
llegar a ilusionarnos. Milei, para el que hacer política es poco menos que una tómbola, no escucha ni a Manu Chao. Tampoco
se escucha a si mismo. Grita. Blasfema. No es de extrañar que atraviese este
carnaval disfrazado de Micky Vainilla.
Lo que sería un hallazgo en materia de marketing político. Siempre y cuando el
compañero, por partida doble, Pedro Saborido le libere los derechos de autor.
Entre tanto artista subiendo y bajando del escenario y de las encuestas, este trio es el llamado a encabezar las marquesinas de este carnaval. Y es Beto el que, en definitiva logrará tomar distancia de los otros. No se descarte que convoque como productor a Litto Nebbia, su profesor de guitarra, de prosapia peronista y a buena distancia de los Pueyrredón, los Luro y demás apellidos de rancio abolengo. Letras le sobran. Ahí está Ignacio Copani, más conocido como el Antonio Tormo del siglo XXI (por aquello del “cantor de las cosas nuestras”) siempre a disposición de la causa.
Javier Milei, a puro metal. Click en la imagen.
Por el lado de Micky, siguen en la
búsqueda. Ahora que festeja la contratación del Kun Agüero (un manera elegante
de ponerle paños fríos a su discurso, algunos trascendidos aseguran que está
pensando en convocar a Karina “La princesita” como invitada a uno de sus shows.
Una especie aún no confirmada.
Y como siempre en estas tierras, la única verdad es la realidad y la realidad nos indica que vamos recuperando los mejores tiempos del Carnaval. Con lo que hay, que a decir verdad no nos alcanza ni para una comparsa.

