Ahí donde nos ven... vamos peronizando el mundo

Ahí donde nos ves… vamos peronizando el mundo
Pocos
habían reparado en el asunto aquel 13 de marzo de 2013. Jorge Bergoglio, un
militante peronista devenido en arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de
la Argentina, entraba en la historia: el cónclave lo había ungido como el
primer papa sudamericano (“Perdónalos, señor, no sabían lo que hacían”). Los
miembros de la Iglesia católica decidieron tomarnos en serio y así colocaron,
nada más y nada menos, que a un peronista en el trono de San Pedro. Ni el
propio Perón hubiera imaginado algo semejante.
Sin
duda, aquel fue el primer paso, aunque los más de nosotros, que todo lo
celebramos o los sufrimos como una final del mundial de fútbol más arreglada
que una escenografía, no logramos discernir los rasgos de la estrategia
geopolítica que habíamos puesto a andar casi sin darnos cuenta; diríamos que
sin quererlo desde nuestro lugar, aquí en el culo del mundo. Eso sí, repetimos
nuestra máxima: “Somo lo más grande, somo…”.
Aquel fue el hito principal de nuestro intento inconsciente por peronizar el mundo. Tarea a la que nos dimos ya hace varias décadas, con logros relativos, cuando no escasos. Inundar Miami de connacionales para disputarles la calle 8 a los cubanos o hacer de Barcelona la provincia número 24 de la patria no venían dando los resultados esperados. Se necesitaba reforzar el proyecto, mejorar la estrategia, aumentar la dosis de frustración para incrementar los niveles de autoexilio. No era solo cuestión de introducir la milanesa a la napolitana entre la escalivada y el “pan amb tumaquet", ni reemplazar el choripán por el hot dog o ir con el mate hasta el instante mismo del coito, cuando no, repartir estampitas de Messi por doquier o traducir al catalán el hit "Muchachos". Había que ser capaces de fundamentarlo intelectualmente y para ello las expresiones culturales suelen ser un arma infalible.
Basta con recordar lo que hizo Hollywood para afianzar la influencia global del imperio o el rock que, si bien no nos llegó a transculturizar nos llevó a cantar a coro y en inglés con Fred Mercury en el mismo momento que "los pibes de Malvinas" caían bajo las balas británicas y padecíamos la hijoputez de unos esbirros cuarteleros, cuyo único deporte era matar y frecuentar a Moria Casan (peronista si las hay) y a varias de sus colegas de la época.
De
lo que no quedan dudas es de que aquellos “compañeros” autoexiliados lo dieron
todo por la causa. Merecen todo nuestro reconocimiento. Ellos fueron la semilla
de este presente tan promisorio en nuestro proyecto conquistador. Lo de
Bergoglio fue, si se quiere, el primer gran logro internacional en tanto
movimiento político. Ni el marxismo, ni el maoísmo, y mucho menos el fascismo,
habían logrado lo que el peronismo: hacer que uno de sus militantes de base
llegase más lejos y a cargos de más trascendencia que su propio líder fundador.
Eso es otro rasgo distintivo de la movilidad social ascendente.
A
partir de allí, con uno de los estamentos más poderosos de la historia de la
humanidad en manos de uno de los nuestros, solo nos quedaba seguir avanzando.
Nada iría a detenernos y mucho menos ahora, que hay campo yermo para seguir
cultivando.
Ni
siquiera el minué geopolítico que vienen bailando gringos y los “que son todos
iguales” (ergo, los chinos). Ni Vladímir Putin, que desoyó nuestra oferta de
abrirle las puertas en América, esgrimida por Alberto Fernández, después de una
de sus tantas noches de desenfreno en la quinta presidencial, ni Benjamín
Netanyahu, que ya dio muestras de haberse aprendido el primer mandamiento
peronista: hacerse el boludo.
Bibi lo aplicó con un
éxito abrumador aquel sábado 7 de octubre pasado, cuando dejó venir a los de
Hamás a pesar de la información fidedigna con la que contaba su gobierno sobre
el inminente ataque.
¿O
acaso no recuerdan cuando la Jefa, o la Kris para los íntimos, o su capataz en la
presidencia, Fernández (que en otro milagro peronista llegó a ser la primera “guitarra”
de la Patria) se comparaban con Alemania, Suecia, el País Vasco, o minimizaba a
la Universidad de La Matanza (aparato digestivo del peronismo), con Harvard?
