CANADÁ: EL HORROSO PRAGMATISMO POSTCOLONIAL

EL HORROR QUE LLEGA DEL FRIO
Por José Vales
Como si se tratase de un grupo especial. De un cuerpo de elite al estilo Swat (Special Weapons And Tactics), o más de entrecasa una réplica de Los Simuladores, la recordada serie de Damián Szifrón, el argentinísimo Equipo de Antropología Forense (EAAF), debería comenzar a preparar nuevamente las maletas. Esta vez no serán las mujeres de Tijuana, ni las víctimas de la guerra civil en Etiopía, entre los muchos otros horrendos conflictos donde debieron prestar servicios. Ahora es en el primer mundo (in) civilizado. En Canadá, la meca para millones de tercermundistas en busca de un destino mejor. Allí, donde la herencia colonial enseñó que para integrar a las tribus originarias el pragmatismo también sabe dejarle lugar al horror.
Lo sucesivos gobiernos de este país, uno de los más importantes del Commonwealth y la siempre presente Iglesia Católica, son señaladas de haber permitido el exterminio de más de 6 mil niños aborígenes recluidos por la fuerza en el Sistema Escolar de Residencias Indígenas.
“Un doloroso recordatorio”, fue el calificativo que
utilizó el primer ministro, Justin Trudeau, cuando se descubrió la fosa común
con los restos de 215 niños de la comunidad aborigen Tk´emlups te Secwepemc en
el campus del Kamloops Indian Residential School en la Columbia Británica.
No es la primera vez que Trudeau se refiere
abiertamente al tema desde que llegó al poder en el 2015. Ya en 2017 le había
pedido al Papa Francisco, que la iglesia Católica debía pedir disculpas por lo
acaecido, pero el Santo Padre pareció decir “yo, argentino”. Y hasta lo pudo
haber musicalizado con aquel tema de “Los Tipitos”, “Silencio que no es
silencio….” Es culpa
Ahora sí el genocidio no es sólo sudamericano. El
hallazgo sumió en la tristeza a toda una sociedad, que en su gran mayoría no
había querido, sabido o no había podido escuchar las denuncias de las comunidades
originarias en ese país al norte de Estados Unidos.
Kamloops era el más grande de todo este sistema, que se conoció con el nombre de Sistema Escolar de Residencias Indígenas, inaugurado en 1890 por la administración católica, pero rodeada de toda la flema, aún colonial, que le habían imprimido los británicos, y en menor medida los franceses.
No es la primera vez que Trudeau se refiere abiertamente al tema desde que llegó al poder en el 2015. Ya en 2017 le había pedido al Papa Francisco, que la iglesia Católica debía pedir disculpas por lo acaecido, pero el Santo Padre pareció decir “yo, argentino”. Y hasta lo pudo haber musicalizado con aquel tema de “Los Tipitos”, “Silencio que no es silencio….” Es culpa
Ese internado llegó a contar con 500 estudiantes
durante la década del 50m hasta que el gobierno central tomó las riendas de la
institución en 1969, hasta que se cerró en 1978.
La Comisión Nacional para la Verdad y la Reconciliación lleva contabilizados la muerte en esa escuela de, por lo menos, 51 niños entre 1915 y 1963. Identificó además unos 3.200 decesos de internados, pero recordó que las escuelas no informaron las causas de las muertes en casi la mitad de los casos.

Los hallazgos de los restos se lograron gracias a un geo-radar en el campus escolar.
Hambre,
frío, malos cuidados, falta de presupuesto y violencia sexual y física, son las
constantes de los distintos informes que a través del tiempo fueron labrando
las autoridades y la comisión.
Boby Cameron, presidente de la Federación de Naciones Indígenas Soberanas, pidió encontrar todos los restos para que se les pueda dar
sepultura y así ayudar a
que las comunidades indígenas y las familias cierren un capítulo.
La Federación de Naciones Indígenas Soberanas y el gobierno de la provincia de Saskatchewan dijeron que quieren que Ottawa ayude a investigar las muertes y entierros no documentados en los internados de la provincia.
No son pocos los que reconocen la posición del primer ministro Liberal, pero después de los recientes hallazgos le exigen a Trudeau, menos palabras y más hechos. No sólo el reconocimiento de lo ocurrido por parte de los culpables, la Iglesia Católica y la clase política en su conjunto, sin acciones concretas. O sea, Justicia, ante este cúmulo de delitos de lesa humanidad, que a pesar del paso del tiempo, no prescribe. Repican en la memoria individual y colectiva hasta hallar el cauce de la reparación.

El primer ministro, Justin Trudeau. Se dijo avergonzado y promete seguir investigando