BRASIL- BOLSOFASCISMO

La insoportable levedad de ese ser
Por José Vales
A Jair Bolsonaro le queda tan grande Milan Kundera como cualquier
otro escritor en la faz de la tierra. Pero esto no es ficción y la literatura
que genera y generará su paso por el gobierno, estará a cargo de los
historiadores o del mismo presidente brasileño. Un hombre que ya harto de
intentar con pésimo nivel, la remake de
“El gran dictador”, podría intentar algo parecido a un plagio de Mein Kampf. Pero incluso, Adolf Hittler
tenía, según testigos y biógrafos, un considerable nivel intelectual. Algo de
lo que el mandatario brasileño carece.
El Covid-19 arrasa con el país-continente. Y el culto al odio
con el que Bolsonaro trata los asuntos de Estado, lo llevó directo a la calle
del empeachment. Fue el juez del Supremo Tribunal de Justicia (STJ), Luis
Roberto Barroso, le ordenara al Senado abrir una Comisión Parlamentaria de
Investigación (CPJ) para investigar la conducta del gobierno en la debacle
sanitaria que viene causando la pandemia.
Brasil llegó a la marca de 345.024 fallecidos desde marzo del
2020, según información oficial. Aun así, Bolsonaro se ríe del virus y desafía
a los que los califican de “genocida”, se aísla de su principal fuerza de apoyo,
las Fuerzas Armadas y intenta salvar el negocio de aquellos que los llevaron al
Palacio del Planalto (sede del Gobierno), la Iglesia Universal del Reino de
Dios y otros sellos evangelistas.
¿Un dato concreto de esa alianza? En abril de 2019, le entregó
un pasaporte diplomático al pastor Edir Macedo, líder de la Iglesia Universal.
Y ahí a la vista están los resultados.
Un país resquebrajado en su paz social, que no para de llorar
muertos y un gobierno que pareció desinflarse desde el mismo momento en que la
propia Justicia, determinó la mala praxis de Sergio Moro en el Lava Jato para devolverle
la libertad al ex presidente Luiz Inácio Lula Da Silva.
Bolsonaro se debate en su fanatismo de extrema derecha en una soledad abrumadora. Las alianzas se debilitan. Si hay una
prueba contundente de que algo cambió en la Casa Blanca, desde la llegada de Joe Biden, ella está en la política dispone para
Brasil. Ya no está el aliado Donald Trump para apañar los desatinos de Brasilia. Hasta los gobernadores están puenteando al
presidente para pedirle al Demócrata, que le habilite las vacunas que la religiosidad y la torpeza de mandatario, niegan.
¿Un dato concreto de esa alianza? En abril de 2019, le entregó un pasaporte diplomático al pastor Edir Macedo, líder de la Iglesia Universal. Y ahí a la vista están los resultados.
Solemos repetirlo una y mil veces. Los militares deben quedarse en los cuarteles y los evangelistas a sus misas. Pero Bolsonaro
insiste y la situación institucional en Brasil se tensa al extremo. De hecho, hoy el presidente acusó al Juez Barroso de “falta de
coraje moral” y de expresar “una impropia militancia política”. Si algo más le faltaba al presidente para vivir su peor momento
político, el presupuesto 2021
no tiene los recursos suficientes para enfrentar el Plan Safra. Lo mismo que
ocurrió en el 2015 y terminó con la entonces presidenta, Dilma Rousseff fuera
del gobierno.
Pero fue Bolsonaro y su séquito los que fueron construyendo, con
suma dedicación, este presente. Un
presente con tanto aroma a pasado, que hasta Fernando Henrique Cardoso
(1994-2002) tuvo que volver a la escena política. No habría que descartar que
él y Lula, vuelvan a posar juntos en una foto, como aliados, como allá en “los
viejos buenos tiempos” de las “Diretas Ja” (“Directas Ya”) contra la dictadura
militar.
Porque la capacidad de daño que ya demostró es capaz Bolsonaro, podría llevar al país a una situación nunca antes vista. Y ahí si Brasil necesitará que lo que queda en pie de su septuagenaria y octogenaria clase política, esté unida como nunca antes para salvar lo que quede el Bolsofascimo deje en pie.

Como en los viejos buenos tiempos contra la dictadura.