La
variable Lemoine
Así es que fuimos, lentamente pero sin pausa, internacionalizando el peronismo. Con los años Bergoglio pudo sumar algunos cuadros del movimiento a su equipo en el Vaticano y hasta había llegado a pensar en los más jóvenes de la agrupación “los caniches de Perón” (resultado directo de que desde los tiempos del general un perro y un brujo —o una tarotista— no se le niega a nadie ningún presidente) para sumarlos como integrantes de la Guardia Suiza, pero esos pibes de lanzas y de rifles no entienden un carajo. Solo son capaces de manipular el i-Phone.
No obstante, el Santo Padre se fue sintiendo tan a gusto contemplando a la Piazza de San Pietro diario que evita, a cualquier precio, volver como otrora a mirar de cerca la Plaza de Mayo. En Roma se siente come en casa. Y como "para un peronista no hay nada mejor que otro peronista" se ocupa de cerca de que la viuda del general esté cuidada en Madrid y a buen recaudo del partido, ¡Uy", perdón... de la Iglesia.

Soldado de Cristo y de Perón
Pero
que esto no se preste a confusión. Así como Bergoglio es peronista confeso,
también es argentino. Toda una redundancia. Y es que todo argentino es un
peronista en esencia, el problema es que algunos todavía no se dieron cuenta y
otros fingen que no lo son. Para muestra ahí está la definición que la diputada
Lilia Lemoine (de San Martín, para el mundo…), brindó sobre su jefe político,
el presidente Javier Milei.
Esta
maquilladora de profesión declaró hace algunos días, con gran acierto, que “el
peronismo fue Juan Perón, fue Menem y ahora es Milei…”
Ya lo había dicho el general, “los hay de derecha, los hay de izquierda, los hay democristianos (y ahora también cosplayer y libertarios), pero todos trabajan…”, incluso “la compañera” Lemoine que admite ante sus colegas no haber leído la Constitución, mediante la cual debe legislar. Casi como si un técnico en heladeras ignorara cómo funciona el motor.
Mujer
de una lealtad conmovible a la causa, la
blonda legisladora esperaba que alguien saliera a desmentirla, pero no. Para su
sorpresa nadie se atrevió. Mucho menos al observar que el “René Lavand de la
política nacional y popular”, Daniel Scioli, defiende al presidente Milei con
el mismo ímpetu que antes defendió a Alberto Fernández o a los Kirchner. Mucho
menos cuando asisten perplejos al mentor de Lemoine, el propio jefe del Estado,
gritándole a todo el país “¡Viva, Ariel Lijo, carajo!", para regocijo de
la Kris, de Massa y de todos los peronistas de bien y de mal.
Es
por ello que muchos de los integrantes del Movimiento se niegan a admitir la
realidad: Milei es uno de los nuestros, tal como lo afirma Lemoine. Solo basta
observar cómo funcionan en tándem con la Kris, para terminar de darse cuenta de que todo, en estas pampas, empieza y termina en el peronismo.
Hacia
una internacional del peronismo
Por
en cuanto, eso acaece en el frente interno. En el externo, las cosas fueron y
son más trabajosas, más arduas, pero también más gratificantes. Venimos
peronizando el mundo a buen ritmo. En Colombia, logramos ya que Gustavo Petro
llegara a la presidencia y no es un dato menor, a pesar de los yerros
interpretativos de “la primera peluca de la Patria” que demostró que en él
permearon los conceptos básicos y los fervores de las luchas internas en el
movimiento allá por la década de 70, al acusar
a su par colombiano de “comunista” (casi un calco de la valoración que
José López Rega tenía de Luis Brandoni por aquellos años de plomo). Esas son
las consecuencias de no haber asistido a “los cursos de doctrina y conducción”
de Julián Licastro, fundador del Comando Tecnológico Peronista. De haber tenido
aquella posibilidad, no solo hubiese discutido con Licastro —tan militar como
el padre de la vicepresidenta, Victoria Villarruel— si se trata de Peronismo o
de Populismo (otro de los grandes temas que preocupaban al autor), hasta llegar
a la conclusión que “Segual…”, sino que hubiese logrado discernir sobre las
variables en las que se encuadran los peronistas antes de disparar la lengua. Y
es que Petro es eso: lo más cercano a un peronista con el que pudimos dar en
Colombia.
El hombre fue guerrillero, sí, pero del Movimiento 19 de Abril (M-19 o, simplemente, el Eme para los amigos) y surgió al calor del general (no coronel) Gustavo Rojas Pinilla, quien había gobernado el país entre 1953 y 1957, tras encabezar un golpe de Estado. Eso sí, contra los godos (conservadores) de Laureano Gómez.

