Martes, 4 de Mayo del 2021

ANALISIS-COLOMBIA LA CALLE ARRINCONA AL URIBISMO


Protestas tienen al presidente Duque contra las cuerdas


Por José Vales


El uribismo y su adicción eterna a terminarlo todo a los tiros, parece estar en los estertores. Las protestas contra la reforma fiscal, terminó haciendo añicos el proyecto, con Alberto Carrasquilla, el ministro de Hacienda, en la calle, y con el presidente, Iván Duque, en una soledad pocas veces vista en los últimos años para un mandatario colombiano.


Hasta ayer, oficialmente se contabilizaban 19 muertos y más de 800 detenidos. Fruto de la protesta social y una represión feroz de las fuerzas de seguridad, azuzadas por el propio Sheriff, el ex presidente y actual titiritero presidencial, Álvaro Uribe Vélez (2002-2010).


“Apoyemos el derecho de los soldados y policías de utilizar sus armas para defender su integridad y para defender a las personas y bienes de la acción criminal del terrorismo vandálico…” Ese fue el Tuit con el que el ex presidente alentó a la policía para avanzar con saña sobre la multitud. Ya sea en Bogotá y en Cali, donde el intercambio de disparos de armas de fuego entre manifestantes y policías, el puso una adicional cuota trágica a la protesta.


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Twitter, pidió al usuario, o sea a Uribe, que lo borre ya que su mensaje de encuadraba en “la glorificación a la violencia”.  Una pena, porque de haberlo dejado un par de horas en la red, el genio bélico y paramilitar del ex presidente, hubiese recibido, seguramente, la adhesión de Jair Bolsonaro. Pero Uribe no está para asuntos diplomáticos. Su hombre en el Palacio de Nariño, Duque, no la está pasando muy bien.


La protesta callejera, donde aparece la mano de esa oposición de izquierda que se va cociendo lentamente desde hace años tras la figura de Gustavo Petro, forzó al presidente a quemar en la salamandra  su ansiada reforma fiscal con la que pretendía paliar el endeudamiento y los efectos financieros de la pandemia, ampliando la masa de contribuyentes en los sectores medios y bajos. Esperaba recaudar con ella, más de 6,300 millones de dólares, que ahora no llegarán. Los mercados lo saben y el dólar ya comenzó su escalada. Ayer, cerró a 3.804 pesos la unidad, cuando al comienzo de la jornada estaba en 3.718. Postales argentinas. Como ya no hay tango ni Gardel, para hacerlo propio, el paisa más famoso del mundo después de Pablo Escobar, les trajo otro clásico de la cultura popular argentina: la devaluación.


Informe de la BCC. Ana María Roura


Entre las barricadas y los saqueos, Duque se quedó sin ministro de Economía, y ahora los líderes de la protesta, ya lo descubrieron con la guardia baja. Ahora emplazan a dejar de lado la reforma de salud y hasta le acercan una lista de demandas que van desde los cupos en la Universidad hasta cuestiones de género.


Los sectores populares ya le habían tomado el pulso, estudiado, allá en mayo de 2019, cuando universitarios y profesores tomaron las calles en reclamo, nada más y nada menos que, de educación para todos. Justo cuando el uribismo perpetró el cambio en la fiscalía general, para terminar favoreciendo a Uribe en una de las varias causas que pesan sobre él.


Más acá en la era pandémica, en septiembre último, otra protesta, por la muerte de un abogado a manos de la policía, volvió a sacar a las multitudes a la calle. Ejercicios de precalentamiento de los que fueron estos últimos días.



Los mercados lo saben y el dólar ya comenzó su escalada. Ayer, cerró a 3.804 pesos la unidad, cuando al comienzo de la jornada estaba en 3.718. Postales argentinas. Como ya no hay tango ni Gardel, para hacerlo propio, el paisa más famoso del mundo después de Pablo Escobar, les trajo otro clásico de la cultura popular argentina: la devaluación.




Es mañana (miércoles), cuando los manifestantes vuelvan a ganar la calle, donde están dirigidas todas las miradas. No faltan los que temen un sacudón institucional. En el caso de que los diálogos políticos de las últimas horas no fluyan o, Duque y su jefe, quieran terminarlo todo con un ajuste fiscal, en medio de una sociedad de mayorías cada día más empobrecidas. Casi un sinónimo de querer terminarlo como al patrón, más sabe y más le gusta: a plomazo limpio.


Para el analista John María González, en los últimos años “asistimos a un mal manejo de los fondos derivados de la bonanza minero energética, arrastrada desde el gobierno de (Juan Manuel) Santos (2010-2018). Somos un país mucho más endeudado de lo que estaba el Perú cuando se desató la crisis y sin el ahorro interno con el que contaba Chile”.


Desde ahí se fue gestando un malestar general que viene de arrastre pero que con la Pandemia se pergeño en la “tormenta perfecta”, según González.


Álvaro Uribe y su delfín, el presidente Iván Duque. El primero azuza a la violencia. EL otro la sufre y paga las consecuencias.


Una temporal en un país que, aún hoy, experimenta los resabios de décadas de violencia en todas sus presentaciones. Con actores políticos que todavía no le rinden cuentas a la justicia por la presunta violación a los derechos humanos, como es el caso que se conoce como “los falsos positivos” (bajas de civiles inocentes haciéndolas pasar por guerrilleros). Hechos que en otros países de la región, como Argentina, representan delitos de lesa humanidad. Denuncias sobre los que Uribe tendría preguntas para responder, si así lo decidiera la Justicia.


“Una tormenta, la económico-social,  que una presidente inseguro, ingenuo, que viene arrastrando un desgaste desde el comienzo de su gestión, debe luchar con una ciudadanía molesta y con políticos de izquierda y sindicatos vetustos intentando pescar en río revuelto”, acota González.


Tempestades que si bien no son exclusivas de Colombia, sino de la región en su conjunto, parecen reservar un capítulo singular para esta versión paisa del caudillismo latinoamericano, que atraviesa su peor momento.