ANALISIS-COLOMBIA LA CALLE ARRINCONA AL URIBISMO

Protestas tienen al presidente Duque contra las cuerdas
Por José Vales
El uribismo y su adicción eterna a terminarlo
todo a los tiros, parece estar en los estertores. Las protestas contra la reforma
fiscal, terminó haciendo añicos el proyecto, con Alberto Carrasquilla, el ministro
de Hacienda, en la calle, y con el presidente, Iván Duque, en una soledad pocas
veces vista en los últimos años para un mandatario colombiano.
Hasta ayer, oficialmente se
contabilizaban 19 muertos y más de 800 detenidos. Fruto de la protesta social y
una represión feroz de las fuerzas de seguridad, azuzadas por el propio Sheriff, el ex presidente y actual titiritero
presidencial, Álvaro Uribe Vélez (2002-2010).
“Apoyemos el derecho de los
soldados y policías de utilizar sus armas para defender su integridad y para
defender a las personas y bienes de la acción criminal del terrorismo vandálico…”
Ese fue el Tuit con el que el ex presidente alentó a la policía para avanzar
con saña sobre la multitud. Ya sea en Bogotá y en Cali, donde el intercambio de
disparos de armas de fuego entre manifestantes y policías, el puso una
adicional cuota trágica a la protesta.
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Twitter, pidió al usuario, o sea a Uribe, que lo borre ya que su mensaje de encuadraba en “la glorificación a la violencia”. Una pena, porque de haberlo dejado un par de horas en la red, el genio bélico y paramilitar del ex presidente, hubiese recibido, seguramente, la adhesión de Jair Bolsonaro. Pero Uribe no está para asuntos diplomáticos. Su hombre en el Palacio de Nariño, Duque, no la está pasando muy bien.
La protesta callejera, donde aparece la mano de esa oposición de izquierda que se va cociendo lentamente desde hace años tras la figura de Gustavo Petro, forzó al presidente a quemar en la salamandra su ansiada reforma fiscal con la que pretendía paliar el endeudamiento y los efectos financieros de la pandemia, ampliando la masa de contribuyentes en los sectores medios y bajos. Esperaba recaudar con ella, más de 6,300 millones de dólares, que ahora no llegarán. Los mercados lo saben y el dólar ya comenzó su escalada. Ayer, cerró a 3.804 pesos la unidad, cuando al comienzo de la jornada estaba en 3.718. Postales argentinas. Como ya no hay tango ni Gardel, para hacerlo propio, el paisa más famoso del mundo después de Pablo Escobar, les trajo otro clásico de la cultura popular argentina: la devaluación.
Informe de la BCC. Ana María Roura
Entre las barricadas y los saqueos,
Duque se quedó sin ministro de Economía, y ahora los líderes de la protesta, ya
lo descubrieron con la guardia baja. Ahora emplazan a dejar de lado la reforma
de salud y hasta le acercan una lista de demandas que van desde los cupos en la
Universidad hasta cuestiones de género.
Los sectores populares ya le habían
tomado el pulso, estudiado, allá en mayo de 2019, cuando universitarios y
profesores tomaron las calles en reclamo, nada más y nada menos que, de
educación para todos. Justo cuando el uribismo perpetró el cambio en la
fiscalía general, para terminar favoreciendo a Uribe en una de las varias
causas que pesan sobre él.
Más acá en la era pandémica, en
septiembre último, otra protesta, por la muerte de un abogado a manos de la
policía, volvió a sacar a las multitudes a la calle. Ejercicios de precalentamiento
de los que fueron estos últimos días.
Los mercados lo saben y el dólar ya comenzó su escalada. Ayer, cerró a 3.804 pesos la unidad, cuando al comienzo de la jornada estaba en 3.718. Postales argentinas. Como ya no hay tango ni Gardel, para hacerlo propio, el paisa más famoso del mundo después de Pablo Escobar, les trajo otro clásico de la cultura popular argentina: la devaluación.
Es mañana (miércoles), cuando los
manifestantes vuelvan a ganar la calle, donde están dirigidas todas las
miradas. No faltan los que temen un sacudón institucional. En el caso de que
los diálogos políticos de las últimas horas no fluyan o, Duque y su jefe, quieran
terminarlo todo con un ajuste fiscal, en medio de una sociedad de mayorías cada
día más empobrecidas. Casi un sinónimo de querer terminarlo como al patrón, más
sabe y más le gusta: a plomazo limpio.
Para el analista John María
González, en los últimos años “asistimos a un mal manejo de los fondos
derivados de la bonanza minero energética, arrastrada desde el gobierno de
(Juan Manuel) Santos (2010-2018). Somos un país mucho más endeudado de lo que
estaba el Perú cuando se desató la crisis y sin el ahorro interno con el que
contaba Chile”.
Desde ahí se fue gestando un
malestar general que viene de arrastre pero que con la Pandemia se pergeño en
la “tormenta perfecta”, según González.

Álvaro Uribe y su delfín, el presidente Iván Duque. El primero azuza a la violencia. EL otro la sufre y paga las consecuencias.
Una temporal en un país que, aún
hoy, experimenta los resabios de décadas de violencia en todas sus
presentaciones. Con actores políticos que todavía no le rinden cuentas a la justicia
por la presunta violación a los derechos humanos, como es el caso que se conoce
como “los falsos positivos” (bajas de civiles inocentes haciéndolas pasar por
guerrilleros). Hechos que en otros países de la región, como Argentina, representan delitos de lesa humanidad. Denuncias sobre los que Uribe tendría
preguntas para responder, si así lo decidiera la Justicia.
“Una tormenta, la económico-social,
que una presidente inseguro, ingenuo,
que viene arrastrando un desgaste desde el comienzo de su gestión, debe luchar
con una ciudadanía molesta y con políticos de izquierda y sindicatos vetustos intentando
pescar en río revuelto”, acota González.
Tempestades que si bien no son
exclusivas de Colombia, sino de la región en su conjunto, parecen reservar un
capítulo singular para esta versión paisa del caudillismo latinoamericano, que atraviesa
su peor momento.