Presidente, Gustavo Petro
Ese
militar se caracterizó por la infraestructura. No había allí necesidad de
construir un estadio como el de Racing, ni policlínico como el de la Fundación
Eva Perón, en San Martín, pero sí un hospital militar y un aeropuerto (El
Dorado), entre otras muchas obras por aquellos años, tanto en “Peronia” como en “Locombia”. El general Rojas Pinilla
era un nacionalista, como el Pocho, y había nacido en Tunja, casi un símil de
Lobos pero en la cordillera boyacence. A diferencia del argentino que le tiraba
la filosofía, imitar de a ratos a Alberto Sordi y las motos, al colombiano le
fascinaba la ingeniería, carrera que había cursado vestido de paisano.
Por
eso calificar a Petro de “comunista”, como lo hizo Milei, puede ser un insulto
porque no lo es ni nunca lo fue. O bien un elogio desmedido, porque nunca dio
muestras de haber leído a Karl Marx.
No obstante, seguimos haciendo camino. No solo porque el expresidente
(2004-2009) Martín Torrijos (apellido peronista desde los tiempos del exilio de
nuestro líder, que tuvo a su padre, el general Omar Torrijos, como su
asistente) tiene posibilidades de volver a la presidencia en Panamá, sino
porque el ideario, y el modus operandi sigue sumando voluntades por todo el mundo, con
epicentro en la madre patria.
Nunca es tarde para la revancha
Cada vez más suele atribuírsele la honda peronizadora a
esa legión de argentinos que inundó Barcelona con el debut del siglo. No es
cuestión de quitarle méritos, ni mucho menos a ese colectivo migratorio, pero
la cosa tiene raíces más profundas. Es sabido, como lo sentenció Alberto
Fernández en su momento, que “los argentinos venimos de los barcos que venían
de ´Europa´”, principalmente de Nápoles y de España. No en vano, el Reino de
Nápoles perteneció a la Corona española entre 1504 y 1713. Ahí radica la clave
para entender por qué somos como somos y, tal vez, para detectar el origen de
nuestro apego al desorden, la corrupción y el cinismo.
Son varios siglos de flujo migratorio, océano de por
medio. Cientos de miles de españoles exiliados en Argentina, y otro tanto de
gauchitos en la Península Ibérica. Tiempo suficiente para arruinar verdaderas
instituciones culinarias como la tortilla de patatas o las paellas o para no
aprender, ni por todo el oro del reino, a tomar mate. Ellos nos mandaban a
Rafael Alberti y a Margarita Xirgu o a Alberto Closas, nosotros retribuíamos el
gesto con Analía Gadé, con Los Tíos Queridos y con una legión de futbolistas,
encabezados por Alfredo Di Stéfano. El franquismo corrió a tiros a Castelao
hasta Buenos Aires, nosotros le pagábamos dejando ir, no sin indiferencia, a Luis
Aguilé par que conviva entre los íberos; de Madrid se fugó Ramón Gómez de la
Serna, pasando por Montevideo para recalar en nuestra capital y de Buenos
Aires, huyó, haciendo varias escalas --y sin dejar de visitar a dictador
alguno--, en Paraguay, Panamá, Nicaragua, Venezuela y República Dominicana,
para recalar en Puerta de Hierro, el líder del Movimiento, “el padre de la
patria”.
Así nos fuimos mimetizando, unos y otros. Nosotros,
fieles cultores de la pelotudez discursiva, hasta nos llegamos a creer que
podríamos plagiar el Pacto de la Moncloa. Aunque eso sí, a la hora de peronizar
fuimos infalibles y “los Gallegos” ni cuenta se dieron. Recién se vinieron a
enterar ahora que a Pedro Sánchez se la agotó la inventiva y debió tomar
prestadas herramientas y otros utensilios recursivos del desván del
kirchnerismo para cobrarse, en parte, el plagio en el que las huestes
pingüinas habían incurrido con los decretos de la administración Sánchez para
ordenar el encierro durante la pandemia. “Joder, que estos peronistas han
copiado hasta las comas…” podían oírse, por entonces, las quejas en los
despachos de la Moncloa.
Hasta llegar allí hubo toda una ardua tarea de
penetración cultural, que aunque muchos no lo crean, el desembarco de Andrés
Calamaro había sido ya uno de los primeros intentos. Pero aquella experiencia
no resultó. Fue como un misil que no dio en el blanco. “El Salmón” devino
taurino, incorporó el “joder” y “el “tú” a su ya rico vocabulario, y se
transformó en un filoso crítico de nuestra idiosincrasia argenta. Después sí,
todo fue más efectivo. La plantamos a la primera “Mata Hari” de una legión que
supimos colocar estratégicamente para que la pócima grasienta que compone nuestro
ser nacional y popular (al decir de Evita) vaya calando en la sociedad. Nathy
Peluso, quien apoyada en el boom de las redes sociales, fue clave para que los
españoles fueran decodificando al peronismo.


Nathy Peluso y Lali Espósito. Al servicio de la causa.
A ese escuadrón pertenecen también María Becerra y Lali Espósito, devenida en “la Violeta Parra, ´new generation ´” por obra y gracia de Milei y por un esfuerzo imaginativo del kirchnerismo residual. Ellas hicieron una grandísima labor que sabremos recompensar, en su debido momento.
Lo demás fue obra del brazo político y empresaria, financiado por nuestros aliados ocasionales, en cada sector. Fueron tantos los viajes de Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y otros miembros de Podemos a Argentina y a otros países de la región (con el aporte financiero del chavismo, huelga reconocerlo) que los muchachos hasta aprendieron los slóganes principales: "Donde hay una necesidad nace un derecho", "mejor que hacer es decir y mejor que realizar es prometer..." (aquí sí, que no podemos asegurar si se le mezclaron los tantos, si les costó entender el castellano rioplatense, o si la construcción del slogan vino cambiada de fábrica).
Por otro lado, y más allá en
el tiempo, había sido tal el desfile de empresas españolas por aquí abajo,
comprando por monedas empresas públicas y no tan públicas en aquellos años 90,
esa que “la peluca mayor de la Nación” elogia y pone de ejemplo como una época
dorada y a su gestor, Carlos Menem, como “el mejor presidente de la historia”,
que ya sea la familia Botín (Santander), los Pérez (ACS), los Brufau (REPSOL),
o bien las principales espadas de Telefónica o de Iberia, están más que
entrenados para brindar cursillos de peronismo urgente.
Eso sí, nada es gratis. La venganza promete ser terrible.
Aquel expolio debe ser saldado, tal como lo aseguran los argentinos/peronistas
de bien y más memoriosos. Ahora parce haber llegado la hora. No porque lo propalen
la Isabel Díaz Ayuso, desde su púlpito presidencial madrileño, o Cayetana
Álvarez de Toledo, parienta “del mejor Peralta Ramos del Mundo”, Federico. No.
Si no porque el sutil papel de la doctrina envuelve y simula un regalo a modo
de represalia.
La prueba más fidedigna la viene de dar el propio
Sánchez que se vio obligado a beber de la fuente interpretativa de la Kris,
cuando intentó la parodia de la renuncia y su posterior arrepentimiento. Una
suerte de “renunciamiento histórico” pero sin Evas y —mucho menos— sin Adanes. Sabido es que la
historia, primero, se representa como tragedia, y la del 52 la fue a su manera,
y después como una comedia de baja estofa que ni Torrente, y tampoco Santiago Segura, podrán enmendar.
La señal más contundente en ese sentido la dio el presidente de Gobierno después de varios intentos por
disimular su adscripción a la práctica tradicional del peronismo. Fue cuando decidió avanzar con la amnistía tras haber jurado y perjurado lo
contrario (cualquier intento de comparación con los indultos de Menem obedecen
a la mera tentación), a Sánchez le llegó la hora de jugar al kirchnerismo
(etapa aniquiladora del peronismo) explícito, guiado por sus asesores de imagen
que no son otros que los que llevaron a Sergio Massa a la derrota.
Esos muchachos parecen haberle vendido al presidente de
gobierno “su conocimiento” sobre el personaje a erigir en líder de una
oposición que sea lo suficientemente funcional a la actual coyuntura. Aquí sí,
cualquier semejanza con Néstor Kirchner, eligiendo a Clarín de oposición cuando
carecía de ella, no es pura coincidencia.

Pedro Sánchez y su opositor preferido, Javier Milei. Peronismo en todas sus formas.
Estrategia, esa, que figura en el capítulo MCMX de
“Peronismo para Dummies”.
Porque, amén de lo que diga el argento-catalá, Josep
Borrell, allá en Bruselas, la puesta en escena de semejante riña, digna de la
familia Pantoja en las tardes de la Sexta, la inició el ministro de Transporte,
Óscar Puente, cuando calificó al presidente argentino de poco menos que
drogadicto.
Sabido es que la diplomacia no se lleva bien en el
peronismo. Por esa animadversión y por cierta ignorancia, el gobierno argentino
no reaccionó llamando “a consultas” a su embajador en su momento, como sí lo
hizo, España, ahora.
Es tan obvio que hasta “la peluca presidencial” optó por
la misma receta. Carajearse con cuanto Sánchez se le cruce para tratar de
referenciar una oposición de la que carece, seguir erigiendo su imagen
fronteras afuera de la patria, tratar de elevar las emociones de los suyos,
porque de eso se trata en la actualidad la acción política, de despertar la
vena emocional de propios y extraños y no ya de contagiar con la ideológica. Y,
al igual que Sánchez, ganar tiempo cuando no hay mucho para ofrecer.
De paso Milei sigue en su cruzada individual por terminar de darle al mundo las pistas, la información necesaria para que nos entiendan. Para que todos sepan en lo que nos hemos convertido y lo que le podemos aportar a la humanidad. Ya no nos reconocen por la erudición de Jorge Luis Borges o la genialidad de Astor Piazzolla; ahora somos eso que Damas Gratis y Karina, (quienes desplegarán su arte en España en las próximas semanas), le dejarán saber, al que quiera oír lo que somos.
Solo nos faltaba una referencia fuerte entre los pastores
electrónicos del ultraliberalismo y ya lo tenemos. Enfundado en el traje de un
rock-star, va por el mundo rapeando las teorías de Murray Rothbard y Gary
Becker y fusionándolos con la versión en autotune
de nuestra querida Marcha.
Así es como la semilla planteada hace ya décadas, comenzó a dar los frutos esperados. Dignos de los tiempos que corren donde las nuevas tecnologías también necesitan nuevas formas de conquistas y de revanchas históricas. Y nuestra mejor arma, mucho más efectiva que los drones o las nucleares, ya fue lanzada: el peronismo.
Cultores del verticalismo como "Dios" (el General) manda, seguimos el consejo de uno de los
mejores entre nosotros, Leonardo Favio. Figura insigne de la cultura popular
que batalló para que el país “exporte al mundo lo que más y mejor producimos:
mermelada de boludos…” Y por lo visto en España como en otras latitudes, esa
jalea viene dando indicios que se llegará a consumir más que el mate.
Porque, amén de lo que diga el argento-catalá, Josep Borrell, allá en Bruselas, la puesta en escena de semejante riña, digna de la familia Pantoja en las tardes de la Sexta, la inició el ministro de Transporte, Óscar Puente, cuando le calificó al presidente argentino de poco menos que drogadicto.
Sabido es que la diplomacia no se lleva bien en el peronismo. Por esa animadversión y por cierta ignorancia, el gobierno argentino no reacción llamando “a consultas” a su embajador en su momento como sí lo hizo, España, ahora.
Es tan obvio que hasta “la peluca presidencial” optó por la misma receta. Carajearse con cuanto Sánchez se le cruce para tratar de referenciar una oposición de la que carece, seguir erigiendo su imagen fronteras afuera de la patria, tratar de elevar las emociones de los suyos, porque de eso se trata en la actualidad la acción política, de despertar la vena emocional de propios y extraños y no ya de contagiar con la ideológica. Y, al igual que Sánchez, ganar tiempo cuando no hay mucho para ofrecer.
De paso, Milei, sigue en su cruzada individual por terminar de darle al mundo las pistas, la información necesaria para que nos entiendan. Para que todos sepan en lo que nos hemos convertido y lo que le podemos aportar a la humanidad. Ya no nos reconocen por la erudición de Jorge Luis Borges o la genialidad de Astor Piazzolla; ahora somos eso que Damas Gratis y Karina, (quienes desplegaran su arte en España en las próximas semanas), le harán saber, al que quiera oír, lo que somos.
Solo nos faltaba una referencia fuerte entre los pastores electrónicos del ultraliberalismo y ya lo tenemos. Enfundado en el traje de un rock-star, va por el mundo rapeando las teorías de Murray Rothbard y Gary Becker y fusionándolos con la versión en autotune de nuestra querida Marcha.
Así es como la semilla planteada hace ya décadas, comenzó a dar los frutos esperados. Dignos de los tiempos que corren donde las nuevas tecnologías también necesitan nuevas formas de conquistas y de revanchas históricas. Y nuestra mejor arma, mucho más efectiva que los drones o las nucleares, ya fue lanzada: el peronismo.
Peronistas al fin, seguimos el consejo de uno de los mejores entre nosotros, Leonardo Favio. Figura insigne de la cultura popular que batalló para que el país “exporte al mundo lo que más y mejor producimos: mermelada de boludos…” Y por lo visto en España como en otras latitudes, esa jalea viene dando indicios que se llegará a consumir más que el mate.✔